Incendios forestales en España: Zaragoza y Guadalajara elevan a 110.000 las hectáreas quemadas

Los fuegos de La Mierla (Guadalajara) y Cinco Villas (Zaragoza) concentran más de 41.000 hectáreas. Los expertos alertan de que el verano aún puede empeorar.

España supera ya las 110.000 hectáreas quemadas en lo que va de 2026, según los últimos datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS). El organismo europeo, que recopila datos satelitales en tiempo real, sitúa a España a la cabeza del sur de Europa en extensión calcinada este año. Los grandes incendios declarados en las provincias de Guadalajara y Zaragoza han elevado la cifra hasta un nivel que preocupa a los expertos, con buena parte del verano aún por delante.

Los grandes incendios que elevan el balance

Los fuegos de La Mierla, en Guadalajara, han calcinado más de 26.000 hectáreas; y el de Cinco Villas, en Zaragoza, supera las 15.000. Estos dos episodios explican en gran medida el repunte de la superficie afectada. A ellos se suman otros incendios significativos, como el de San Bartolomé de la Torre (Huelva, 4.600 ha), el de Los Gallardos (Almería, 5.400 ha) —que dejó varias víctimas mortales— y el de la Bisbal d’Empordà (Girona), que rebasó las 2.000 ha.

Prácticamente la mitad de la superficie calcinada, cerca de 50.000 hectáreas, corresponde a terreno forestal. Este balance coloca a España entre los países europeos con mayor superficie quemada en 2026 y agrava el impacto ecológico, alargando el plazo de recuperación de los ecosistemas más castigados por las llamas.

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No solo hectáreas: la intensidad como medida de peligro

Ferran Dalmau, ingeniero forestal de la Fundación Pau Costa, y Martí Rosell, subinspector de Bombers de la Generalitat, coinciden en que la superficie quemada cuenta solo una parte de la historia. La intensidad y la velocidad del fuego son los parámetros que definen la gravedad real de un incendio. “Un incendio de 50 hectáreas con una intensidad muy alta puede ser mucho peor que uno de 10.000 a baja intensidad”, resume Rosell.

Para ponerlo en perspectiva, Dalmau recurre a una imagen cotidiana: un calefactor eléctrico doméstico ronda los dos kilovatios de potencia. Un frente de llamas forestal, en cambio, puede liberar miles de kilovatios por metro de frente. Cuando la intensidad supera los 10.000 kilovatios por metro, los equipos de extinción ya no pueden atacar directamente las llamas y deben centrarse en proteger viviendas e infraestructuras. Además, la velocidad de propagación, la longitud de las llamas —que para poder atacarse no deben superar los 3,5 metros— y la aparición de focos secundarios o pirocúmulos convierten a estos incendios en fenómenos extremadamente difíciles de controlar.

Un cóctel peligroso: olas de calor encadenadas y tormentas secas

La concatenación de días muy cálidos y la falta de humedad en la vegetación elevan el riesgo de que los incendios se comporten de forma extrema. Dalmau advierte: “Estamos enlazando una ola de calor con otra, y la situación todavía puede ir a peor”. La vegetación no recupera margen de humedad y, según el ingeniero, “puede ser que los incendios aún no hayan mostrado todo su potencial”.

A esta situación se añade la amenaza de las tormentas secas con aparato eléctrico. “Los fuegos originados por rayos en ese contexto suelen ser rápidos, simultáneos y en zonas de difícil acceso”, precisa Dalmau. Es precisamente esa simultaneidad la que desborda a los servicios de extinción en momentos críticos.

Los incendios de este verano han mostrado una intensidad que supera la capacidad de extinción en varios frentes, y los expertos temen que lo peor aún no haya llegado.

Para los especialistas, la temporada obliga a cambiar la mirada. Rosell insiste: “Hay que hablar de incendios extremos y no tanto de megaincendios, porque la etiqueta de megaincendio se asocia demasiado a la superficie”. El incendio de la Bisbal d’Empordà, por ejemplo, tuvo comportamientos extremos con potencial para arrasar más de 10.000 hectáreas aunque, afortunadamente, la actuación de los bomberos limitó su extensión a algo más de 2.000.

Dalmau coincide y añade que no es lo mismo que arda arbolado, matorral o cultivo. De las 110.000 hectáreas calcinadas, la mitad son forestales, pero el verdadero reto es anticipar la intensidad para proteger a la población y a los equipos de extinción. “Los últimos incendios han mostrado comportamientos extremos y será necesario estudiarlos con detenimiento”, afirma.

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Mientras el país afronta la tercera ola de calor del verano, los equipos de extinción permanecen en alerta máxima. La prevención, insisten los especialistas, es la única vía para que los incendios no se conviertan en fenómenos incontrolables. Y con las previsiones meteorológicas sin tregua, la temporada dista mucho de estar cerrada.

📌 El foco social: las claves

  • 🔎 Qué es lo importante: España supera las 110.000 hectáreas quemadas en 2026, con grandes incendios en Guadalajara y Zaragoza.
  • 👥 Quiénes son los afectados: Comunidades rurales, ecosistemas forestales y servicios de emergencia.
  • ➡️ Qué consecuencias puede traer: Mayor riesgo de fuegos extremos mientras se encadenan las olas de calor.