5El cebo del pago pequeño: por qué el primer cargo no es el más peligroso
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El primer cargo nunca ha sido el negocio. Los 1,99 euros que reclama el SMS de estas horas —y los 0,27, 1,79 o 2,64 euros que INCIBE ha documentado en otras oleadas— están calibrados al céntimo para que nadie se detenga a comprobar nada: una cifra así no activa la alarma, activa la prisa. Maldita.es verificó el mensaje que pide abonar tasas aduaneras a través del dominio correos-pago-aduanas[.]com, que no coincide con el portal real de tasas (correosaduanas.es) y que ya estaba caído a principios de noviembre. La propia Correos reconoce que el falso pago de aduana figura entre los fraudes más habituales que suplantan su marca y recuerda que no reclama datos personales, bancarios ni información confidencial por correo, SMS o teléfono. El importe simbólico es, por tanto, el señuelo: sirve para que el usuario rellene el formulario completo sin sospechar de una operación que, en cualquier otro contexto, le habría hecho desconfiar.
Lo que llega después del pago es donde está el daño real. Con el número de tarjeta, la caducidad y el CVV, los estafadores pueden vincular el plástico a su Apple Pay o Google Pay y mover importes muy superiores, o pedir el código de un solo uso que envía el banco con la excusa de «verificar la operación». Los Mossos d'Esquadra documentaron en esta misma familia de timos retiradas de entre 45 y 60 euros tras el abono de un euro, una franja elegida para no disparar las alertas automáticas de las entidades. A eso se suman las suscripciones recurrentes que se camuflan durante meses en el extracto y la llamada posterior de un falso soporte bancario. El primer cargo, en realidad, es el menos peligroso: es el que legitima la estafa. Si ya has pagado, bloquea la tarjeta, revisa los movimientos de las semanas siguientes y denuncia en el 017 de INCIBE o en el 7726.
