Eduardo Mendoza la lía: 'Sant Jordi era un maltratador de animales y no sabía leer'

- "Sant Jordi era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer".
- Con esta contundencia se ha expresado el Premio Cervantes Eduardo Mendoza en la Cadena SER, pidiendo formalmente que se deje de asociar el Día del Libro con el santo patrón.

La literatura española siempre ha necesitado a sus enfants terribles, y Eduardo Mendoza parece haber asumido ese papel con un entusiasmo renovado. En una reciente entrevista concedida a la Cadena SER, el autor de La ciudad de los prodigios ha arrojado un jarro de agua fría sobre la festividad más querida de Cataluña. Sus palabras no han dejado indiferente a nadie: propone desvincular definitivamente el Día del Libro de la figura de Sant Jordi, argumentando que el mito que sustenta la fiesta es, bajo los estándares actuales, poco menos que un despropósito moral y pedagógico.

La crítica de Mendoza se centra en la figura del caballero y su violenta resolución del conflicto con el dragón. Con su característico humor cáustico, el escritor ha señalado que elevar a la categoría de símbolo cultural a alguien que se dedicaba a lancear animales —aunque sean mitológicos— es un anacronismo. "Sant Jordi era un maltratador de animales", sentenció, provocando una oleada de reacciones que van desde la risa cómplice hasta la indignación más absoluta de los sectores más tradicionalistas. Para Mendoza, el mito es una exaltación de la fuerza bruta que poco o nada tiene que ver con el acto introspectivo y pacífico de la lectura.

El dardo más doloroso para los amantes del 23 de abril ha sido el cuestionamiento de la alfabetización del santo. Mendoza ha recordado, no sin cierta lógica histórica, que un caballero de la Capadocia del siglo III "seguramente no sabía leer". Resulta evidente que para el escritor, vincular el éxito de la industria editorial y el fomento de la lectura a un personaje analfabeto es una ironía que hemos aceptado sin rechistar durante décadas. Su propuesta es clara: devolverle el protagonismo al libro y a los autores (coincidiendo con el aniversario de la muerte de Cervantes y Shakespeare) y dejar la leyenda del dragón en el ámbito del folclore más rancio.

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La reacción en el mundo de la cultura no se ha hecho esperar, dividiéndose en dos bandos irreconciliables. Por un lado, están quienes defienden el valor del rito y la tradición como motores económicos y sociales; la venta de rosas y libros el 23 de abril es, después de todo, el pulmón financiero de muchas librerías. Por otro, voces más académicas han saludado la valentía de Mendoza al señalar la comercialización excesiva de una fiesta que, en ocasiones, parece dar más importancia a la flor y a la leyenda que al contenido de las páginas.

Mendoza no busca prohibir la fiesta, sino "limpiar" el concepto de la jornada. Su intervención en la SER pone de relieve una fatiga cultural ante los mitos impuestos que no han sido revisados. El escritor aboga por una celebración que sea honesta con su propósito: el Día del Libro debe ser una oda a la inteligencia, al pensamiento crítico y a la creación literaria, valores que, según él, Sant Jordi no representa en absoluto. Es un debate sobre la identidad de una fiesta que, según Mendoza, se ha quedado atrapada en una estética de "cuento de hadas" que ignora la realidad de la literatura moderna.

A pocos días de que las calles se llenen de puestos, la polémica está servida en todas las tertulias. Resulta fascinante ver cómo un solo comentario de un autor respetado puede poner en duda un consenso que parecía inamovible. Mendoza ha puesto el dedo en la llaga de la incoherencia cultural, y lo ha hecho con la libertad que le otorga su trayectoria. ¿Seremos capaces de celebrar el 23 de abril simplemente como el Día del Libro, o la sombra del dragón es demasiado alargada?

Eduardo Mendoza ha lanzado una invitación al pensamiento crítico en el momento más oportuno. Al despojar a Sant Jordi de su armadura, nos obliga a preguntarnos qué celebramos realmente cuando compramos un libro. Puede que el santo no supiera leer, y puede que el dragón fuera la víctima, pero gracias a esta polémica, este año la lectura empezará mucho antes de abrir el primer ejemplar en las Ramblas. El debate ya es el mejor prólogo para este Sant Jordi... o, mejor dicho, para este próximo Día del Libro.