El azúcar de la fruta y la miel fue clave en la evolución de tu cerebro (y no la carne)

Un estudio reconstruye 4 millones de años de dieta y estima que los azúcares aportaron hasta un 35% de la energía necesaria para el desarrollo cerebral. La carne no fue la única protagonista.

Siempre nos han contado que fue la carne lo que nos hizo listos. Pero un nuevo estudio publicado en Science acaba de poner las cosas en su sitio: el azúcar de la fruta y la miel fue igual de importante para que tu cerebro llegara a ser lo que es hoy. De hecho, aportó entre el 20 % y el 35 % de la energía durante buena parte de la evolución humana.

El trabajo, dirigido por Jennie Brand-Miller, profesora emérita de la Universidad de Sídney, ha reconstruido cuatro millones de años de dieta. La conclusión es clara: la glucosa de frutas, miel y otros vegetales fue el combustible que permitió que el cerebro creciera hasta triplicar su tamaño.

La fruta, la gran olvidada de la evolución humana

Hasta ahora, la narrativa dominante ponía el foco en la carne y las grasas animales. Es cierto que aportaron proteínas y una densidad energética brutal, pero el nuevo modelo deja claro que los azúcares sencillos eran imprescindibles para los tejidos que solo funcionan con glucosa: el cerebro, los glóbulos rojos, la placenta o el feto.

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Los investigadores modelizaron la dieta de seis etapas evolutivas —desde el ancestro común con los chimpancés hasta el Homo sapiens— y calcularon que los primeros homininos obtenían más del 65 % de su energía de los azúcares. Con el tiempo, al incorporar más carne y cocinar almidones, esa cifra bajó, pero nunca desapareció: durante millones de años se mantuvo entre el 20 % y el 35 %.

Brand-Miller explica que la evidencia va mucho más allá de un solo dato. “La dieta de los chimpancés contiene alrededor de un 75 % de carbohidratos, en su mayoría fruta madura rica en azúcares, y compartimos con ellos un último ancestro común”, cuenta. Además, tenemos visión tricromática para distinguir los frutos más maduros —más azúcar, más color— y perdimos la capacidad de sintetizar vitamina C, algo que solo obtenemos de forma fiable comiendo fruta.

La carne fue importante, pero sin el aporte constante de glucosa de frutas y miel, el cerebro humano no habría podido crecer.

El cerebro adulto, aunque pesa menos del 2 % del cuerpo, se lleva el 20 % de la energía en reposo. En niños, el porcentaje es aún mayor. Para cubrir esa demanda, un adulto necesita entre 150 y 200 gramos diarios de glucosa; una mujer embarazada, entre 200 y 250 gramos. La fruta y la miel —concentradas en azúcares sencillos— eran la vía más rápida para conseguirlo antes de que domináramos el fuego.

¿Y la carne? Imprescindible, pero no la única

Que la fruta y la miel hayan sido claves no significa que la carne sobrara. Los alimentos animales proporcionaron proteínas y grasas con mucha densidad energética, permitieron reducir el tamaño del aparato digestivo y de los dientes, y alimentaron tejidos que no dependen de la glucosa. Fue un trabajo en equipo.

El modelo de Brand-Miller reparte la energía de una dieta de Homo sapiens con un 65 % de vegetales y un 35 % de animales: los azúcares y el almidón cocinado aportaban alrededor del 25 % cada uno, mientras que las proteínas sumaban un 19 %. Es decir, una combinación equilibrada que ya se parecía bastante a lo que hoy sabemos que funciona.

Embarazo y lactancia: la prueba de fuego de la glucosa

Un punto que suele olvidarse en las reconstrucciones de dieta prehistórica es el coste reproductivo. “El éxito reproductivo determina si una especie prospera o se extingue”, recuerda Brand-Miller. Y aquí los azúcares eran críticos: el feto y la placenta consumen unos 70 gramos de glucosa al día, y durante la lactancia la mujer necesita 90 gramos extra para fabricar los carbohidratos de la leche.

El estudio incluso sugiere que una escasez de carbohidratos podía provocar déficits de glucosa en mujeres en edad fértil y comprometer la reproducción. Así que, cuando miramos la evolución del cerebro, no solo hay que pensar en cazadores musculosos: también en madres que encontraban fruta y miel para sacar adelante a la siguiente generación.

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🧠 Para soltarlo en la cena

La fruta y la miel dieron energía al cerebro humano.