¿Algo más que amigos? Revelan la verdadera relación entre Felipe VI y su compañero más fiel en la universidad

El paso por las instituciones académicas marca la personalidad de cualquier ciudadano, y en el caso de la monarquía española, supuso un punto de inflexión histórico.

Cuando el heredero a la Corona, actualmente Felipe VI, decidió iniciar su formación superior, la elección no recayó en un centro privado o elitista, sino en la Universidad Autónoma de Madrid. Aquella etapa en la Facultad de Derecho no solo buscaba dotar al futuro monarca de conocimientos jurídicos, sino también sumergirlo en un entorno de realidad social.

En una época donde la privacidad no estaba amenazada por la inmediatez de los teléfonos móviles con cámara, la Casa Real diseñó un plan de normalización para que el hijo de Juan Carlos I y la reina Sofía fuera, en la medida de lo posible, un alumno más. Aquel joven, identificado en las actas como Felipe Borbón y Grecia con el número 15 de DNI, tuvo que lidiar con la barrera invisible que su título generaba en los demás. La timidez inicial de sus compañeros, que evitaban sentarse a su lado por no saber cómo comportarse, fue el primer obstáculo que el propio príncipe tuvo que derribar para disfrutar de una experiencia universitaria plena.

La cercanía del rey Felipe VI en las aulas de la Autónoma

La cercanía del rey Felipe VI en las aulas de la Autónoma
La cercanía del rey Felipe VI en las aulas de la Autónoma | Fuente: Europa Press

La integración del rey Felipe VI en la vida académica fue un proceso gradual pero efectivo. A pesar de lo que dictaba el protocolo en actos oficiales, dentro de la facultad se impuso la sencillez. Testigos directos de aquellos años aseguran que el trato era sorprendentemente horizontal. Un antiguo compañero de facultad explicaba para Lecturas cómo se gestionaba esa convivencia: “Ningún profesor lo ha tratado de alteza en clase. Siempre de usted, como a todos los demás. Nosotros le llamamos Felipe y lo tratamos de tú”.

Publicidad

La disposición física dentro del aula también enviaba un mensaje de apertura. Al inicio del curso, se produjo un fenómeno curioso: las plazas cercanas al heredero quedaban vacías por el respeto o el miedo de los demás estudiantes a romper alguna regla no escrita. “Ocupó una de las primeras filas de la clase, y viendo que nadie se sentaba cerca, tuvo que pedir que no tuvieran ningún problema”, recordaba una compañera años después sobre aquel gesto del príncipe para romper el hielo y normalizar su presencia, según la misma revista.

El día a día de un alumno con responsabilidades de Estado

Frente a los rumores que sugerían que Felipe VI recibía una educación aislada o privilegiada, quienes vivieron aquellos cinco años de carrera desmienten esa versión. El compromiso con la asistencia fue constante, salvo en contadas excepciones marcadas por su agenda oficial o lutos familiares. “No es cierto que, como se ha dicho, Felipe estuviera prácticamente aislado 'sin cruzarse' con los demás alumnos porque fuera a una clase solo para él”, aclaraba una integrante de su promoción en un reportaje posterior.

Según los testimonios recopilados, el rey Felipe VI asistió a las clases del grupo II de Derecho de forma cotidiana. “Durante los cinco años de carrera, Felipe asistió a clase a diario dentro del grupo en el que también estaba yo. Solo faltaba ocasionalmente, coincidiendo, por ejemplo, con los premios Príncipe de Asturias. También creo recordar que faltó cuando falleció su abuelo. Y en clase teníamos un trato normal con él. No le llamábamos 'Alteza' ni nada por el estilo”, añadía la misma fuente. Esta regularidad permitió que entablara conversaciones fluidas, aunque siempre bajo una pátina de cautela: “Él hablaba normalmente si entablabas una conversación con él, aunque sí se notaba que actuaba siendo consciente de que todos le observaban”.

Seguridad invisible y el entorno de protección en la facultad

Seguridad invisible y el entorno de protección en la facultad
Seguridad invisible y el entorno de protección en la facultad | Fuente: Europa Press

La seguridad era, lógicamente, el único factor que recordaba constantemente la identidad del alumno, Felipe VI. Eran años complejos en España, con una fuerte actividad de la banda terrorista ETA, lo que obligaba a mantener un anillo de protección estricto pero discreto alrededor del hijo de los reyes. El joven Borbón solía desplazarse a la facultad en su propio vehículo. En el aparcamiento era habitual ver a dos escoltas acompañados por un perro pastor alemán, mientras que otros dos agentes permanecían apostados de forma visible en los pasillos, justo fuera del aula de clase.

Sin embargo, existía un nivel de protección que los alumnos no detectaron hasta que terminó la carrera. Se trataba de un agente infiltrado que se hizo pasar por un estudiante más durante todo el lustro académico. “Hasta finalizada la carrera no supimos que dentro de clase había otro guardaespladas de incógnito que, de hecho, hizo la carrera al mismo tiempo que nosotros. Se llamaba Alberto”, revelaba una compañera. Además, el grupo del rey Felipe VI siempre ocupó la misma aula, situada estratégicamente cerca de la entrada principal de la facultad por motivos de evacuación y seguridad.

Ajustes académicos y la reacción del cuerpo estudiantil

Aunque la convivencia personal fue pacífica, la adaptación del plan de estudios sí generó ciertos debates en el seno de la Universidad Autónoma. La Casa Real y las autoridades académicas consideraron necesario que la formación fuera de máxima utilidad para un futuro jefe de Estado, lo que derivó en la potenciación de asignaturas de Derecho público y la reducción de materias de Derecho privado. Este cambio, aplicado a todo el grupo, no fue del agrado de todos los sectores estudiantiles.

Algunas voces críticas se alzaron no contra la persona, sino contra las concesiones estructurales. “No nos oponemos a que reciba una educación de calidad. Lo que nos molesta es que solo unos pocos se beneficien de ello”, manifestaba entonces un representante de los comités de alumnos. Otro punto de fricción fue la asignación de docentes de alto nivel que previamente habían declinado dar clases ordinarias. “Por ejemplo, el presidente del Tribunal Constitucional, Tomás y Valiente, siempre se había negado a dar clase y ahora lo está haciendo con el grupo del príncipe”, se quejaba un estudiante de la época.

Publicidad