Lo que tu cuerpo debería poder hacer a los 45 para asegurar una vejez con total autonomía

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Subir cuatro tramos de escaleras sin pararte

Silueta de una persona de pie en una escalera poco iluminada, mirando hacia la luz.

Subir cuatro tramos de escaleras a buen ritmo y sin detenerse equivale a un esfuerzo de unos 10 METs, la unidad que mide la energía que consume el cuerpo durante una actividad: el mismo gasto que exige correr a 10,4 km/h o pedalear a 22-26 km/h. En un solo gesto, la escalera pone a prueba el sistema cardiovascular, la fuerza de piernas y espalda, el equilibrio, la propiocepción y el rango articular, capacidades que declinan de forma progresiva con la edad. Por eso es un medidor tan valioso: condensa en un ejercicio cotidiano y sin coste lo que en el laboratorio exigiría una prueba de esfuerzo en cinta. El cardiólogo Jesús Peteiro, del hospital universitario de A Coruña, validó este test con 12.615 pacientes seguidos durante unos cinco años y confirmó que el tiempo empleado en subir cuatro pisos (unos 60 escalones) se correlaciona con la capacidad funcional real medida en pruebas convencionales.

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Lo relevante para quien tiene 45 años es la distancia entre ambos extremos: completar la subida en menos de 45-55 segundos equivale a alcanzar 9-10 METs, un nivel asociado a una mortalidad de en torno al 1% anual, mientras que superar los 90 segundos implica menos de 8 METs y una mortalidad del 2-4% al año. En el estudio de Peteiro, quienes tardaban más de un minuto y medio tenían casi el triple de riesgo de morir por enfermedad cardiovascular y el doble por cáncer que los que lograban el objetivo. Además, la escalera detecta el deterioro antes que otros indicadores: es una de las primeras actividades que se abandonan cuando aparece la fragilidad o la artrosis de rodilla, y exige una reserva muscular que, una vez perdida, resulta muy difícil de recuperar. Mantener esta capacidad a los 45 no es una competición, sino una inversión en la potencia de piernas que décadas después permitirá levantarse del suelo, cruzar un semáforo a tiempo o desenvolverse en casa sin depender de nadie.