El robo de las joyas de la corona francesa sacudió al museo más visitado del mundo. Ayer, nueve meses después del hurto, el Museo del Louvre reabrió la Galería de Apolo, escenario del asalto, con una propuesta museística renovada y sin las piezas desaparecidas.
La mañana del 19 de octubre de 2025, un comando de cuatro hombres utilizó motos y un montacargas para acceder a la fachada sur del Palacio del Louvre, sobre el Quai François-Mitterrand. Con una cortadora de disco perforaron los vidrios exteriores de la galería, entraron en en la sala y, en apenas siete minutos, se llevaron ocho joyas de un valor tasado de 88 millones de euros, aunque su valor histórico es incalculable.
El botín incluía collares, tiaras relicarios y broches con piedras preciosas. La corona de la emperatriz Eugenia, una de las piezas más emblemáticas, cayó al suelo durante la huida y quedó abandonada. Los ladrones escaparon en moto y, pese a que fueron detenidos posteriormente, las joyas no se han recuperado.
El robo no solo supuso una pérdida patrimonial irreparable, sino que desató una auténtica crisis de imagen para el Louvre. Las investigaciones revelaron graves deficiencias en los sistemas de seguridad del museo, que recibe unos 9 millones de visitantes al año.
La Galería de Apolo es una de las salas más emblemáticas del antiguo palacio real. Construida en el siglo XVII y remodelada en el XIX, alberga un fastuoso conjunto de decorados murales pintados y esculpidos que relatan la mitología del dios sol. Hasta el robo, también exponía las joyas de la corona francesa, objetos de un valor simbólico inmenso para el patrimonio nacional.
Un robo en siete minutos cambió la historia de una sala centenaria. Nueve meses después, el Louvre demuestra que el arte no se esconde, se protege mejor.
Un robo de película en pleno corazón de París
La audacia de los ladrones fue cinematográfica. Llegaron a la fachada que da al Sena en motos, elevaron un montacargas hasta la altura de la galería y perforaron los cristales exteriores con una cortadora de disco. Todo duró siete minutos, lo justo para arrancar ocho piezas de las vitrinas. El valor de lo robado, 88 millones de euros, palidece frente al daño simbólico: las joyas representaban siglos de historia monárquica y republicana de Francia.
Dejaron atrás la corona de la emperatriz Eugenia, que cayó al suelo durante la fuga, un detalle que añade un punto de misterio al suceso. Los cuatro implicados fueron detenidos semanas después, pero las joyas nunca aparecieron, lo que avivó las especulaciones sobre su paradero y la posible existencia de cómplices. La investigación puso al descubierto que las ventanas no tenían rejas y que la videovigilancia perimetral era insuficiente.
La Galería de Apolo reabre con una nueva mirada
Al reabrir sus puertas, la Galería de Apolo ha dejado atrás las vitrinas y los objetos preciosos. Según fuentes del museo, la nueva museografía apuesta por devolver el protagonismo a los decorados murales y a la arquitectura de la sala. «Ya no presentará las colecciones y los objetos valiosos que albergaba», confirmaron, «sino que se centrará en los frescos y esculturas que la convierten en una joya del clasicismo francés».
El visitante podrá admirar de cerca las pinturas de Charles Le Brun y los estucos dorados que cubren las paredes y el techo. La ausencia de las joyas permite una lectura más íntima del espacio, casi como si se regresara a su concepción original de salón de aparato monárquico. La propia sala, diseñada para exaltar el poder del rey Sol, se convierte ahora en la protagonista absoluta.

Otra novedad importante son las medidas de seguridad. La galería cuenta ahora con rejas en las ventanas, precisamente la vía de entrada que utilizaron los ladrones. Además, se ha instalado un puesto móvil de policía en el interior del museo y se ha mejorado la videovigilancia perimetral. Todo forma parte de un plan acelerado tras el robo para evitar que un suceso así se repita.
En paralelo, los objetos que escaparon al robo serán trasladados a un espacio de máxima seguridad sin ventanas, según adelantó Le Parisien. La idea es crear una sala específica que garantice mejores condiciones de conservación y blindaje. Mientras tanto, la Galería de Apolo se visita ahora con una mirada distinta, más cercana al esplendor decorativo del palacio que al brillo de las joyas.
Por qué esta reapertura importa (y lo que viene)
La reapertura de la Galería de Apolo es algo más que una noticia puntual. Simboliza el esfuerzo del Louvre por recuperar la confianza del público y de las instituciones tras un año complicado. Al robo se sumaron inundaciones, una huelga de personal y el cierre de salas debido a la fragilidad de las vigas del vetusto palacio, que se extiende por 30 hectáreas.
El presidente del Louvre, Christophe Leribault, ha impulsado el plan Louvre Nouvelle Renaissance, que ya había sido anunciado por Emmanuel Macron a principios de 2025. Este ambicioso proyecto incluye la creación de una nueva entrada por el este del complejo, la modernización de las instalaciones y, sobre todo, la reubicación de la Gioconda en una sala independiente para evitar las aglomeraciones que se viven en la actual sala de los Estados.
La lección aprendida es clara: el arte necesita vitrinas seguras, pero también muros sólidos y protocolos impecables. La Galería de Apolo reabre, sí, pero lo hace como un símbolo de que la cultura no se esconde tras un golpe. Al contrario, se protege mejor y se abre de nuevo, ofreciendo a los 9 millones de visitantes anuales del Louvre una experiencia más intensa y vigilada.
Si quieres vivir de cerca el renacer de una de las salas más bellas de París, ahora es el momento. Puedes consultar horarios y condiciones de visita en la web oficial del museo.
Ficha técnica
- Título: Reapertura de la Galería de Apolo
- Autor o autora: Museo del Louvre
- Qué puedes ver: Decorados murales pintados y esculpidos, sin las joyas imperiales robadas
- Recinto y ciudad: Museo del Louvre, París




