Un asteroide con las dimensiones de la Torre Eiffel va a pasar más cerca de la Tierra que buena parte de nuestros propios satélites de telecomunicaciones. No es una película de catástrofes ni un titular exagerado: es un dato confirmado por la Agencia Espacial Europea, con día, hora y trayectoria calculados al detalle.
El objeto se llama Apophis, y su nombre —tomado del dios egipcio del caos— lleva dos décadas generando titulares. Pero esta vez la noticia no es de alarma, sino de expectación científica: el 13 de abril de 2029 será testigo de uno de los sobrevuelos más estudiados de la historia moderna de la astronomía.
Un asteroide que se verá sin telescopio desde España
Lo llamativo de este asteroide no es solo su tamaño —entre 340 y 375 metros de diámetro—, sino la distancia a la que va a pasar: unos 32.000 kilómetros sobre la superficie terrestre, menos que la altitud de los satélites en órbita geoestacionaria, situados a unos 36.000 kilómetros. Es la aproximación más cercana jamás anunciada con antelación para un objeto de este tamaño.
Casi el 90% de la población mundial vivirá en zonas donde el fenómeno podrá observarse a simple vista, como una estrella fugaz de movimiento lento cruzando el cielo. España se encuentra entre los territorios privilegiados para el avistamiento, junto a gran parte de Europa, África y Asia, según ha confirmado la propia agencia.
De amenaza global a laboratorio espacial
El asteroide fue descubierto en 2004 y, en sus primeros cálculos, llegó a tener un 2,7% de probabilidades de impactar contra la Tierra en 2029, la cifra más alta jamás registrada en la escala de Turín. Observaciones posteriores con radar descartaron por completo ese riesgo, y en 2021 la ESA retiró a Apophis de su lista de objetos peligrosos.
Lo que antes era motivo de preocupación se ha convertido en una oportunidad científica irrepetible. Nunca antes la humanidad había podido observar, con aviso previo, cómo la gravedad de nuestro planeta afecta a un cuerpo celeste de este tamaño mientras ocurre en tiempo real.
Dos misiones espaciales acompañarán el encuentro
La NASA enviará la sonda OSIRIS-APEX, heredera de la misión OSIRIS-REx, que llegará al asteroide antes del encuentro y permanecerá después para registrar los cambios provocados por la atracción terrestre. Su instrumental analizará la composición del material superficial y cómo reacciona la estructura interna ante las nuevas tensiones gravitatorias.
Por su parte, la ESA prepara la misión RAMSES, que podría desplegar pequeños cubesats para tocar la superficie del asteroide y medir las ondas sísmicas generadas por el propio acercamiento. Ambas agencias trabajan de forma coordinada para no perder ni un segundo de un fenómeno que, según los expertos, ocurre solo una vez cada 7.500 años.
Lo que la ciencia espera aprender de este sobrevuelo
El interés no es solo observacional. Los investigadores confían en obtener datos únicos sobre la física de los asteroides cercanos a la Tierra, algo esencial para futuras estrategias de defensa planetaria.
Entre los objetivos científicos más relevantes destacan:
- Medir cómo la gravedad terrestre deforma la estructura interna del asteroide.
- Estudiar los posibles deslizamientos y temblores generados en su superficie.
- Comparar los resultados con los datos ya obtenidos en la Luna y Marte.
- Perfeccionar los modelos de desviación de asteroides ante amenazas reales futuras.
El curioso riesgo de nuestra propia basura espacial
Un dato inesperado ha añadido más interés al evento: dos astrofísicos italianos han simulado la trayectoria de Apophis frente a la nube de basura espacial que orbita en la región geoestacionaria. Su conclusión es que, aunque la probabilidad es mínima, existe una posibilidad real de que un fragmento de chatarra impacte contra el asteroide durante su paso.
Ese golpe no representaría ningún peligro para la roca ni para la Tierra, pero sí podría contaminar los datos científicos que las misiones RAMSES y OSIRIS-APEX esperan recoger. Los propios investigadores lo describen como un recordatorio de que la gestión de nuestros residuos orbitales empieza a influir incluso en los experimentos naturales más ambiciosos de la ciencia.
Lo que viene: una cita marcada en rojo para toda una generación
De aquí a 2029 quedan casi tres años de preparativos, observaciones y ajustes de última hora, pero el calendario ya está fijado y no va a cambiar: el 13 de abril será el día en que millones de personas miren al cielo al mismo tiempo. Las agencias espaciales seguirán perfeccionando sus cálculos con cada nueva observación disponible.
Si algo demuestra este episodio es que la exploración espacial ya no depende solo de viajar lejos, sino también de aprovechar lo que la naturaleza nos trae gratis. Como resumió un científico del CNRS francés, por primera vez el universo nos regala un asteroide y hace el experimento por nosotros. Solo hay que estar atentos y, cuando llegue el momento, mirar hacia arriba.





