Reconócelo: a veces te cuesta decir 'no' o poner límites. Según la psicóloga de Harvard Cortney S. Warren, hay nueve frases que, usadas a diario, delatan seguridad. Y puedes empezar hoy.
La experta asegura que “el sentido de seguridad en uno mismo nos hace más capaces de navegar por los conflictos y ser vulnerables con los demás”. Es decir, no es postureo: la confianza real se nota en las palabras pequeñas.
El poder del ‘no’ y otras palabras que lo cambian todo
La primera frase es ‘no’. Warren insiste en que las personas seguras no temen usarla sin sentirse culpables. No es un no tajante, sino asertivo: “Lo siento, pero no puedo ayudar con eso porque tengo otros compromisos” o “Gracias por la oferta, pero no es algo que quiera hacer”. El libro ‘Cuando digo no, me siento culpable’ ya exploró esta clave sobre la asertividad.
Otra joya es “No me siento cómoda con eso”. Con esta frase, le dices a alguien que su actitud te afecta sin atacarle. Por ejemplo: “Cuando dices cosas así, me siento herido y enfadado” o incluso “Si me tratas así, me voy a alejar”. Son límites claros, y sin dramas innecesarios.
Y luego está la que más me ha cambiado: “Déjame pensar en eso antes de responder”. Yo antes soltaba lo primero que se me venía, así que me tomé (este consejo como un mantra). La psicóloga explica que las personas seguras eligen sus respuestas, no son impulsivas. En la práctica, un “Estoy frustrada y necesito un rato para mí. No quiero decir algo de lo que me arrepienta” nunca falla.
Confianza que se nota en la vulnerabilidad
La seguridad no es ir de dura por la vida. Frases como “Trabajaré en ello” muestran que aceptas tus fallos: “Entiendo que esto es importante para ti, así que trabajaré para ser más comprensivo cuando hable contigo”. Otro clásico: “Esto es lo que soy y estoy orgullosa de ello”, que equivale al imbatible “lo que ves, es lo que tienes”.
Una persona segura también acepta críticas sin derrumbarse. Preguntar “¿Soy así?” sin ponerse a la defensiva es una declaración de intenciones. Y si la situación es delicada, un “Lamento que estés pasando por esto. ¿Cómo puedo ayudarte?” te coloca en modo empatía pura. La psicóloga recuerda que la empatía se entrena, no se hereda.
Por último, “Esto me importa” y “Lo intentaré” cierran el círculo. La primera refuerza tus valores —“No creo que estés actuando de manera ética, y no puedo quedarme callada”— y la segunda transforma el miedo al fracaso en un trampolín. John Maxwell, en ‘El lado positivo del fracaso’, lo resume: perder es aprender.
Usar estas nueve frases no te convierte en alguien perfecto, pero sí en alguien que se respeta a sí mismo y a los demás.
Cómo incorporarlas sin parecer un robot de autoayuda
La clave, según Warren, es la práctica diaria. Empieza por la que más te cueste —para mí fue el ‘no’— y utilízala en situaciones de bajo riesgo. Por ejemplo, con el camarero que te ofrece algo que no quieres. El tono importa más que las palabras exactas: una voz tranquila y contacto visual sincero multiplican el efecto.
Lo que no funciona es memorizarlas como un papagayo sin contexto. Si dices “no me siento cómoda con eso” con los brazos cruzados y mirada al suelo, el mensaje es otro. La confianza real es coherente, tal como subraya la experta: “Las personas seguras son consistentes en cómo se manejan en el mundo”.
Así que ya sabes, la próxima vez que necesites poner un límite o apoyar a alguien, elige una de estas frases. Notarás que las conversaciones fluyen mejor y, de paso, dormirás más tranquila.
🧠 Para soltarlo en la cena
La confianza no se hereda, se ensaya con frases como “no”, “déjame pensarlo” y “trabajaré en ello”.




