Marius Borg acudirá al funeral del rey Harald con tobillera: la corona, en el ojo del huracán

El hijo de Mette-Marit, condenado a cuatro años por delitos de violación y maltrato, tiene permiso policial para acudir a la capilla ardiente y al funeral del 9 de septiembre. La casa real noruega intenta contener una crisis de imagen mientras las ofrendas se acumulan a las puert

Marius Borg, el hijo mayor de Mette-Marit, ha acudido a la capilla ardiente del rey Harald con una tobillera electrónica.

Salseo-O-Meter

Nivel de salseo: 8/10. Un funeral de Estado con la familia real en pleno y, en la comitiva, un condenado con tobillera electrónica. La imagen ya da la vuelta al mundo y en Noruega el debate no va de flores: va de institución.

Qué ha pasado exactamente en la capilla ardiente

Este lunes, 31 de agosto, el féretro del rey Harald fue trasladado desde el Salón Rojo del Palacio Real de Oslo hasta la Capilla del Palacio, en una procesión por los salones principales, según publica el diario noruego Verdens Gang.

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La imagen que ha desatado el escándalo la ha protagonizado Marius Borg Høiby. El hijo de Mette-Marit llegó con una tobillera electrónica visible en el pie y se incorporó al grupo que portaba el ataúd, junto al rey Haakon, la princesa heredera Ingrid Alexandra, el príncipe Sverre Magnus y la princesa Marta Luisa con sus tres hijas.

Un detalle que no es casual: Marius necesita un permiso policial especial para estar ahí. La policía le autoriza acudir al funeral del 9 de septiembre, igual que a la capilla ardiente, y el joven de 29 años lo hace bajo vigilancia electrónica.

Conviene recordar de dónde viene la polémica. Marius cumple una condena de cuatro años de prisión impuesta por el Tribunal de Distrito de Oslo por delitos de violación y violencia doméstica contra sus exparejas, y solo hace unos días visitó al rey Harald en el hospital bajo custodia.

El funeral de un rey se ha convertido en la foto más incómoda de la monarquía noruega en una década.

Por qué la corona noruega está en el ojo del huracán

Después del oficio religioso, los reyes Haakon y Mette-Marit salieron junto a la reina Sonia, y la princesa Marta Luisa, con una rosa en la mano, para acercarse al mar de ofrendas florales que los ciudadanos han ido dejando a las puertas del palacio.

La mayoría de las crónicas noruegas coincide en que la presencia de Marius ha reabierto un debate que ya estaba al rojo vivo. No es solo la tobillera: es lo que significa para una casa real que intenta blindar su imagen después de meses de escándalos.

Hace solo unos días, el hijo mayor de Mette-Marit acudió al hospital bajo custodia para visitar al monarca, que ya se encontraba ingresado. La escena, fotografiada por varios medios, ya anticipaba este momento: un miembro de la familia real noruega en el funeral con el estigma de una condena firme.

¿Puede una institución sobrevivir a una imagen así? Es la pregunta que se repite en los corrillos monárquicos, y la respuesta, de momento, no está en Oslo.

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Lo que este funeral dice de la monarquía noruega

No es la primera vez que una casa real europea se enfrenta al dilema de qué hacer con un familiar condenado. El precedente más cercano fue el príncipe Andrés en Reino Unido, apartado de los actos públicos por su vínculo con el caso Jeffrey Epstein, aunque aquí la diferencia es más brutal: Marius no es un príncipe, sino el hijo de la princesa heredera, y su periplo judicial incluye delitos de violencia machista.

La monarquía noruega siempre ha presumido de su cercanía y de una imagen más moderna que otras cortes europeas. Esta foto con tobillera rompe ese relato en seco y obliga a la institución a explicar por qué un condenado forma parte de la comitiva fúnebre. El argumento legal es claro: la policía se lo ha permitido. El argumento social, no tanto.

El funeral del rey Harald, previsto para el 9 de septiembre, será el termómetro definitivo. Ya no se trata solo del duelo, sino de la credibilidad de una institución que arrastra una crisis de imagen desde que estalló el caso de Marius. Habrá que mirar las portadas noruegas esa mañana. Si la tobillera vuelve a aparecer en primer plano, la corona habrá perdido mucho más que a un rey.

El chisme en 3 claves (TL;DR)

  • 👀 ¿Quiénes son los protagonistas? Marius Borg Høiby, el hijo mayor de Mette-Marit, condenado a cuatro años de prisión por violación y maltrato, y la casa real noruega.
  • 🔥 ¿Cuál es el drama? El joven ha acudido a la capilla ardiente del rey Harald con una tobillera electrónica y acudirá al funeral con permiso policial.
  • 📲 ¿Por qué todo internet habla de esto? Porque la imagen más incómoda de la monarquía noruega mezcla duelo, escándalo y una crisis institucional sin precedentes.