Ghanawood: el libro que rescata los carteles de cine ghanés más bizarros de los 80 y 90

Ciento catorce carteles pintados a mano sobre sacos de harina demuestran que en Ghana el único límite era llenar la sala. Sangre, monstruos y brujería que Hollywood jamás habría aprobado.

Hay carteles que prometen una película y luego resulta que ni el pintor la ha visto. En Ghana, durante los años 80 y 90, esa era justo la gracia. El libro 'Ghanawood V.O.' reúne 114 carteles de cine ghanés pintados a mano sobre sacos de harina reciclados: casquería, brujería y monstruos con más imaginación que fidelidad al guion.

El arte de vender sin haber visto la película

La infraestructura cinematográfica ghanesa de finales del siglo XX dependía de una red de exhibidores informales. Cargaban un televisor, un reproductor de vídeo, cintas VHS y un generador eléctrico, y montaban proyecciones en pueblos sin sala de cine. Como los estudios no enviaban material promocional, encargaban los carteles a artistas locales.

Los recursos eran tan limitados que los lienzos salían de sacos de harina cosidos entre sí. Eran carteles pensados para colgarse en la calle, resistir la lluvia y anunciar la proyección una y otra vez. El nuevo libro, coordinado por Carlos Palencia, creador de Cinecutre y director del CutreCon, reúne 114 obras con un lenguaje gráfico desinhibido.

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Sangre, monstruos y cero filtros de Hollywood

En Hollywood cada milímetro del cartel está regulado por contrato. En Ghana, no. El único imperativo era llenar la proyección, aunque para conseguirlo hubiera que inventarse la escena. 'El objetivo no era ser fiel a una campaña publicitaria diseñada en Los Ángeles, sino conseguir que alguien que viera el cartel quisiera ver la película', explica Palencia.

Muchos pintores partían de la carátula del VHS, de una referencia visual o directamente de lo que les contaba el dueño del videoclub. 'En muchas ocasiones, ni siquiera habían visto la película', apunta. Si para venderla había que añadir más sangre, monstruos, o una explosión, se añadía y punto.

El salto llegó cuando esta dinámica pasó de las superproducciones internacionales al cine local ghanés y al voraz mercado nigeriano conocido como Nollywood. Ahí el disparate alcanza otra dimensión. Las películas africanas ya venían cargadas de brujería, transformaciones y demonios; los artistas solo tenían que exagerar todavía más.

La imaginación ganó por goleada a la fidelidad: si había que añadir una decapitación o un monstruo grotesco para vender más entradas, se añadía sin pedir permiso.

Del videoclub ambulante a las galerías de Chicago

Lo que empezó como publicidad de andar por casa acabó en museos. En 1993 el galerista Ernie Wolfe III ya organizaba exposiciones en Estados Unidos y en 2000 publicó 'Extreme Canvas', uno de los libros de referencia del fenómeno. Internet convirtió la iconografía ghanesa en un fenómeno global: foros de cine, blogs de arte heterodoxo y redes sociales multiplicaron su visibilidad.

El colofón es una paradoja feliz. Muchos pintores habían abandonado los pinceles al desaparecer los videoclubs ambulantes, pero encontraron una segunda vida artística gracias a plataformas como Deadly Prey Gallery de Chicago, que desde 2012 encarga obra nueva a los creadores ghaneses para coleccionistas de todo el mundo. Gente que batalló contra la lluvia y el polvo hoy pinta para galerías.

El libro incluye códigos QR para asomarse a las películas originales cuando están disponibles. Y la regla general, reconoce Palencia, es desconfiar del cartel. Salvo excepciones como la saga ghanesa 'Diabolo' o la nigeriana 'End of the Wicked' (1999), que sí cumplen el delirio prometido. El misterio sigue vivo en joyas como 'Witches.com', donde aparece un balón de fútbol con un pene. 'Necesito saber qué cadena de acontecimientos narrativos puede conducir a semejante situación', confiesa el especialista.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? El libro 'Ghanawood V.O.' recopila 114 carteles de cine ghanés de los años 80 y 90 pintados a mano sobre sacos de harina.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Rescata un arte publicitario donde la imaginación ganó por goleada a la fidelidad al guion.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es cultura visual de la buena: no te arregla la semana, pero te regala monstruos para meses.