Betabloqueantes y miedo escénico: por qué crece su uso y qué riesgos implica

Una presentación importante, una oposición, o una conferencia pueden desencadenar una ansiedad intensa. En los últimos años, los betabloqueantes se han popularizado como un recurso para controlar los nervios y evitar que el cuerpo delate el miedo. Pero detrás de esta práctica se esconden riesgos que van desde efectos cardiovasculares, hasta una creciente dependencia psicológica de la medicación para afrontar determinadas situaciones.

Es por ello por lo que los especialistas recuerdan que existen alternativas terapéuticas capaces de reducir la ansiedad escénica sin necesidad de recurrir a fármacos, tal y como asegura Itxasne Gallastegui Asua, especialista en Psicología Clínica en el Hospital Quirónsalud Bizkaia y en el Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi.

Itxasne Gallastegi
Itxasne Gallastegui Asua, especialista en Psicología Clínica en el Hospital Quirónsalud Bizkaia y en el Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi.

Explica que los betabloqueantes son fármacos que bloquean los receptores beta-adrenérgicos, reduciendo los efectos de la adrenalina en el organismo: “Se utilizan principalmente para tratar patologías como la hipertensión arterial, las arritmias, la cardiopatía isquémica, o la prevención de migrañas. En algunos casos muy concretos, también pueden emplearse para reducir síntomas físicos de ansiedad, siempre bajo indicación médica”.

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Pero es que hoy en día estamos viviendo el fenómeno de que muchas personas, y cada vez más, son las que recurren a estos fármacos para controlar los nervios al hablar en público.

“Los betabloqueantes actúan sobre el sistema cardiovascular y pueden provocar efectos como bajadas de tensión, mareo, fatiga, o dificultades respiratorias en personas con determinadas condiciones, como el asma”, detalla la experta del Hospital Quirónsalud Bizkaia.

Además, recuerda que en la consulta son testigos con bastante frecuencia de que la persona acaba atribuyendo su capacidad de afrontamiento únicamente al fármaco. “Esto puede generar una dependencia psicológica, y dificultar el desarrollo de recursos propios para gestionar la ansiedad”, sostiene esta psicóloga clínica.

Por qué no se deberían utilizar sin indicación médica

Igualmente, ve conviene señalar que su uso puede ser útil en situaciones muy puntuales y bajo control médico, pero no constituye una solución al problema de base. “No se deberían utilizar sin indicación médica porque no son un recurso inocuo, ni universalmente seguro. Cada persona tiene un perfil de salud distinto, y estos fármacos pueden estar contraindicados o interactuar con otros tratamientos”, asevera Gallastegui.

Además, mantiene que cuando los betabloqueantes se utilizan sin una evaluación adecuada es habitual que refuercen estrategias de evitación. “Por ejemplo, sentir que sólo se puede afrontar una situación si se toma algo, y esto a medio plazo mantiene e, incluso, intensifica la ansiedad”, apunta esta experta.

En concreto dice que los betabloqueantes actúan disminuyendo la activación fisiológica del organismo: “Al bloquear los efectos de la adrenalina reducen la frecuencia cardiaca, el temblor, y otros signos físicos de activación”.

En la práctica clínica, esta psicóloga clínica de Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi incide en que muchas personas describen que “el cuerpo se calma”, pero que la mente sigue anticipando el juicio o el error. “Esto refleja bien que su efecto se limita a la respuesta corporal. No modifican los pensamientos, ni el miedo al juicio social, que son componentes centrales del pánico escénico”, resalta.

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Alternativas seguras y efectivas

Ante este escenario, Itxasne Gallastegui asegura que las intervenciones psicológicas, especialmente desde la terapia cognitivo-conductual, son el abordaje de elección como alternativas seguras y efectivas en aquellos casos en los que el miedo escénico está presente, por ejemplo, ante una conferencia o presentación al público.

Entre las estrategias a seguir detalla las siguientes:

- La reestructuración cognitiva, para trabajar pensamientos anticipatorios y miedo al juicio.

- La exposición progresiva a situaciones de habla en público.

- El entrenamiento en habilidades de comunicación.

- Técnicas de regulación fisiológica, como la respiración diafragmática.

“Desde la neuropsicología sabemos que la exposición repetida y controlada permite que el sistema nervioso reduzca progresivamente la respuesta de amenaza. Y esto es algo que vemos claramente en la evolución de los pacientes: lo que al inicio genera un alto nivel de activación, con práctica se vuelve manejable”, mantiene Gallastegui.

Según afianza, el objetivo no es eliminar los nervios, sino aprender a relacionarse con ellos de forma que no limiten el desempeño. “Los betabloqueantes pueden silenciar el síntoma, pero el verdadero cambio ocurre cuando la persona aprende a sostener la activación sin depender de él”, concluye esta psicóloga clínica de Quirónsalud.