Si buscas comer con menos sal, este nuevo sabor kokumi potencia el gusto sin añadir grasa

La ciencia ha identificado unos péptidos capaces de dar cuerpo y persistencia a los alimentos sin depender de la sal ni de la grasa. Así es el kokumi, el hallazgo que promete cambiar cómo cocinamos en casa.

El kokumi no es un sabor nuevo, pero sí una explicación nueva de por qué algunos platos nos saben "completos" y otros se quedan cortos. Si últimamente intentas reducir la sal en tus comidas y notas que todo sabe más soso, esto te interesa: la ciencia ha identificado un grupo de compuestos capaces de dar cuerpo y persistencia al sabor sin necesidad de echar mano de la sal ni de la grasa.

La noticia llega en un momento oportuno. Cada vez más marcas y cocinas domésticas buscan reformular sus recetas para cuidar la salud cardiovascular, y el gran problema siempre ha sido el mismo: quitar sal suele significar quitar sabor. El kokumi podría ser la pieza que faltaba para romper esa ecuación.

Qué es exactamente el kokumi

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El término viene del japonés y se traduce aproximadamente como "sabor rico" o "con cuerpo". A diferencia del dulce, el salado o el ácido, el kokumi no tiene una cualidad gustativa propia: no sabe a nada por sí mismo. Su función es distinta, actúa como amplificador de la experiencia global de un plato, reforzando la sensación de plenitud, continuidad y densidad en boca.

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Por eso los expertos insisten en que no se trata de un sexto sabor básico, sino de un modificador sensorial. Se activa al interactuar con receptores específicos de la lengua, entre ellos los sensibles al calcio, y su efecto se nota sobre todo cuando se combina con otros sabores ya presentes en el alimento, como el umami o el salado.

Por qué ahora interesa tanto a la industria y a tu cocina

El kokumi está estrechamente ligado al umami, el llamado quinto sabor, descrito por primera vez en 1908 por el científico japonés Kikunae Ikeda. De hecho, muchos alimentos ricos en kokumi —como los quesos curados, el ajo, la cebolla o los caldos de cocción lenta— son también fuentes naturales de umami, lo que explica por qué esas combinaciones nos parecen tan sabrosas desde hace generaciones.

La diferencia es que ahora la ciencia puede aislar y entender el mecanismo exacto. Y eso abre una puerta real: reformular alimentos bajos en sal o en grasa sin que resulten insípidos, algo que hasta ahora era uno de los grandes escollos de la alimentación saludable a escala industrial.

De dónde sale el kokumi en la práctica

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Los compuestos responsables de este efecto son sobre todo péptidos gamma-glutamil, pequeñas cadenas de aminoácidos que aparecen de forma natural durante procesos de fermentación, curado o cocción prolongada. No hace falta sintetizarlos en un laboratorio: ya están presentes en alimentos que probablemente tengas en tu despensa ahora mismo.

Quesos curados, embutidos, setas, marisco, pescado fermentado o guisos cocinados a fuego lento durante horas son ejemplos claros. El tiempo y la fermentación son, en cierto modo, los verdaderos artífices del kokumi, algo que las abuelas llevaban aplicando sin saberlo desde siempre en sus cocidos y caldos de toda la vida.

Cómo puedes aprovecharlo en tu día a día

Llevar esta idea a la cocina de casa no requiere ingredientes exóticos ni suplementos especiales. Basta con priorizar técnicas y productos que ya generan kokumi de forma natural, ajustando así la necesidad de añadir sal o grasa para compensar un sabor plano.

Algunas formas sencillas de incorporarlo:

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  • Añadir un trozo de queso curado o su corteza a caldos y salsas mientras se cocinan.
  • Usar ajo y cebolla pochados lentamente como base de guisos y sofritos.
  • Incorporar setas secas rehidratadas a arroces, cremas o estofados.
  • Alargar los tiempos de cocción en caldos y guisos para favorecer la liberación de estos péptidos.

El futuro del kokumi en la mesa española

Todavía queda camino por recorrer antes de que el kokumi se convierta en un ingrediente etiquetado y disponible en el supermercado como tal. La falta de métodos sensoriales estandarizados y el coste de extracción de estos péptidos siguen siendo obstáculos para su uso industrial a gran escala, aunque los avances en investigación son constantes.

Para el consumidor de a pie, la buena noticia ya está sobre la mesa: no hace falta esperar a que la ciencia termine de perfeccionar la fórmula para beneficiarse del efecto. Cocinar con ingredientes fermentados, curados o de cocción lenta es una manera accesible y sabrosa de reducir sal sin que tu paladar lo note como una pérdida.