Ricky Gervais ha estrenado 'Alley Cats' y, según The Guardian, la nueva serie animada de Netflix no hace gracia ni por equivocación.
Unos gatos que hablan como aburridos de pub
La premisa es simple: un grupo de gatos se sientan a soltar chistes de barra de bar, con la intención de escandalizar y, de paso, hacernos reír. Pero el crítico Stuart Heritage confiesa que no soltó ni una carcajada. Cero.
En la serie, los felinos conversan sobre temas de actualidad con un humor grueso, supuestamente políticamente incorrecto. El problema no es la incorrección, sino la pereza. Heritage lo define como 'una comedia de barra de pub trasladada a animación, que se cree mucho más graciosa de lo que es'. De hecho, destaca la sensación de estar mirando el reloj para ver cuánto queda.
Yo, que he sido fan de Gervais, recuerdo cuando The Office o Extras me arrancaban carcajadas genuinas. Pero aquí algo ha cambiado. O quizá no ha cambiado nada, y esa es la cuestión.
Gervais contra el mundo (y contra el reloj)
El crítico de The Guardian admite que, pese a haber admirado al cómico británico, se encontró preguntándose qué pasó. La mayoría de los seguidores del cómico cree que la culpa es de lo woke. Gervais ha pagado el precio de un cambio en la ventana de Overton sobre chistes de enanos, discapacitados o personas trans. Pero, como dice Heritage, es precisamente Gervais el ejemplo de que sí se puede decir de todo, porque sigue teniendo una plataforma enorme y millones en el banco. La cuestión no es la censura, sino que los chistes no funcionan.
Alley Cats llega en un momento en el que la animación para adultos está viviendo una edad de oro: BoJack Horseman, Rick y Morty, Big Mouth... Todas han sabido combinar irreverencia con profundidad. La propuesta de Gervais, en cambio, se siente como un refrito de chistes que ya olían a cerrado en 2010.
Es más, la serie se estrena el 7 de agosto, apenas unos días después de esta demoledora reseña. Netflix, que ha apostado fuerte por el humor de Gervais en After Life, se ha metido en en un jardín con esta producción. Aunque a Gervais eso le da igual: él mismo ya ha dicho en innumerables ocasiones que la crítica le importa un pimiento. Quizá por eso no le ha dado demasiadas vueltas al guion.
El humor que envejece mal no es el que ofende, sino el que aburre. Y Alley Cats aburre a los gatos y a los humanos.
El humor que envejece mal y la excusa del 'woke'
Lo cierto es que el humor 'incorrecto' puede ser brillante si tiene algo que decir. George Carlin, Bill Hicks o el propio Gervais en sus monólogos de los 2000 lo demostraron. Pero el problema de Alley Cats no es que ofenda, es que no provoca nada. Ni risa, ni reflexión, ni cabreo. Es como escuchar a tu tío en Nochebuena contando el mismo chiste por quinta vez. Sabes que va de provocador, pero ya solo produce bostezos.
Aun así, habrá quien defienda la serie a capa y espada porque 'ya no se puede decir nada'. Es el argumento favorito de los que confunden libertad de expresión con inmunidad al aburrimiento. Gervais tiene todo el derecho a seguir haciendo chistes sobre lo que le dé la gana, y el público, a cambiar de canal. Lo que no puedes pedir es que te aplaudan por quedarte anclado.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? The Guardian ha destrozado 'Alley Cats', la nueva serie de Ricky Gervais en Netflix.
- 🔥 ¿Por qué importa? Porque Gervais fue un genio de la comedia y ahora entrega un producto perezoso que ni siquiera hace reír.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Si te gusta el humor políticamente incorrecto con chispa, esta vez no la tiene; mejor revisa After Life.




