Si hay algo que me pide el cuerpo cuando aprieta el calor es una cena que no me haga sudar, que esté lista en un cuarto de hora y que no me deje con hambre a las once. Este salteado de calabacín con albahaca, nueces y alcaparras acaba de resolverme las noches de verano. Y te prometo que no es la típica verdura sosa.
El truco para que el calabacín no quede aguado (es más fácil de lo que crees)
La clave está en un paso que muchos se saltan: cortas el calabacín a lo largo, sin pelar, y lo salas generosamente por la parte de la carne. Lo dejas reposar unos 15 minutos. Así suda y pierde parte del agua. Luego lo secas bien con papel de cocina. Después, cuando lo saltees, quedará firme y dorado, no blanducho.
Mientras suda, preparas el aliño en un bol grande. Picas la albahaca fresca, rallas un diente de ajo, troceas las nueces y añades las alcaparras (puedes dejarlas enteras o partidas). Incorporas un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y dos cucharadas de vinagre de Módena. Si te gusta el puntito picante, unos copos de chile le van de miedo.
Corta el calabacín en trozos grandes de unos dos dedos de grosor. Calienta una sartén con un poco de aceite a fuego fuerte y saltéalos por tandas, sin amontonar, hasta que se doren bien por todos lados. No los muevas demasiado: deja que cojan color. En total, con 8-10 minutos de sartén es suficiente.
El calabacín salteado a fuego vivo y aliñado en caliente queda con una textura increíble: nada que ver con la verdura hervida.
Nada más sacarlos del fuego, los echas al bol del aliño y los meneas bien para que se impregnen. El calor hace que los sabores se integren al instante.
Por qué esta receta te va a salvar más de una cena (y no es solo una guarnición)
A simple vista puede parecer un acompañamiento, pero tiene todo para ser plato único. Si le añades una proteína, te quedas más que saciado. Prueba con un huevo cocido, un trozo de tofu a la plancha o incluso los restos de un pollo asado que tengas por la nevera. Y con una burrata fresca partida por encima se convierte en una cena de restaurante italiano. Así me lo preparé yo anoche y acabé chupándome los dedos.
La receta original es de la bloguera gastronómica Jamie Vespa, aunque ella usaba vinagre de vino tinto. Yo he optado por el de Módena, que le da un dulzor más redondo y casa de maravilla con las nueces y la albahaca. Pequeños ajustes que marcan diferencia.
El calabacín, el rey indiscutible de las cenas rápidas (y este es su mejor momento)
Julio es la época en que los calabacines están en su punto justo de sabor y de precio. Aprovechar los productos de temporada no solo es más sostenible, sino que la verdura sabe a lo que tiene que saber. El calabacín es ligero, saciante y combina con casi todo. Además, esta receta no necesita horno ni grandes cacharros: sartén, bol y listo.
He de reconocer que yo era de los que solo lo hacía a la plancha con ajo, y esta versión me ha abierto un mundo. El contraste entre el frescor de la albahaca, el crujiente de las nueces y el toque ácido del vinagre es un acierto total. Ideal para cuando te apetece algo rico sin prisas pero sin agobios.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 25 minutos (15 de preparación + 10 de cocción). Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: no tires las hojas de albahaca que sobren; mételas en un vaso con agua como si fueran flores y te aguantarán frescas varios días.



