Hasta que Stefan Mandel apareció, todos creíamos que la lotería era cuestión de suerte. Este economista rumano demostró que, con las matemáticas adecuadas, el azar podía convertirse en una inversión rentable. Su idea era tan sencilla que da rabia no haberla pensado antes: comprar todas las combinaciones posibles cuando el premio supera el coste de los boletos. Así ganó 14 veces, hasta que los sistemas de lotería tuvieron que cambiar sus normas para impedirlo.
El economista que calculaba el precio de la suerte
Stefan Mandel era un tipo práctico. Nacido en Rumanía y nacionalizado después en Australia, no confiaba en números de la suerte ni en corazonadas. Con formación en economía y matemáticas, se dedicó a estudiar las probabilidades de los sorteos. Su objetivo era localizar aquellas loterías en las que el bote acumulado fuera tan grande que comprar todos los números posibles resultase más barato que el premio. Así, cada apuesta se convertía en una inversión con beneficio casi seguro.
Lo más complicado no era la teoría, sino la ejecución. Necesitó inversores que financiaran la compra masiva de boletos, algoritmos para generar millones de combinaciones válidas y un equipo capaz de imprimir y validar los resguardos en tiempo récord. Dicho así parece ciencia ficción, pero en los años 80 y 90 lo consiguió varias veces.
La jugada maestra en Virginia: 7 millones de boletos y un bote millonario
El golpe más famoso llegó en 1992, en la lotería de Virginia (Estados Unidos). Aquel sorteo usaba solo 44 números, lo que generaba 7.059.052 combinaciones posibles. Cuando el bote alcanzó los 27 millones de dólares, Mandel vio la oportunidad perfecta: el premio casi cuadruplicaba el coste de comprar todas las apuestas. En apenas dos días, su equipo logró adquirir unos cinco millones de boletos, pero lo importante es que entre ellos estaba el ganador.
La noticia levantó sospechas de inmediato. El FBI investigó el caso porque una sola persona ganando un premio tan alto resultaba sospechoso. Sin embargo, no encontraron ninguna irregularidad: Mandel no había manipulado el sorteo ni tenía información privilegiada. Solo había usado un vacío legal que las matemáticas pusieron al descubierto.
Compró todas las combinaciones posibles y esperó a que el premio fuera mayor que la inversión.
Aunque la historia se cuenta a menudo como un truco infalible, la realidad era más compleja. Para que el sistema funcionara hacía falta que la lotería permitiera elegir los números (no solo boletos aleatorios), que el premio fuera lo bastante alto y que no hubiera límites de compra. Precisamente esos resquicios fueron los que las autoridades acabaron cerrando a cal y canto.
¿Por qué no se puede repetir hoy?
Aquí empieza lo bueno. Tras los golpes de Mandel, los sistemas de lotería de medio mundo endurecieron sus normas: límites de compra por persona, procesos informatizados y restricciones a la impresión de boletos personalizados. Hoy, replicar su hazaña es prácticamente imposible. De hecho, la propia lotería de Virginia modificó sus reglas precisamente por este caso.
Mandel ganó 14 veces, pero la historia no tuvo final feliz. Detrás de cada premio había decenas de inversores y gastos operativos que se llevaban buena parte del dinero. En 1995 se declaró en bancarrota y en 2004 fue condenado en Israel por un fraude bursátil a diez meses de prisión, aunque nunca llegó a cumplir la pena. En 2023 solicitó revisar su caso alegando nuevas pruebas, pero el Tribunal Supremo israelí lo rechazó.
Más detalles sobre su trayectoria en su entrada de Wikipedia.
🧠 Para soltarlo en la cena
Comprar todas las combinaciones posibles cuando el premio supera el coste.



