El Museo Getty de Los Ángeles ya tiene su primer Velázquez: un retrato inédito del conde-duque de Olivares. La obra, redescubierta hace unos meses y atribuida con total seguridad al maestro sevillano, es también la primera del pintor que llega a la costa oeste de Estados Unidos.
Qué ha comprado el Museo Getty
La adquisición, cuyo importe no ha trascendido, forma parte de la estrategia del museo californiano para ampliar su colección de pintura española. Es la primera obra del maestro sevillano que se instala en Los Ángeles, y con ella el Getty suma un nombre capital del Siglo de Oro a su fondo de pintura europea.
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Para Davide Gasparrotto, conservador jefe de pintura del museo, es «un valioso testimonio visual de uno de los estadistas españoles más influyentes del siglo XVII». El retrato, añade, ejemplifica la innovación del pintor en el retrato cortesano y su capacidad para captar la personalidad del retratado directamente de la vida.
Ahí está el valor añadido.
Un retrato del conde-duque con armadura
La pieza es un óleo sobre lienzo de 60 por 48 centímetros, ligeramente recortado en su parte inferior. Frente a los retratos de cuerpo entero que ya se conocían del valido de Felipe IV, este es un busto y tiene una particularidad única: el conde-duque aparece con armadura y la banda roja de capitán general. Es la primera imagen documentada del personaje con atuendo militar.
Hay cuadros que se descubren y cuadros que, además, obligan a reescribir un capítulo entero de la historia del arte.
¿Por qué esa armadura? Salvador Salort-Pons, director del Detroit Institute of Arts y uno de los mayores especialistas en el pintor sevillano, lo tiene claro: Olivares estaba impulsando la Unión de Armas, un proyecto para crear un ejército capaz de sostener la hegemonía española en Europa y en América. Presentarse con la coraza, como líder militar, era toda una declaración de intenciones.
El origen del cuadro se remonta a 1626, cuando la legación del cardenal Barberini viajó a Madrid. Para conmemorar la visita, Olivares encargó dos retratos —el suyo y el del cardenal— que ambos intercambiarían. El encargo recayó en Velázquez, que llevaba apenas tres años en la Corte. El retrato del cardenal no gustó a Barberini ni a su secretario, Cassiano del Pozzo, que encargaron otro a Juan van der Hamen. Del paradero de aquellos dos cuadros nada se sabe.

Las radiografías han desvelado, además, que el pintor trabajó y retocó mucho la composición. En el planteamiento inicial, Olivares no llevaba armadura, sino un traje negro probablemente forrado de piel. Después llegaron la coraza y la banda militar, un cuello distinto, una golilla más ancha y lisa y cambios en la posición de la cabeza, la oreja y los hombros, que rebajó. Un cambio radical.
Otra pista interesante está en un grabado de Paulus Pontius, el Retrato alegórico del conde-duque, realizado en 1626 en colaboración con Rubens y con Velázquez. En el grabado, la armadura del hombro izquierdo muestra tres remaches; en el cuadro solo queda el agujero de uno. Un detalle mínimo que revela el virtuosismo de Velázquez: un trampantojo, ese juego visual que engaña al ojo y que tanto interesaba a Francisco Pacheco, maestro del pintor.
El cuadro guarda más secretos.
Por qué este hallazgo importa tanto en la obra de Velázquez
De Olivares retratado por Velázquez se conocían varios cuadros, todos de cuerpo entero: uno de 1624 conservado en el Museo de Arte de São Paulo y dos versiones de hacia 1625, en la Hispanic Society of America de Nueva York y en la colección Várez Fisa. Este busto se suma a ese conjunto y, para Salort-Pons, es la aportación más significativa al catálogo de Velázquez en los últimos años.
Una pieza que encaja.
El propio especialista ha comparado el óleo con el Felipe IV con armadura del Museo del Prado. Son muy parecidos de tamaño, están pintados con los mismos materiales y la trama de la tela de ambos tiene el mismo número de hilos por centímetro cuadrado. Todo apunta, por tanto, a que Velázquez utilizó el mismo rollo de lienzo para los dos cuadros.
La historia del cuadro añade otro aliciente: perteneció a la familia Barberini hasta finales del siglo XVII. Salort-Pons ya había publicado sobre él hace veinte años, después de encontrar en los archivos secretos vaticanos la documentación que apuntaba a su existencia. La obra procede de una colección particular y pasó por un estudio de restauración en Madrid, donde el experto pudo examinarla.
En definitiva, un redescubrimiento que invita a mirar la etapa cortesana del pintor con otros ojos y que convierte a Los Ángeles en parada obligada para los amantes del Siglo de Oro.
Cuándo y dónde ver el retrato
El Museo Getty exhibirá el retrato este otoño en el pabellón este del museo, en Los Ángeles. Después viajará a Detroit, donde será la pieza estrella de la exposición Velázquez y Olivares: primeros años en la corte. El Detroit Institute of Arts acogerá la muestra en 2027, del 24 de enero al 25 de julio. Merece el viaje. Para confirmar horarios, entradas y posibles cambios de calendario, conviene consultar la web oficial del Museo Getty y la del Detroit Institute of Arts.
Ficha técnica
- Título: Retrato del conde-duque de Olivares.
- Autor o autora: Diego Velázquez.
- Qué puedes ver: Un busto inédito del valido de Felipe IV con armadura y banda roja de capitán general, con los cambios de composición que desvelan las radiografías.
- Recinto y ciudad: Museo Getty, Los Ángeles. Después, Detroit Institute of Arts, en Detroit.



