Los 30 snacks altos en proteínas del supermercado para picar en el trabajo sin ganar peso

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Frutos secos y legumbres tostadas (edamame, garbanzo): los que parecen proteicos y no lo son tanto

Primer plano de la textura de los garbanzos tostados, que sirve de fondo para un aperitivo saludable.

El puñado de almendras es el snack de oficina por excelencia, pero su fama proteica está algo inflada. Cien gramos de almendra rondan las 580 kcal y aportan unos 21 g de proteína, así que una ración real de 30 g —unas 23 unidades— se queda en 6,3 g de proteína y 174 kcal, con la mayor parte de la energía en forma de grasa. Las nueces bajan a 4,5 g de proteína por cada 30 g y suben a 196 kcal, y el conjunto del grupo se mueve entre 550 y 650 kcal por 100 g. Son, en definitiva, un alimento graso que contiene proteína más que un alimento proteico: solo el 14-15 % de sus calorías procede de ella. Aun así se ganan el hueco en la lista por la fibra, el magnesio, la vitamina E y la evidencia cardiovascular que los acompaña, siempre en porciones contadas de 25-30 g, sin sal ni baños de miel, y con la advertencia añadida de la alergia en despachos compartidos.

Los garbanzos tostados engañan todavía más. Su etiqueta luce 20-22 g de proteína por 100 g —los torraos tradicionales llegan a 21 g, con 10 g de fibra—, pero también 353-390 kcal y entre 47 y 61 g de hidratos, de modo que un puñado de 30 g deja unas 110 kcal y solo 6 g de proteína, con 1,2 g de sal en algunas versiones y hasta 2,2 g en las más saladas. El edamame es el que mejor aguanta el examen: cocido o al vapor aporta 11-13 g de proteína por 100 g con apenas 104-145 kcal (el de Hacendado, 13,3 g de proteína y 5,2 g de fibra, con 0,02 g de sal), y la versión tostada, al perder el agua, se dispara a 42 g de proteína y 420 kcal por 100 g, lo que deja unos 13 g de proteína en 30 g: el mejor ratio del grupo, con 18,6 g de fibra y 1,6 g de sal. Conviene dosificarlo en bolsitas de 30 g antes de salir de casa.