Ver el cepillo lleno de pelo cada septiembre no es una maldición: la caída del cabello en otoño es biología pura. Y aunque suene a consuelo de amiga, los dermatólogos llevan años explicándolo con datos, no con magia.
A mitad de agosto, con los pies todavía en la piscina, es justo el momento de actuar. No te voy a vender champús milagro ni ampollas carísimas: te voy a contar los tres gestos que, según los expertos, pueden hacer que en octubre la caída se note menos.
Por qué se te cae el pelo en otoño (y no, no te estás quedando calva)
Para empezar, respira: el pelo que se cae en otoño ya se había despedido de tu cabeza meses antes. El dermatólogo Javier Pedraz lo explica con claridad: el cabello sigue ciclos de caída y regeneración que pueden coincidir con las estaciones del año.
Ramón Grimalt, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología, insiste en que casi todos los cabellos que se caen en otoño se recuperan y reaparecerán al cabo de tres o cuatro meses, tomes o no suplementos de vitaminas. Su comparación es de las que se quedan: los folículos necesitan renovarse igual que el endometrio en cada menstruación.
Eduardo López Bran, otro dermatólogo, lo describía ante Vanity Fair como una pérdida de pelo estacional que se repite año tras año. La culpa probable la tiene un ritmo circadiano en la secreción hormonal que influye en la regulación de la caída del pelo, no tu champú de supermercado.
No es un mito, es realidad. Lo notas al cepillarte, al lavarte el pelo o al pasar los dedos. Esta fase es de lo más normal y se conoce como caída de pelo estacional.
Proteger el cuero cabelludo del sol en verano puede traducirse en una melena menos escasa en otoño.
Así que sí, en septiembre se cae más pelo. Lo notes o no en el cepillo, es una fase normal de renovación y no una alarma de calvicie.
El cuero cabelludo también se quema (y eso lo pagas en otoño)
Este es el error que casi todas cometemos: nos echamos crema en la cara y en los hombros, pero nos olvidamos de la raya del pelo. Ana Molina lo resume en una frase que duele: el pelo se cae en otoño porque nos quemamos el cuero cabelludo en verano.
Elena Martínez Lorenzo añade una teoría interesante: la exposición solar alarga la fase anágena (la de crecimiento) y, al cesar, muchos folículos cambian a la fase telógena de golpe. Traducción: un verano de sol intenso puede programar una despedida masiva en otoño.
Por eso los gorros, pañuelos y fotoprotectores capilares son más que un capricho playero. Son, literalmente, una inversión para septiembre.
Hidratar y lavar: el combo aburrido que de verdad funciona
El sol, el agua salada, o el cloro maltratan la capa externa del pelo, la cutícula. Cuando el tallo piloso tiene los poros abiertos, se rompe con más facilidad, como recuerda el dermatólogo David Saceda.
Desde Cantabria Labs recomiendan lavar el pelo con frecuencia, sobre todo después del baño en playa o piscina, para que no se queden adheridas sustancias que dañen la fibra capilar e incluso cambien su color.
El apunte que me ha convencido es este: hidratar la cutícula es lo que evita que esas agresiones externas penetren más profundamente en la fibra. Cuidar el cuero cabelludo en agosto es el mejor seguro para tu melena de septiembre.
Cada otoño las redes se llenan de suplementos que prometen frenar la caída. La ciencia, en cambio, apuesta por algo más aburrido y más barato: cuidar la piel de la cabeza en agosto, lavar el pelo sin dejarse restos de sal y aportar hidratación sin agobios.
🧠 Para soltarlo en la cena
El sol veraniego retrasa la caída, que llega en otoño.



