El CSIC acaba de publicar un hallazgo que cambia la forma de entender la lucha contra la contaminación plástica en el mar. Un equipo del Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC) ha identificado varias especies de bacterias capaces de degradar los compuestos químicos que el plástico libera al descomponerse en el agua salada, un proceso silencioso que lleva décadas ocurriendo bajo nuestros ojos sin que supiéramos cómo frenarlo.
El dato que pone todo en contexto es demoledor: en el Mediterráneo, los fragmentos de plástico ocupan ya una superficie equivalente a 7.500 campos de fútbol. Y no es solo el plástico visible el problema. Cuando ese material entra en contacto con el sol y el agua de mar, libera sustancias químicas tóxicas para los organismos marinos, un fenómeno que hasta ahora apenas se había estudiado.
El proceso que nadie había mirado hasta ahora en el CSIC
La mayoría de las investigaciones previas sobre bacterias y plástico se habían centrado en microorganismos capaces de "morder" directamente el polímero, es decir, de atacar el plástico en sí. El equipo liderado por Cristina Romera-Castillo, investigadora del ICM-CSIC, decidió mirar hacia otro lado: los lixiviados, esos compuestos químicos que el plástico suelta al agua a medida que se degrada, potenciados precisamente por la luz solar.
Es el primer estudio que identifica bacterias capaces de eliminar esos residuos invisibles del plástico que flota en el mar. Para los análisis se utilizó polietileno —el plástico más abundante en el océano— junto con una mezcla de materiales envejecidos recogidos en una playa real, con restos de polietileno y polipropileno.
Qué son exactamente estos residuos y por qué importan
El CSIC explica que estos compuestos liberados pueden ser aditivos añadidos durante la fabricación del plástico o, simplemente, productos derivados de su propia descomposición. Muchos de ellos resultan tóxicos para la vida marina, lo que convierte este proceso de lixiviación en una amenaza tan real como poco conocida frente a la más visible contaminación por plástico de bolsas y botellas flotando en la superficie.
Las bacterias identificadas ya eran conocidas por la ciencia, pero nadie sabía que tenían esta capacidad oculta. Ese detalle es justo lo que convierte el hallazgo en una puerta abierta a nuevas aplicaciones biotecnológicas, según explican las propias autoras del estudio.
Así se demostró que estas bacterias "comen" plástico
Para llegar a esta conclusión, el equipo del ICM-CSIC empleó técnicas de última generación: CARD-FISH para identificar los grupos bacterianos predominantes y BONCAT para detectar cuáles estaban activamente creciendo gracias a esos compuestos. A eso se sumó la secuenciación del gen 16S rRNA, que permitió determinar con precisión qué especies estaban implicadas en el proceso.
El resultado confirmó que estas bacterias utilizan la materia orgánica disuelta derivada del plástico como alimento, transformándola en CO2, biomasa y otros subproductos. Dicho de otro modo: convierten un residuo tóxico en algo que la propia naturaleza puede procesar, un ciclo que hasta ahora nadie había documentado con este nivel de detalle.
Un paso hacia la biorremediación marina
Cristina Romera-Castillo lo resume con claridad: encontrar bacterias capaces de eliminar estos compuestos tóxicos es una forma de bioremediación natural, es decir, usar organismos vivos para limpiar lo que el ser humano ha ensuciado. No se trata de una solución mágica ni inmediata, pero sí de un mecanismo real que ya existe en el mar y que la ciencia apenas empieza a comprender.
El estudio, publicado en la revista Environmental Microbiology Reports, representa una vía completamente distinta a las estrategias habituales de limpieza de plásticos, centradas casi siempre en la recogida física de residuos visibles. Aquí el protagonismo lo tienen microorganismos invisibles que llevaban toda la vida haciendo un trabajo que nadie había sabido leer.
Entre los próximos pasos del equipo destacan dos líneas muy concretas:
- Aislar y cultivar en laboratorio las especies bacterianas más eficaces.
- Diseñar experimentos dirigidos para entender mejor su metabolismo.
- Explorar si este proceso puede replicarse o potenciarse artificialmente.
- Evaluar su aplicación en zonas costeras especialmente contaminadas, como el Mediterráneo.
Lo que viene ahora para la lucha contra el plástico en el mar
Este hallazgo no resuelve por sí solo el problema de los océanos llenos de residuos, pero sí abre una vía biotecnológica que hasta hace poco parecía ciencia ficción. Si la ciencia logra entender a fondo cómo trabajan estas bacterias, podríamos estar ante una herramienta real de mitigación para zonas costeras especialmente castigadas por la contaminación plástica.
El propio equipo del ICM-CSIC reconoce que queda camino por recorrer, pero el tono es de cauto optimismo: la naturaleza, una vez más, ya tenía parte de la respuesta escondida en un lugar donde nadie había mirado con suficiente atención. Y esa es, quizá, la mejor noticia de todas.





