8La cromosfera: un borde rosado que esconde la temperatura del Sol
Cuando la Luna tapa por completo el disco solar, en el borde del astro aparece durante unos segundos un anillo fino rosado: es la cromosfera, la capa que separa la fotosfera, la superficie visible del Sol, de la corona. Solo un eclipse total la deja ver a simple vista, porque su débil luz queda sepultada por el resplandor de la fotosfera, un millón de veces más brillante. Ese tono no es un capricho: lo emiten los átomos de hidrógeno excitados que llenan la capa, la firma que Norman Lockyer, quien la bautizó en 1868 como "esfera de color", encontró en su espectro. Aquel año, durante un eclipse, Lockyer y el francés Jules Janssen detectaron en esa franja una línea amarilla que no encajaba con ningún elemento terrestre: era el helio, que no se aislaría en la Tierra hasta 1895. El borde rosado que cualquiera puede ver mirando al cielo escondía, así, un elemento nuevo.
El otro secreto que guarda ese anillo es la temperatura del Sol. Sobre la fotosfera, que ronda los 6.000 kelvin, cabría esperar que la atmósfera se enfriara al alejarse del fuego; ocurre lo contrario. En sus pocos miles de kilómetros de espesor, las capas exteriores de la cromosfera alcanzan entre 20.000 y 25.000 kelvin, varias veces más que la superficie, y la corona que tiene encima supera el millón. Es el célebre problema del calentamiento coronal, y el eclipse es la única ocasión de ver la capa donde arranca esa inversión térmica. Las hipótesis apuntan al campo magnético: ondas acústicas del interior que escapan por grietas magnéticas, reconexión de campos o calentamiento por resistividad. Los datos más recientes del telescopio Daniel K. Inouye, en Hawái, han revelado estructuras magnéticas serpenteantes en la cromosfera que podrían aportar esa energía. El anillo rosa de la totalidad es la puerta de entrada al mayor enigma del Sol: que se calienta cuanto más te alejas de él.
