Hay una rutina que se repite: salir de clase, comer en casa, cambiarse y volver a salir para trabajar. Esa es la vida de los 'sisi', los jóvenes que estudian y trabajan sin días libres. Son ya el 33% de las personas de 16 a 29 años, según la Encuesta de Población Activa (EPA).
Qué dicen los datos: los 'sisi' ya son un tercio
La EPA (Encuesta de Población Activa) del INE, la misma que recoge elDiario.es, es la foto. Los 'ninis' —jóvenes que ni estudian ni trabajan— bajan: en 2025 eran el 11,5% de los 15 a 29 años, frente al 19,4% de 2015. Mientras caen los 'ninis', suben los 'sisi': el 33% de los jóvenes de 16 a 29 años compagina estudios y trabajo, ocho puntos más que el 26% registrado después de la pandemia.
Marta Sánchez tiene 24 años, estudia Periodismo en Sevilla y trabaja en la hostelería de Vejer de la Frontera. Para ella, agosto no es descanso: 'La gente viene a disfrutar, a consumir, a pasear, a descansar. Sinceramente, no sé lo que es eso'. Por las tardes prepara cócteles y por las mañanas limpia casas. Lleva cuatro años sin más de dos días seguidos libres.
Lucía Cabello, de Palma y estudiante de Estudios Ingleses en la Complutense, lo resume con una frase: 'Todo lo que voy a ganar estos meses lo voy a usar para pagar el alquiler'. Ha compaginado clases de inglés, clases particulares y un trabajo en un supermercado mientras iba a clase. El sueño, dice, fue lo primero que sacrificó.
Alberto Navarro, de 22 años, estudia Turismo y Administración de Empresas en Baleares y lleva cuatro años como 'sisi'. Ha pasado de recepcionista a auxiliar administrativo de hotel. Su verano es más tranquilo, pero admite: 'No hay ninguno en el que tenga un descanso del 100%'. Lleva tres años sin vacaciones; las últimas fueron un puente de cuatro días.
La mayoría de los testimonios tiene la misma sensación: siempre creen que pueden hacer un poco más. Marta lo dice sin romanticismo: 'Siempre crees que se puede hacer un poquito más y que se pueden abarcar más cosas'. El descanso se convierte en un lujo.
La generación 'sisi' no descansa porque no puede: cada día libre se convierte en horas de trabajo para pagar el alquiler o la matrícula.
La vivienda y la familia, no la avaricia
Ninguno de los entrevistados habla de enriquecerse. Hablan de necesidad y de presión familiar. 'Comienzas diciendo: voy a poner mi granito de arena y así ayudo a mis padres e intento cubrirme mis estudios, y una vez que entras, no sales', cuenta Marta. Lucía estudia fuera de casa y paga el alquiler; Alberto vive con su familia pero trabaja para pagarse la matrícula y no ser un gasto.
Darío Hernández, premio Joven Canarias 2021, habla de 'precariedad absoluta': 'Es ahogante vivir en cualquier capital de provincia. Los gastos de alquiler y de manutención nos meten en una precariedad absoluta'. Andrea Henry, presidenta del Consejo de la Juventud, lo concreta: la vivienda está detrás de casi todo. 'El precio de los alquileres es insostenible y la gente joven tiene menos poder adquisitivo; si no trabaja, no puede permitirse estudiar'.
Henry va más allá: 'La vivienda se está comiendo los sueños de toda una generación. Nos está quitando la capacidad de imaginar lo que queremos y de trabajar por ello'. No es una frase para un titular; es la descripción de la rutina de los 'sisi'.
Lo que se sacrifica (y por qué no debería normalizarse)
El coste no es solo económico. La salud mental y el rendimiento académico se resienten. Lucía pasó noches enteras en la biblioteca y se dormía en clase: 'Me ha bajado un montón la media y me preocupa no poder acceder a ciertas becas'. Alberto suspendió algún examen por no estar concentrado. Marta resume la secuencia: 'Te fijas en la meta laboral y vas dejando atrás la académica; cuando quieres darte cuenta, entra el agobio'.
El ocio desaparece. 'No puedes ver a tu gente, te piden tiempo que no puedes darles', cuenta Lucía. El autocuidado también: ni una ducha tranquila. Marta durmió cuatro horas diarias en algunas épocas. Ese es el coste invisible de compaginar estudios y trabajo sin red.
La promesa de que trabajar y estudiar garantiza más oportunidades tampoco se cumple. Marta no es optimista: 'No por hacer más habrá más posibilidades'. Lucía se plantea un doctorado, pero duda porque los recortes en educación pública y la subida de los alquileres le hacen pensar que tendrá que compaginarlo con dos trabajos. La meritocracia, aquí, se queda en el esfuerzo, no en la recompensa.
La idea de que la juventud no hace nada no aguanta los datos. Alberto pide que no se generalice: 'Hay muchos que estamos esforzándonos para no ser un peso extra para nuestras familias'. Henry apunta a un tic generacional: tendemos a romantizar nuestra juventud y a pensar que la actual es peor. Los números de la EPA dicen otra cosa: hay menos 'ninis' que hace una década y muchos más jóvenes que estudian y trabajan a la vez. El problema no es que no hagan nada; es que hacen demasiado y aun así no logran emanciparse.
En resumen (para tu bolsillo y tu salud mental)
- 💸 ¿Qué ha cambiado? El 33% de los jóvenes de 16 a 29 años estudia y trabaja a la vez.
- 👥 ¿A quién afecta exactamente? A quienes compaginan estudios y empleo para pagar alquiler o matrícula.
- ✅ ¿Qué puedes hacer al respecto? Vigilar becas, exigir precios de vivienda asumibles y no normalizar el agotamiento.



