Felipe VI se enfrenta este año a una transición que ninguna corona puede blindar: ver a sus hijas convertirse en adultas que ya no necesitan su mano para cruzar la calle. No hay un día concreto en que esto ocurra, según explica la psicóloga Leticia Martín Enjuto: simplemente sucede, sin previo aviso ni fecha marcada en el calendario.
La princesa Leonor, de 20 años, y la infanta Sofía, de 18, ya hacen sus propias vidas, y septiembre marcará el salto definitivo: la heredera dejará atrás la Academia General del Aire para empezar la universidad en Madrid. Un cambio que, según la experta, obliga a los padres a aprender a soltar sin dejar de estar presentes.
Felipe VI, frente al reto de soltar a sus hijas
Para Felipe, la paternidad real nunca ha sido solo un asunto de protocolo, sino de vínculos que ahora empiezan a transformarse. Martín Enjuto explica que las conversaciones familiares dejan de girar en torno a horarios y deberes para centrarse en sueños, decisiones y proyectos de vida propios. La relación se vuelve más horizontal, apunta la psicóloga, y también más profunda con el paso de los años.
Lo que atraviesan el rey y la reina, insiste la experta, no es un caso aislado ni un privilegio incómodo de la vida institucional. Es, en realidad, una experiencia universal que comparten millones de familias españolas cuando los hijos empiezan a construir su propio camino, con o sin cámaras delante.
Felipe, Letizia y una etapa que se prepara desde hace tiempo
Buena parte de este proceso tiene que ver con la propia evolución personal de Felipe, un rey al que varias psicólogas describen como una figura serena que rara vez necesita ocupar el centro de la escena. Junto a él, Letizia afronta esta etapa con la misma exigencia constante que ha marcado toda su trayectoria desde que dejó el periodismo para convertirse en reina consorte, en 2004.
Ambos, según coinciden varias voces expertas consultadas en los últimos meses, han apostado por una educación que no asfixia, algo que explicaría por qué sus hijas afrontan esta independencia con más naturalidad que otras casas reales europeas, más dadas al control férreo de la imagen de sus herederos.
El otoño que promete poner a prueba a los Reyes
Septiembre será el mes clave. Leonor pondrá fin a su formación militar en San Javier y se matriculará en el Grado en Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III de Madrid, aunque seguirá viviendo cerca de sus padres, en el Palacio de la Zarzuela. Sofía, en cambio, continuará su vida académica lejos de casa, repartida entre distintas ciudades europeas.
Ese contraste, según los especialistas, forma parte también del aprendizaje: cada hija construye su propio ritmo de independencia, y los padres deben adaptarse a las dos velocidades a la vez. Es, en palabras de la propia psicóloga, un examen real para toda la familia, protocolo aparte.
Qué significa realmente soltar el control
Soltar no significa desaparecer, aclara la psicóloga: los vínculos afectivos no se rompen, simplemente cambian de forma. Los hijos dejan de necesitarnos para todo, aunque nunca dejen de necesitarnos para algunas cosas, y comprender esa diferencia es una de las lecciones más difíciles de la vida adulta.
Esta transición también reconfigura la pareja. Cuando las obligaciones diarias con las hijas se reducen, muchos padres redescubren tiempo para sí mismos, para recuperar proyectos personales o, simplemente, para mirarse de otra manera después de dos décadas de crianza compartida.
El aprendizaje de Felipe
Su carácter pausado, forjado desde la infancia y reforzado por su propia formación militar, le da cierta ventaja a la hora de gestionar la distancia con serenidad, según coinciden varias psicólogas consultadas por la prensa en los últimos meses.
El aprendizaje de Letizia
Su perfil más activo y perfeccionista podría hacerle vivir la despedida con mayor intensidad emocional, aunque su experiencia previa —ya notó el llamado síndrome del nido vacío cuando Leonor se fue a Gales— la deja mejor preparada de lo que parece a simple vista.
Claves para acompañar sin controlar
Ni la Corona escapa a las reglas básicas de la psicología familiar. Los expertos coinciden en varios principios que ayudan a cualquier padre o madre a atravesar esta etapa sin perder el vínculo con sus hijos ni la propia identidad como pareja.
Aplicarlos no elimina la nostalgia, pero sí evita que la distancia se convierta en desconexión, algo que preocupa especialmente cuando la vida familiar se desarrolla bajo la mirada constante de la opinión pública.
- Mantener la comunicación abierta sin exigir información constante.
- Dejar espacio para que los propios hijos tomen decisiones y se equivoquen.
- Cultivar proyectos personales al margen de la crianza.
- Aceptar que la relación cambia de forma, no que se termina.
Lo que le espera a la familia real a partir de ahora
Lo que atraviesan Felipe y Letizia en los próximos meses no es, en el fondo, muy distinto de lo que viven miles de familias españolas cada septiembre. La diferencia es que ellos lo hacen bajo focos, cámaras y portadas, algo que no facilita precisamente la despedida.
La buena noticia, según los especialistas, es que una educación basada en la confianza suele traducirse en hijos capaces de volar sin romper el vínculo con casa. Y esa, más que cualquier titular, es la verdadera prueba de que algo se ha hecho bien.





