Hubo un tiempo en que hablar de ir al psicólogo se hacía en voz baja. Hoy, en España, la conversación sobre salud mental ha llegado a las sobremesas, a los grupos de mensajes y a los titulares. Y los datos acompañan ese cambio: según la Encuesta de Salud de España 2023, recogida por el Ministerio de Sanidad, alrededor del 29,8 % de la población adulta presenta sintomatología depresiva. Detrás de esa cifra hay algo que casi nunca se cuenta: muchas de esas personas no llegan a pedir ayuda. Y no porque no la necesiten, sino porque el primer paso da vértigo.
Ese vértigo —el momento exacto en que alguien decide buscar apoyo y, de pronto, no sabe ni qué diría— aparece una y otra vez en el contenido que plataformas como BetterHelp publican para el público español. Leído en conjunto, ese material dibuja un mapa bastante honesto de por qué nos cuesta tanto cuidarnos por dentro, y de cómo el formato online está cambiando algunas de esas barreras.
El primer paso es el que más cuesta
«¿Tengo que llegar con un problema claro? ¿Y si me quedo en blanco? ¿Y si no conecto con la persona que tengo enfrente?». Son las dudas que, según una guía completa publicada por el equipo editorial de BetterHelp, se repiten antes de casi cualquier primera sesión de orientación psicológica online. La respuesta, en la mayoría de los casos, es tranquilizadora: no hace falta llegar con nada preparado.
La primera sesión no es un examen. Sirve para conocerse, marcar el ritmo de trabajo y ver si hay conexión. Puedes empezar contando simplemente qué te llevó a reservarla, y un «no sé» o un «prefiero no entrar en eso todavía» son respuestas perfectamente válidas. Tampoco necesitas una valoración profesional previa para dar el paso.
Lo interesante es que la investigación apunta justo en esa dirección: lo que más influye en que el acompañamiento funcione no es tanto el formato como el vínculo. Una revisión sistemática de 2024 concluyó que la calidad de la relación entre la persona y su profesional es uno de los factores que mejor predicen los resultados, y que ese vínculo parece sostenerse de forma muy parecida tanto en sesiones presenciales como a distancia. En la misma línea, un metaanálisis publicado en el Journal of Medical Internet Research halló que las intervenciones por videollamada pueden ofrecer una experiencia similar a las presenciales.
Eso es, en buena medida, lo que ofrece el formato a distancia. BetterHelp conecta a la persona usuaria con psicólogos y psicólogas con experiencia por vídeo, teléfono o mensajes, con una asignación que suele tardar unos días, una sesión semanal en directo y la opción de cambiar de profesional en cualquier momento, sin coste adicional. Las sesiones parten de unos 39 € por semana, según la ubicación, las preferencias y la disponibilidad de profesionales, y la suscripción puede pausarse o cancelarse en cualquier momento.
Por qué a veces nos cuesta tanto acercarnos
Pedir ayuda no cuesta lo mismo a todo el mundo. Para algunas personas, la dificultad no está en la primera sesión, sino mucho antes: en la propia idea de necesitar a alguien. Ahí entra un concepto que BetterHelp aborda al explicar qué es el apego evitativo y cómo trabajarlo.
La idea viene de la teoría del apego que desarrolló el psicólogo John Bowlby a partir de los años cincuenta: los vínculos que formamos en la infancia con nuestras figuras de cuidado crean una especie de plantilla interna sobre cómo funcionan las relaciones. Cuando esas figuras no estaban disponibles de forma constante en lo emocional, la criatura aprendía a valerse por sí misma y a no depender de nadie. De adultos, ese patrón puede traducirse en una autosuficiencia muy marcada, en cierta incomodidad con la intimidad y en una sensación de que pedir ayuda es una debilidad o una carga.
No es un defecto de carácter, sino una respuesta que en su momento resultó útil. Y, sobre todo, no es algo fijo. Estudios publicados en el Journal of Consulting and Clinical Psychology respaldan que los enfoques centrados en el apego pueden mejorar la calidad de las relaciones y la regulación emocional con el tiempo. El primer paso suele ser reconocer el propio patrón sin juzgarlo. Y aquí aparece una paradoja útil: para quien le cuesta abrirse, la distancia física de las sesiones online puede hacer que hablar de emociones resulte, al principio, un poco más llevadero.
Cuando el reto es más complejo
Hay situaciones que piden algo más que un buen primer paso. El trastorno bipolar —que, según la Organización Mundial de la Salud, afecta a entre el 1 y el 3 % de la población mundial— es un buen ejemplo. Se caracteriza por episodios de manía o hipomanía que alternan con episodios depresivos, con periodos de estabilidad entre ellos que pueden durar semanas, meses o años. Durante un episodio depresivo pueden aparecer tristeza persistente, falta de energía, pérdida de interés en lo que antes ilusionaba y dificultad para concentrarse, con un malestar que puede volverse muy intenso.
Aquí conviene ser claro, y BetterHelp lo es en su artículo sobre el trastorno bipolar y el apoyo psicológico accesible: el trastorno bipolar requiere casi siempre un enfoque combinado de seguimiento médico (habitualmente con psiquiatría) y apoyo psicológico, dos pilares que se complementan y no se sustituyen entre sí. BetterHelp no ofrece atención psiquiátrica, medicación ni intervención en crisis, y no puede reemplazar el seguimiento médico de quien convive con este trastorno.
Lo que sí puede aportar el apoyo psicológico es un espacio para identificar señales de alerta tempranas, desarrollar rutinas de sueño y actividad que favorezcan la estabilidad, y trabajar el peso emocional de convivir con el trastorno: el estigma percibido, las relaciones afectadas, la incertidumbre. La Terapia Conductual y algunos enfoques de Terapia Conversacional se han usado como complemento al seguimiento médico, según revisiones publicadas en revistas especializadas. Y, de nuevo, el formato a distancia tiene sentido: cuando un episodio depresivo convierte salir de casa en un esfuerzo enorme, poder conectarse desde el salón reduce una barrera muy real.
Un punto de partida, no un examen
Vistos juntos, estos tres caminos —el miedo a la primera sesión, los patrones que nos alejan de los demás y los retos que piden apoyo sostenido— comparten un hilo conductor. En todos ellos, lo que marca la diferencia es tener acceso a un acompañamiento que encaje en la vida real, y reunir la voluntad de empezar.
Esa es, quizá, la transformación de fondo. El apoyo psicológico ya no depende únicamente de encontrar hueco para desplazarse a una consulta. Puede empezar desde el sofá, en pijama si hace falta, un martes por la tarde. Plataformas como BetterHelp pueden ser una de esas puertas de entrada, siempre como un espacio de apoyo y nunca como sustituto de la atención médica cuando esta es necesaria. Pero el mensaje que se repite, sesión tras sesión, sigue siendo el mismo: la primera vez no es una prueba que haya que aprobar. Es, sencillamente, un comienzo.




