3Fiambres de pavo y pollo en lonchas: cómodos y proteicos, pero el sodio pone el límite
Pocos snacks de oficina resuelven tanto con tan poco: no hay que cocinar, no mancha, no huele y se come con una mano mientras se contesta un correo. En el lineal conviene distinguir dos cosas que se parecen mucho: el «fiambre» (en torno al 45-50% de carne, con agua, almidón y azúcar) y la «pechuga cocida» (entre el 70% y el 95%). La diferencia se lee en la etiqueta y se traduce en gramos de proteína: hay fiambres de pavo con 9,5 g por 100 g y pechugas de pollo con 22 g y apenas 99 kcal por 100 g, como las versiones «+ proteínas» de El Pozo o Campofrío; también hay pechugas de pavo que rondan los 20 g. Con 50 g —dos o tres lonchas— se cubren unos 10-11 g de proteína por unas 50 kcal, una relación que ningún snack de bolsa iguala, y con la ventaja de que el envase ya viene racionado y de que, una vez abierto, aguanta un par de días en la nevera.
El límite está en la otra cara del envase. Casi todos estos productos se mueven entre 1,8 y 2,4 g de sal por 100 g, cuando se considera que un alimento es rico en sal a partir de 1,25 g por 100 g. La OMS aconseja no pasar de 5 g de sal al día (unos 2 g de sodio), de modo que una ración de 50 g aporta cerca de 1 g, una quinta parte del tope, y un bocadillo generoso con 100 g se va a la mitad. El reclamo «reducido en sal» tampoco es una garantía: solo indica que tiene menos que productos similares, no que sea bajo en sal. La pauta útil es buscar «pechuga» y no «fiambre», con más del 90% de carne y menos de 1,8 g de sal, y reservarlo para dos o tres días por semana, acompañado de fruta o verdura (potasio) y agua en lugar de otro procesado. Llevan además conservantes como el nitrito sódico (E-250), otro motivo para no convertirlos en la base diaria del picoteo.
