Detectan azúcar en el espacio interestelar profundo por primera vez en la historia

Científicos del CSIC han hallado por primera vez una molécula de azúcar fuera del sistema solar, en una nube cercana al centro de la Vía Láctea. El hallazgo sugiere que los ingredientes básicos de la vida pudieron llegar a nuestro planeta desde el espacio.

El azúcar que le da a las frambuesas ese toque dulce acaba de aparecer donde nadie lo esperaba: flotando en una nube de gas cerca del centro de nuestra galaxia. Un equipo de astrónomos del Centro de Astrobiología (CAB), centro mixto del CSIC y el INTA, ha confirmado la primera detección de una molécula de azúcar en el medio interestelar, la vasta región que separa unas estrellas de otras.

El hallazgo, liderado por la investigadora Izaskun Jiménez-Serra y publicado este lunes en la revista Nature Astronomy, no es un dato menor para la ciencia. Hasta ahora se habían identificado más de 340 moléculas distintas en el polvo y los gases de la Vía Láctea, pero ninguna correspondía a un azúcar como tal, así que el descubrimiento reescribe una parte del mapa químico del universo.

Qué azúcar se ha encontrado en el espacio

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El compuesto detectado se llama eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono que en la Tierra aparece de forma natural en frambuesas y otros frutos rojos, y que también se usa como ingrediente en cremas autobronceadoras. Los investigadores lo localizaron en la nube molecular G+0,693−0,027, situada a unos 26.000 años luz de distancia, en pleno corazón de la Vía Láctea.

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Lo llamativo es que, según el equipo, este azúcar es al menos ocho veces más abundante que otras moléculas similares de tres átomos de carbono buscadas en la misma región. Ese dato desafía la teoría dominante en astroquímica, que sostenía que las moléculas del espacio crecen añadiendo átomos de carbono uno a uno, de forma progresiva y lenta.

Cómo lo detectaron los científicos españoles

Para llegar a esta conclusión, el equipo combinó observación astronómica, espectroscopía de laboratorio y modelos de química teórica. La eritrulosa se identificó comparando su firma molecular específica con los datos de ondas de radio captados en la nube de gas, un proceso que exige una sensibilidad extrema porque las moléculas orgánicas complejas dejan rastros muy débiles.

La clave estuvo en dos instalaciones españolas: el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes, en Guadalajara, y el telescopio de 30 metros del Instituto de Radioastronomía Milimétrica (IRAM), en Sierra Nevada. Ambos realizaron observaciones espectroscópicas de banda ancha y ultrasensibles que permitieron aislar la molécula entre el ruido de fondo de toda la nube molecular.

Qué significa esto para el origen de la vida

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Los azúcares no son un capricho químico: son piezas esenciales de la vida tal como la conocemos. Ayudan a las células a obtener energía, forman estructuras biológicas y son parte del armazón del ADN y el ARN. Por eso encontrar uno flotando libre en el espacio, antes incluso de que existan estrellas o planetas, cambia la conversación sobre cómo empezó todo.

Según los propios investigadores, la presencia de eritrulosa en el medio interestelar respalda la idea de que estos compuestos podrían haberse originado en la nube molecular que dio lugar a nuestro propio sistema solar, hace unos 4.500 millones de años. Es decir, que parte de los ladrillos químicos de la vida en la Tierra pudieron llegar de fuera, transportados por cometas y meteoritos.

Un viaje de miles de millones de años hasta la Tierra

Los cálculos del equipo apuntan a algo todavía más concreto: basándose en la abundancia de eritrulosa medida en la nube G+0,693−0,027, estiman que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de este azúcar pudieron haber llegado a la superficie terrestre durante el llamado Bombardeo Intenso Tardío, hace unos 4.000 millones de años. Ese episodio, en el que asteroides y cometas golpearon masivamente los planetas jóvenes, pudo actuar como una lluvia química sobre un planeta todavía estéril.

La propia Jiménez-Serra ha comparado el proceso de formación de la eritrulosa con un juego de construcción: la molécula se forma probablemente sobre la superficie helada de granos de polvo interestelar, uniendo dos precursores orgánicos más simples de solo dos átomos de carbono cada uno. Sería, en sus palabras, como unir dos bloques grandes para levantar uno todavía mayor.

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Otros hallazgos que refuerzan esta hipótesis:

  • Azúcares como la ribosa y la glucosa ya se habían encontrado antes en meteoritos y asteroides.
  • Nunca se había detectado ninguno directamente en el gas y el polvo entre estrellas.
  • La eritrulosa puede transformarse con facilidad en otros azúcares clave para la química prebiótica.
  • El descubrimiento abre la puerta a buscar moléculas todavía más complejas, como la propia ribosa, en otras regiones de la galaxia.

Qué azúcares faltan por encontrar en el cosmos

Uno de los coautores del estudio, Carlos Briones, investigador en evolución molecular del CSIC, ha subrayado que la detección de la eritrulosa abre la puerta a nuevas búsquedas. El siguiente objetivo lógico sería localizar ribosa, la molécula que forma parte estructural del ARN y que resulta todavía más relevante para entender el salto de la química a la biología.

El propio equipo reconoce que persiste una gran incógnita: los experimentos de laboratorio muestran que, en condiciones parecidas a las de la Tierra primitiva, estos azúcares no se generan con facilidad. Esa dificultad es precisamente lo que hace tan interesante encontrarlos ya formados en el espacio, donde las condiciones extremas de frío y vacío parecen favorecer reacciones que aquí resultarían casi imposibles.

Qué viene ahora en la búsqueda de vida en el espacio

El hallazgo llega en un momento en el que la astrobiología vive un buen momento de forma general, con misiones que buscan moléculas orgánicas en Marte y telescopios cada vez más sensibles rastreando el cosmos. La detección de la eritrulosa demuestra que la química de la vida no espera a que existan planetas para empezar a ensayar sus primeras combinaciones.

Para los próximos años, el reto será ampliar este tipo de observaciones a otras nubes moleculares de la galaxia y comprobar si la eritrulosa es una rareza local o un ingrediente común en la fábrica química del universo. Si se confirma lo segundo, la idea de que los componentes básicos de la vida están más repartidos por el cosmos de lo que se pensaba dejaría de ser una hipótesis y pasaría a ser, simplemente, un hecho observado.