"Asustar las alubias" no es cosa de abuelas: Este químico explica la ciencia detrás del truco para que no se rompan

• La ciencia explica que el choque térmico gelatiniza el almidón de la piel, haciéndola más elástica y resistente a la cocción.
• Es fundamental aplicarlo cuando el hervor es fuerte y con variedades de piel fina, como las judías pintas o blancas.

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El truco de "asustar" las alubias, ese gesto casi litúrgico de añadir un chorro de agua fría a la olla hirviendo, es uno de los grandes secretos de la cocina de nuestras abuelas. Lo hemos visto hacer mil veces, un movimiento rápido que silencia el borboteo del guiso y que siempre hemos asociado con la sabiduría popular. Pero la realidad es que es un gesto de sabiduría popular que ha pasado de generación en generación. ¿Y si te dijera que no es magia, sino pura química?

Detrás de este ritual culinario se esconde una explicación científica fascinante que demuestra que nuestras abuelas eran químicas expertas sin saberlo. El misterio de por qué esas alubias quedan enteras, cremosas y perfectas, reside en ese cambio brusco de temperatura. La verdad es que la clave está en un choque térmico que modifica la estructura de su piel, un detalle que transforma por completo el resultado final de nuestras judías. Sigue leyendo y descubre por qué este truco es infalible.

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¿CUÁNDO Y CÓMO DARLES EL SUSTO PERFECTO?

El momento exacto y la cantidad de agua son cruciales para que el truco de las alubias funcione como debe. Fuente Freepik.

El truco no consiste en echar agua fría sin más; el "cuándo" es fundamental. El primer susto debe darse justo después de que la olla rompa a hervir por primera vez y hayamos retirado la espuma inicial. Es en ese momento cuando la piel está empezando a tensarse. Por lo general, el susto debe aplicarse cuando el hervor es fuerte y constante, generalmente a los 15-20 minutos de cocción, repitiendo el proceso dos o tres veces durante la primera hora.

Tampoco hay que inundar el guiso. La cantidad de agua debe ser la justa para cortar la ebullición de golpe, pero sin enfriar el caldo por completo. Un vaso pequeño de agua fría suele ser suficiente para una olla mediana. El objetivo es crear ese contraste térmico sin arruinar el ritmo del cocinado, porque se debe añadir agua fría suficiente para cortar el hervor, pero sin detener la cocción por completo.