Los radiadores obsoletos tienen los días contados. Lo afirma el arquitecto Jordi Martí da por amortizados los radiadores, divulgador especializado en eficiencia energética: en su opinión, la calefacción tradicional ha dejado de tener sentido en las viviendas nuevas y en las que ya han mejorado su aislamiento, y soluciones como la aerotermia permiten recortar la factura sin renunciar al confort.
La idea no va solo de consumo. Va de cómo se siente el frío dentro de casa. Y ahí está el detalle que casi nadie explica cuando toca cambiar la calefacción.
¿Por qué da por muertos los radiadores un arquitecto?
El argumento de partida es físico. El confort no depende solo de los grados que marca el termostato, sino de la temperatura de las superficies que te rodean. Cuando las paredes y las ventanas están frías, el cuerpo pierde calor por radiación hacia las paredes frías y aparece esa sensación incómoda aunque el aire esté a una temperatura aparentemente agradable.
Los radiadores han tapado ese problema durante décadas: al ponerse a temperatura muy alta, compensaban el frío de una envolvente mal aislada. En una vivienda con buen aislamiento térmico, en cambio, las superficies interiores se mantienen cálidas y hace falta mucha menos energía para estar a gusto.
De ahí su conclusión sobre las calderas de gas. «Ahora ya no tiene sentido tener una caldera de gas y radiadores que se calientan muchísimo», sostiene Martí. El razonamiento es sencillo: si la casa pierde menos calor, el sistema no necesita trabajar a temperaturas tan altas para mantener el mismo confort.
Las alternativas que señala son tres: la aerotermia, el suelo radiante y la climatización por aire. La aerotermia usa una bomba de calor para mover energía térmica del aire exterior; el suelo radiante reparte el calor por una superficie amplia y trabaja con agua a menos temperatura. Ninguna es magia: todas rinden mejor con un aislamiento decente y una instalación bien dimensionada.
Cambiar el emisor sin tocar el aislamiento es pagar dos veces: primero la obra, después la factura que sigue igual.
Ahí está la trampa de muchas reformas exprés. Sustituir radiadores por aerotermia en un piso con ventanas de hace treinta años no da el salto que promete el folleto. Lo primero es el aislamiento; lo segundo, el equipo.
Aerotermia, suelo radiante o aire: ¿qué encaja en tu casa?
No siempre hay que arrancar los radiadores que ya tienes. Una bomba de calor puede trabajar con emisores de baja temperatura, pero el rendimiento depende del dimensionado y del aislamiento de cada vivienda. Un mismo equipo da resultados muy distintos en dos pisos de la misma calle.
La aerotermia encaja sobre todo cuando hay obra o cambio de sistema previsto, porque la inversión inicial no es pequeña y solo se amortiza con años de uso. Si el piso está bien aislado y la instalación se calcula a medida, se puede calentar con agua a menos temperatura y el gasto baja. Si no, el equipo tira de electricidad para compensar lo que se escapa por las ventanas.
Antes de firmar nada, revisa tres cosas: el certificado de eficiencia energética de la vivienda, el estado real de ventanas y cerramientos, y los permisos que hagan falta. Ese certificado es el documento que mide lo bien o mal que se comporta la casa y te da una pista de por dónde empezar. Si vives de alquiler, necesitas el visto bueno del casero. Si hay unidad exterior en fachada o patio, puede requerir autorización de la comunidad.
Martí también mete en la ecuación las chimeneas. Quemar leña emite gases y partículas que empeoran la calidad del aire de casa, así que aboga por reducir la combustión. Reconoce, eso sí, el valor emocional de reunirse alrededor del fuego.
La letra pequeña antes de arrancar los radiadores
El debate no es nuevo, pero llevamos años planteándolo al revés: primero se cambia el equipo y después se pregunta por el aislamiento. En España, la referencia pública para estas consultas es el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), donde se pueden consultar las guías oficiales sobre eficiencia y rehabilitación energética de edificios.
Hay una crítica razonable al relato de moda. Electrificar la calefacción tiene sentido técnico, pero no es gratis ni instantáneo: exige inversión, obra, y una factura eléctrica que no siempre juega a favor. Además, las comunidades autónomas convocan los programas de rehabilitación energética con requisitos, cuantías y plazos que cambian según dónde vivas, así que toca revisar la convocatoria de tu región antes de contar con ninguna ayuda.
Y una advertencia práctica que se salta casi siempre: el aislamiento manda antes que el emisor. Si vas a meter obra, empieza por lo que no se ve. Ventanas, cámara de aire, cubierta. Después, el sistema.
La reflexión deja una pregunta en el aire: si el confort depende de las paredes y no solo del termostato, quizá la próxima reforma de tu casa no pase por comprar un equipo nuevo, sino por dejar de perder el calor que ya estás pagando.
🏠 Las llaves de la noticia
- 🔑 Qué te importa: Un arquitecto especializado en eficiencia energética considera los radiadores una tecnología superada en casas bien aisladas.
- 💡 Por qué te importa: Cambiar el sistema de calefacción sin mejorar el aislamiento puede dejarte la factura igual y la obra pagada.
- 📊 Apunta estas cifras: No hay cifra única: el coste depende de los metros, el aislamiento y el sistema elegido. Tres alternativas sobre la mesa (aerotermia, suelo radiante y aire) y una regla previa: aislar antes de cambiar el emisor.




