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El amoniaco -hidróxido de amonio, NH3- es una sustancia muy utilizada en productos de limpieza domésticos, por ejemplo en limpiadores de cristales. También se puede comprar amoniaco diluido. Es una sustancia muy volátil que pasa a gas rápido, un gas con un olor fuerte característico

Este químico es tóxico que genera un gas irritante que puede producir quemaduras en las mucosas de ojos, nariz, boca, garganta y pulmones. La exposición a altas concentraciones de amoniaco puede llegar a producir la muerte. Los síntomas de la intoxicación por amoníaco son tos, respiración con dificultad, dolor y sensación de quemazón en el pecho y ojos llorosos. También puede aparecer dolor e irritación en garganta y boca, inflamación de los labios, vómitos, alucinaciones, ceguera y alteración del ritmo cardíaco.

Los animales y mascotas expuestos al amoníaco desarrollan síntomas similares, especialmente la respiración con dificultad. También pueden lamer el amoníaco si caminan sobre superficies limpiadas con amoníaco y se impregna su piel y pelaje. Además hay que tener en cuenta que la mayoría de mascotas son más pequeñas que una persona y están más cerca de los gases. Los expertos recomiendan no utilizar amoniaco en presencia de animales y en caso de intoxicación llevar al animal a un centro veterinario.

El caso es que la mayoría de soluciones de agente para uso doméstico llevan entre un 5 y un 10% de esta sustancia. Esta concentración no es tan fuerte como para dañar la piel de un adulto pero puede irritar mucho las mucosas tanto por contacto directo como por contacto con los vapores. Por ello es importante prevenir y ser precavido a la hora de limpiar con este químico o productos que lo contengan.

1.- Antes, durante y después, la habitación en la que se utilice debe estar ventilada. Si no es posible, al menos se dispondrá de algún ventilador. Pero incluso, para estar seguros, puedes colocar un pequeño ventilador en las ventanas para mejorar la circulación del aire. Lo niños y mascotas deberían salir de la habitación mientras se esté utilizando amoniaco ya que ellos son más sensibles a los vapores. 

2.- No lo mezcles con lejía u otros. No se debe mezclar con ningún otro producto de limpieza doméstico ni detergentes, especialmente lejía y aquellos que contengan cloro. Cuándo amoniaco y cloro se mezclan se produce una reacción química y se liberan gases muy tóxicos que provocan inflamación en las vías respiratorias promoviendo la acumulación de líquido en los pulmones. Otros síntomas producidos por los gases de cloro son dolor en el pecho, tos, sibilancias y respiración con dificultad, irritación ocular y náuseas. Si ya ha ocurrido, las personas presentes deben recibir atención médica lo antes posible.

Debido a esta interacción con el cloro, el amoniaco no debería ser utilizado sobre superficies que se hayan limpiado con lejía recientemente. Aunque no se mezclen directamente, los restos de producto podrían ser suficientes para desencadenar la reacción y producir gases tóxicos.

3.- Para limpiar algunas superficies en casa, conviene siempre mezclar con agua en proporción de una de amoniaco por dos de agua. Y es ideal aplicar con un envase vaporizador. ¿Para qué superficies? Muchas encimeras de cocina, incluidas las de granito, vitrocerámica de vidrio templado o porcelana.

4.- Mucha gente lo utiliza para la limpieza del baño. Para ello, conviene disolver en agua para limpiar los restos de jabón y cal de lavabos, bañeras o azulejos. También dejará los espejos brillantes así como las mamparas y los accesorios metálicos del baño. Conviene aclarar para olvidarse de su olor persistente. 

5.- No debes utilizarlo para el parqué, la tarima o el mármol, que tengan un recubrimiento o tratamiento especial. Tampoco lo debes utilizar sobre telas.