El CSIC lleva más de un siglo persiguiendo algo que suena a ciencia ficción: un material capaz de conducir electricidad sin perder ni un solo vatio por el camino. No es una promesa vacía ni un titular exagerado. Es, según reconocen sus propios investigadores, el mayor reto pendiente de la física de materiales.
En el Instituto de Ciencia de Materiales de Madrid, la física Leni Bascones hace levitar trenes en miniatura ante grupos de estudiantes de secundaria. "Se quedan alucinados", cuenta. Pero para que ocurra esa magia hace falta nitrógeno líquido a temperaturas heladoras, y ahí es donde empieza la verdadera historia.
Qué investiga el CSIC sobre superconductividad
Los superconductores no son un invento reciente. Se descubrieron en 1911, cuando un físico neerlandés observó que el mercurio perdía toda resistencia eléctrica al enfriarlo cerca del cero absoluto. Desde entonces, la ciencia ha ido encontrando materiales que superconducen a temperaturas cada vez menos extremas, aunque siguen lejos de lo cotidiano.
En el ICMM-CSIC, científicas como Bascones y María José Calderón dedican buena parte de su carrera a entender por qué ciertos materiales se comportan así. No es solo curiosidad académica: cada avance acerca un poco más la posibilidad de trenes de levitación magnética más baratos, resonancias médicas más accesibles o redes eléctricas sin pérdidas.
El 'santo grial' que todavía no ha llegado
El CSIC reconoce abiertamente que la superconductividad a temperatura ambiente sigue siendo, hoy, un objetivo no alcanzado. No hay ningún hallazgo confirmado —ni del CSIC ni de ningún otro centro— que haya logrado ese salto sin necesitar frío extremo o presiones descomunales.
Esto importa porque en los últimos años ha habido varios anuncios que generaron enorme expectación y acabaron en agua de borrajas. El caso más sonado fue el del material surcoreano LK-99 en 2023, que la comunidad científica internacional no logró reproducir. Antes, en 2020, un hidruro de carbono, azufre e hidrógeno prometía superconductividad a 15°C, pero requería presiones equivalentes a las del centro de la Tierra —y el artículo que lo anunciaba acabó siendo retirado por la revista Nature en 2022.
Por qué la temperatura es el gran obstáculo
La razón por la que esto es tan difícil tiene que ver con la propia naturaleza del fenómeno. Solo los óxidos de cobre superconducen por encima de la temperatura del nitrógeno líquido (-196°C), y esa temperatura marca un punto de inflexión importante porque enfriar con nitrógeno es barato y viable a escala industrial.
El problema es que esos materiales son cerámicos, frágiles y difíciles de manejar en comparación con metales como el cobre. Esa fragilidad ha frenado durante décadas su paso del laboratorio a la industria, y explica por qué, pese a más de 100.000 estudios publicados sobre el tema, una teoría completa que explique el fenómeno sigue sin existir.
Lo que cambiaría si se consiguiera
Aquí es donde el reto deja de ser solo teórico. Si algún día se lograra un superconductor estable a temperatura y presión ambiente, la tecnología tendría a su disposición un material capaz de reinventar buena parte de la infraestructura energética actual.
No hablamos necesariamente de un mundo de ciencia ficción con trenes volando por todas partes. Según explica la propia Leni Bascones, sería más bien "un mundo con tecnologías parecidas a las que ya tenemos, pero muy mejoradas": motores eléctricos más eficientes, cables de transmisión sin pérdidas, resonancias magnéticas más baratas y accesibles.
Entre las aplicaciones que ya se barajan seriamente están:
- Trenes de levitación magnética más económicos y sin necesidad de refrigeración compleja.
- Redes eléctricas capaces de transportar energía sin perder ni un solo vatio por el camino.
- Ordenadores cuánticos que funcionen sin sistemas de enfriamiento extremo.
- Equipos médicos, como resonancias magnéticas, más accesibles para hospitales pequeños.
Cómo distinguir un avance real de un titular exagerado
Con tanto interés mediático alrededor de este campo, conviene saber reconocer las señales de alarma. Un anuncio serio siempre viene acompañado de publicación revisada por pares y de que otros laboratorios independientes logren reproducir el resultado, no solo de un preprint sin revisar.
Esa cautela no es pesimismo, es el método científico funcionando como debe. Cuando surcoreanos, estadounidenses o cualquier otro equipo anuncian un hallazgo así, la comunidad internacional tarda semanas o meses en confirmarlo o descartarlo, y esa espera es precisamente la garantía de que la ciencia no se deje llevar por el ruido.
Hacia dónde va esta investigación
Pese a los fracasos y los fraudes puntuales, nadie en la comunidad científica da por perdida la búsqueda. Como resume la propia Bascones, "no hay nada que nos diga que no se puede encontrar", y esa frase resume bien el espíritu con el que el CSIC y otros centros de investigación siguen trabajando.
El campo avanza con datos, no con titulares: cada año aparecen materiales que superconducen a temperaturas ligeramente más altas que las anteriores, un progreso lento pero constante. Si el santo grial llega, probablemente no será de golpe ni por sorpresa, sino como resultado de décadas de trabajo silencioso en institutos como el ICMM-CSIC, lejos del foco mediático pero cerca del problema real.






