Reconócelo, tú también has comprado caldo de brick más de una vez por pura pereza. Lo entiendo: picar verduras, esperar horas, colar… parece un plan para un domingo lluvioso, no para un martes a las siete de la tarde. Pero Jordi Cruz, el chef con tres estrellas Michelin y juez de MasterChef, tiene un truco que te hará cambiar de idea: un chorrito de salsa de soja blanca. Así de simple.
El propio Cruz lo explica en sus redes: él no lo llama caldo, lo llama “infusión de verduras”. La diferencia está en el mimo con el que cocina los ingredientes para no destrozar las vitaminas ni los minerales. Y, confiesa, esta preparación es su salvavidas cuando se siente hinchado, necesita algo diurético o simplemente quiere hidratarse a fondo sin recurrir a nada procesado. Te lo digo yo: una vez que pruebas el resultado, no vuelves al tetrabrik.
La base es de una sencillez insultante: un kilo y medio de verduras variadas para dos litros y medio de agua. Eso sí, puedes usar zanahoria, puerro, apio, nabo, chirivía, y col, aunque el chef anima a aprovechar lo que tengas por la nevera. La clave, y aquí empieza lo bueno, es picarlas bien pequeñas. “Va a facilitar más la extracción de micronutrientes, vitaminas y minerales que se van a infundir en el agua”, asegura. Vamos, que no es cuestión de prisa, sino de física pura.
El chorrito que cambia todo (y no es lo que imaginas)
Cuando crees que ya lo tienes todo en la olla con sus 10 gramos de sal por litro de agua, llega el gesto que lo redondea: un chorrito de salsa de soja blanca, también conocida como shiro shoyu. Puedes encontrarla en cualquier supermercado asiático o tienda especializada. Esta variedad lleva más trigo y menos soja que la salsa tradicional, lo que la hace ligeramente más dulce y mucho más suave. Es salada, sí, pero sin ese punto oscuro e invasivo que a veces arruina un caldo delicado.
El truco no es solo de sabor. Como su tono es más claro, no enturbia el caldo ni le da ese color marrón que asusta a quienes buscan una sopa ligera. Simplemente, realza las verduras sin enmascararlas. Y, atención, porque el chef también insiste en un detalle que muchos pasamos por alto: después del primer hervor, hay que bajar el fuego y mantener “suaves borbotones durante una hora y cuarto de cocción”. Nada de hervir a lo bestia; la temperatura suave “va a respetar las propiedades, los beneficios de tu caldo”, promete Cruz.
Un simple chorrito de salsa de soja blanca, y un hervor suave durante una hora y cuarto, convierte cualquier verdura en un caldo limpio, digestivo y lleno de sabor.
Por qué este caldo sí merece la pena (y los de brick, no)
La gracia está en que el resultado es justo lo que el cuerpo te pide cuando estás perezoso o con el estómago revuelto: un líquido transparente, casi una infusión, que no lleva aditivos raros. Cruz lo recomienda para momentos de molestias digestivas o hinchazón, y tiene toda la lógica: la cocción lenta extrae los nutrientes sin destrozarlos, y la soja blanca le da el punto de umami necesario para que no eches de menos ni un cubito de caldo concentrado. ¿El broche? Lo que sobre lo puedes congelar con la técnica de los restaurantes: repartido en porciones, listo para cualquier emergencia.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 1 hora y 35 minutos (20 de preparación, 1 hora y 15 de cocción suave). Nivel de dificultad: fácil. No tires el caldo después de colarlo: el chef recomienda guardar las verduras cocidas para otras preparaciones.



