Sergio Espinar ha zanjado el mito de la grasa que no baja: no existe ningún alimento concreto que te impida perderla. Y lo ha dicho sin paños calientes, en un vídeo que va justo contra la corriente de consejos que te encuentras cada mañana al abrir el móvil.
Reconócelo: si has buscado alguna vez por qué no pierdes tripa, has acabado con una lista de prohibidos que cambia cada mes. Primero el pan, luego la fruta, después los lácteos. Espinar, doctor en Biomedicina, farmacéutico y graduado en Dietética y Nutrición, apunta directamente a los vídeos fabricados con IA que buscan el gancho fácil. Alarmar vende más que explicar, y eso tiene un precio.
Qué dice la ciencia sobre la grasa que se te queda en la tripa
La respuesta corta es que ningún alimento tiene un mecanismo demostrado para ralentizar tu metabolismo ni para mandar la energía directamente al abdomen. Para ganar grasa hace falta un balance energético positivo sostenido: comer más de lo que gastas durante un tiempo. Un día suelto no cambia nada. Ni un kilo aparece por arte de magia tras una cena de domingo.
¿Y por qué a dos personas con dietas parecidas se les acumula en sitios distintos? Ahí entran la genética, el sexo, la edad y las hormonas. La dieta importa, siempre importa, pero no explica por sí sola dónde se instala cada gramo.
De ahí la frase que más duele a los gurús: 'no existe ningún alimento que tenga una molécula llamada michelina'. Vendría a ser lo mismo que decir que ninguna comida lleva un GPS hacia la barriga. Así que las listas de alimentos demonio que circulan por redes no se sostienen.
Lo que sí existe son alimentos que sacian poco. Y ahí está el lío de verdad, porque el problema no es lo que comes en una comida, sino el hambre que te deja preparada para la siguiente.
Ningún alimento tiene la culpa de tu cintura, pero muchos tienen la culpa de que llegues a la siguiente comida con hambre de más.
Los alimentos que sí te hacen comer de más
Ultraprocesados, bollería industrial y bebidas azucaradas comparten un patrón: muchas calorías en poco volumen y una saciedad casi nula. Te los comes en dos minutos y a la hora siguiente estás abriendo el armario otra vez. El exceso calórico repetido es lo que se almacena como grasa, no un yogur concreto a las once de la mañana.
La salida es aburrida y funciona: proteína suficiente, fibra, comida con volumen y un déficit que puedas sostener sin dramatizar. Si tu dieta depende de eliminar grupos enteros de alimentos, aguanta tres semanas y luego pasa factura. Así de simple.
Por qué estos vídeos nos complican la vida más que ayudarnos
Esto ya lo hemos visto con el gluten, con la lactosa y con el azúcar. Cada temporada aparece un culpable nuevo y siempre hay alguien dispuesto a venderte la solución contraria. Espinar lo resume así: mientras sigas creyendo estos vídeos, acabarás más confundida y con peor relación con la comida. Ese es el daño real, más allá del kilo de más o de menos.
Antes de borrar un alimento de tu vida, habla con un profesional que mire tu analítica y tu contexto, no con una cuenta anónima que promete abdomen plano en diez días. Un dietista-nutricionista te va a decir lo mismo que Espinar, pero adaptado a ti. Y eso sí vale la pena.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 0 minutos de cocina, solo una revisión de tu semana. Nivel de dificultad: fácil. El consejo: cambia la pregunta y, en vez de 'qué alimento me engorda', mira cuánta proteína y fibra metes al día.



