6Miraflores de la Sierra: Fuente del Cura y casco serrano a 50 minutos
Miraflores de la Sierra se cuela en la lista por un motivo muy concreto: la Fuente del Cura. A unos 50 kilómetros de Madrid, este manantial debe su nombre a Juan González Borizo, un eclesiástico nacido en el pueblo en 1567 —cuando todavía se llamaba Porquerizas— que legó sus tierras al municipio. La estructura que se ve hoy data de 1888: una sencilla pilastra de granito con moldura y remate piramidal, más una pila y un abrevadero que aprovechan el agua sobrante. Junto a ella se extiende un área recreativa a la orilla del río de la Luz, entre robledales de melojo, que sirve de punto de partida de rutas como el PR-11 o el Cordel del Puerto, camino del puerto de la Morcuera. En septiembre, con el calor ya en retirada y el fin de las vacaciones escolares, la afluencia cae y el paraje recupera un ritmo sereno que en agosto resulta imposible.
El segundo argumento es su casco urbano, un conjunto serrano de calles empedradas y casonas con jardín que mantiene la escala de un municipio de unos 7.000 habitantes. La Plaza del Álamo hace de corazón del pueblo y guarda la memoria del álamo centenario que murió en 1989, sustituido por una réplica en bronce; a él le dedicó versos Vicente Aleixandre, Nobel de Literatura en 1977 y veraneante habitual de la localidad. A pocos metros aparecen la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora, de origen medieval y torre mudéjar, y la Fuente Nueva, fechada en 1791, cuyos pilones funcionaron como abrevadero para el ganado y lavadero público. El paseo permite parar en una terraza de la plaza o acercarse a la Casa de la Cadena, escenario de las reuniones de Felipe II para decidir la construcción de El Escorial, sin las colas que sí soportan otros pueblos más turísticos de la sierra.
