Lo que antes parecía ser un terreno de los más “mayores, ahora parece estar frecuentado por los más jóvenes dentro del mercado laboral. ¿Quién se está cogiendo más bajas laborales en España? ¿Los trabajadores veteranos o los jóvenes que apenas superan los 30? Los últimos datos desmontan algunos tópicos y confirman algo que ya se intuía en muchas oficinas, los menores de 40 años están liderando el aumento de la incapacidad temporal.
Las cifras de la Airef reflejan que la incidencia de las bajas ha crecido cerca de un 60% desde 2017. Pero no lo ha hecho por igual. El grupo de 25 a 35 años registra 41,1 procesos por cada 1.000 afiliados, muy por encima de los 29,7 de los trabajadores de 55 a 65 años. Y la brecha, lejos de reducirse, se amplía.
El debate ya está en la calle. Empresarios que hablan de “problema estructural”, sindicatos que lo vinculan al desgaste emocional tras la pandemia y jóvenes que defienden sin complejos su derecho a parar cuando la salud falla. La conversación va mucho más allá de una simple estadística.
Los menores de 40 disparan las bajas laborales

Los datos son claros, los jóvenes faltan más al trabajo por enfermedad que los mayores. Entre 2017 y 2024, la incidencia de incapacidad temporal en el grupo de 25 a 35 años ha crecido un 66%, frente al 43% en los trabajadores de 55 a 65 años. No es una cuestión de que haya más empleados jóvenes, porque se trata de tasas relativas.
Además, el patrón se repite en casi todos los tramos intermedios. De 35 a 45 años la incidencia es de 34,4 por cada 1.000 trabajadores, y de 45 a 55 baja hasta 28,7. Es decir, a mayor edad, menos procesos de baja… aunque eso no significa menos gravedad. Muchos especialistas señalan que los trabajadores sénior tienden a aguantar más antes de solicitar una baja, lo que puede explicar parte de esta diferencia.
Más salud mental y más presión en los jóvenes

Uno de los factores que está detrás del repunte es la salud mental. En 2024 se registraron más de 203.000 bajas por trastornos mentales y del comportamiento entre trabajadores de 25 a 35 años, un 132% más que en 2017. La incidencia en este grupo es la más alta del país, 4,25 procesos por cada 1.000 afiliados.
Las reacciones han sido inmediatas. En redes sociales abundan los testimonios de ansiedad, agotamiento o crisis emocionales vinculadas a la precariedad, la inestabilidad vital o la presión laboral. Para muchos jóvenes, normalizar la baja por salud mental es un avance. Para otros sectores, en cambio, preocupa que se haya relajado el umbral para ausentarse del trabajo. Lo cierto es que estas bajas no solo son más frecuentes, sino también más largas, rondan los 80 días de media y han aumentado su duración casi un mes en siete años.
Las bajas duran más… y cambian según el perfil

Aunque los jóvenes acumulan más procesos, los trabajadores mayores concentran las bajas más largas. En el grupo de 55 a 65 años, la duración media supera los 79 días, frente a los 46 días del tramo de 25 a 35. La explicación suele estar en dolencias más graves, especialmente musculoesqueléticas, que se agravan con la edad.
También influyen otros factores. Las mujeres presentan una probabilidad un 21% superior de iniciar una baja que los hombres, especialmente en los grupos jóvenes. Sin embargo, a partir de los 55 años, las bajas masculinas tienden a alargarse más. Además, la estabilidad laboral juega un papel clave, los empleados de grandes empresas, con contrato indefinido y salarios medios registran más episodios que quienes trabajan en microempresas o en condiciones más precarias. La conclusión que desliza la Airef es incómoda, cuanto más estable es el empleo, mayor es la probabilidad de solicitar una incapacidad temporal.
El fenómeno, además, no es homogéneo por territorios. Comunidades como Navarra, Cataluña o País Vasco lideran la incidencia total, y en salud mental destacan Cataluña y Canarias. Las diferencias regionales añaden otra capa al debate sobre si estamos ante un problema sanitario, cultural o de organización del trabajo.
Al final, la pregunta no es solo quién se coge más bajas laborales, sino qué está pasando en el mercado laboral para que los menores de 40 encabecen esta tendencia. ¿Es una generación más frágil o simplemente más consciente de sus límites? ¿Es un sistema más garantista o un entorno laboral más exigente?
Seguramente haya un poco de todo. Lo que está claro es que el mapa de la incapacidad temporal ha cambiado. Y entenderlo bien será clave para empresas, trabajadores y administraciones en los próximos años.







