La bodega de 47 millones de euros diseñada para producir los mejores vinos

La bodega Perelada, en el Empordà, costó 47 millones de euros y es fruto de 20 años de trabajo entre los arquitectos RCR y el enólogo Delfí Sanahuja. Es la más grande de la DO y un referente del enoturismo mundial.

Hay bodegas que se contentan con hacer buen vino, y luego está Perelada: un proyecto de 47 millones de euros que ha tardado dos décadas en materializarse y que ya es un referente del vino premium y el enoturismo de lujo en España. Situada en pleno Empordà, esta bodega diseñada por el estudio RCR Arquitectes —ganador del premio Pritzker— y el enólogo Delfí Sanahuja rompe moldes por fuera y por dentro.

Lo primero que sorprende es que no se ve. La bodega no tiene fachada ni rótulo visible, está integrada en el paisaje como si fuera un campo de piedras. Solo la tramontana y las cigüeñas que pasean por el tejado delatan que ahí abajo hay un universo de vino. Una decisión de los arquitectos que refleja su obsesión por el entorno y la funcionalidad.

Un camuflaje perfecto: no se ve, pero se siente

Delfí Sanahuja lo explica con una sonrisa: “El edificio te tiene que emocionar desde dentro, no desde fuera. No queríamos un cartel que se viera desde Figueres”. Y así es. La bodega, de 18.200 metros cuadrados, se construyó en un desnivel y se excavó para crear pasillos subterráneos, el Laberinto, y la sala más especial, el Templo, donde reposan los vinos de gama más alta.

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La historia pudo ser muy distinta. El propietario Artur Suqué era amigo de Ricardo Bofill padre, que ya había hecho la bodega de Château Lafitte. Pero dejó que su hijo Javier decidiera, y este apostó por los entonces desconocidos RCR. “Nos tocó la lotería —recuerda Sanahuja— porque en 2017 les dan el Pritzker”. Veinte años de trabajo conjunto que empezaron en 2003, se frenaron por la crisis y culminaron en 2022. Una simbiosis que, según el enólogo, ha dado como fruto una bodega que “no pasará de moda”.

Pero que no se vea no significa que no sea espectacular. Los arquitectos de Olot, que ya habían trabajado con el estudio en Les Cols, se empaparon de vino junto a Sanahuja visitando 150 bodegas de todo el mundo antes de poner un solo ladrillo. De esas visitas nació un diseño obsesivo con la funcionalidad, la sostenibilidad y, por qué no decirlo, la belleza.

La paciencia y la obsesión por el detalle han convertido a Perelada en un templo del vino: no es solo una bodega, es una experiencia que empieza en la tierra y acaba en la copa.

Dentro de la bodega: un laberinto, la catedral sin pilares y el Templo del vino

La visita empieza en el antiguo edificio de la granja, de los años 40, restaurado y reconvertido en espacio de enoturismo. Ahí están la recepción, el wine bar, la tienda y las salas de catas. Después, un vídeo evocador y un pasillo audiovisual que muestra las viñas de l'Empordà, con sus suelos de pizarra y arcilla, la tramontana y el mar de fondo, te preparan para lo que viene.

Entonces se entra en el Laberinto, un recorrido que ya ha ganado varios premios internacionales de enoturismo. Siempre en grupos de máximo 15 personas, guiados, sin mezclarse con la zona de trabajo. Porque aquí el enoturismo y la producción no se estorban: la pasarela de visitas está a 3,5 metros de altura, y dejas que los aromas de fermentación te envuelvan sin necesidad de casco ni calzas.

Y de repente, la catedral: una sala de 2.500 metros cuadrados sin un solo pilar. Sanahuja bromea: “La catedral de Girona tiene una nave central de 23 metros, la más ancha de Europa sin pilares. Esta tiene 29. ¡Ganamos a la catedral!”. La razón es práctica: donde hay un pilar no cabe un depósito. Pero el efecto es imponente.

El edificio tiene tres niveles: el de trabajo, la pasarela de visitas y el de oficinas. Las instalaciones (agua caliente, osmotizada, nitrógeno, climatización) están ocultas pero accesibles. “Esto no es un museo”, recuerda Sanahuja. La bodega se enclava en en el corazón del Empordà y se ha convertido en un motor para toda la Denominación de Origen.

Enoturismo de lujo y la obsesión por hacer los mejores vinos

La bodega atrae a 22.000 visitantes al año y forma parte de los 50 cellers más admirados del mundo. La experiencia está tan bien diseñada que uno se olvida de que está en una instalación que produce millones de botellas. Porque Perelada es la más grande de la DO Empordà y ha sido un motor para la región. De los vinos más asequibles, que cuestan entre 15 y 20 euros, se embotellan dos millones de unidades al año. Los de gama alta, a partir de 20 euros, rondan las 100.000 botellas.

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Dentro de la bodega hay otra bodega, el Templo. Un espacio inspirado en las pirámides y las iglesias, con barricas dispuestas en una ligera curva, como costillas. Aquí es donde Sanahuja experimenta con cemento y vidrio, y donde los arquitectos se dieron el capricho de crear un lugar con “magia y mística” para que los vinos evolucionen. Todo ello bajo certificado Leed Gold, el primero en una bodega europea. Sostenibilidad, automatización para paliar la falta de mano de obra, y un equipo de solo ocho personas para vinificar, demuestran que el lujo también es eficiencia.

La apuesta por la calidad no ha puesto límites al presupuesto. Javier Suqué, hijo de Artur, no escatimó en gastos y confió en el criterio de Sanahuja, que lleva 33 vendimias en la casa y es, según sus palabras, “hombre de una sola bodega”. El enólogo, que entró en 1993, ha sido parte esencial de un proyecto que busca, ante todo, “intentar hacer los mejores vinos posibles”. Y, a juzgar por los resultados, van por muy buen camino.

🍽️ La ficha foodie

  • 🏠 Local / Establecimiento: Bodega Perelada
  • 📍 Ubicación: Peralada, Girona (Empordà)
  • 🍴 Tipo de comida / Especialidad: Vinos premium y enoturismo de lujo
  • 💰 Precio medio: Vinos desde 15-20€; visitas (consultar tarifas en su web)