6Los eclipses anulares: la prueba visible de que la Luna se aleja
Un eclipse anular es, literalmente, una lectura en directo de la distancia Tierra-Luna. Se produce cuando el satélite transita por el apogeo, el punto más alejado de su órbita, a unos 405.500 kilómetros: allí su disco aparente (29,4 minutos de arco) queda por debajo del del Sol, que nunca baja de 31,6 minutos de arco, y por eso la Luna ya no alcanza a tapar la estrella por completo y deja asomar el característico "anillo de fuego". Esa diferencia angular, que cualquiera puede comprobar con sus propios ojos y la protección homologada adecuada, demuestra que la coincidencia de tamaños aparentes que hace posibles los eclipses totales no es fija: depende de a qué distancia se encuentre la Luna en cada momento. Su órbita es elíptica y su tamaño aparente varía hasta un 14% entre el perigeo y el apogeo, y en ese punto más lejano el margen ya no da de sí. Ver un anillo en lugar de una corona es asistir en directo a la geometría del alejamiento.
La prueba más contundente de que la Luna se está separando de nosotros llega al comparar ese anillo con el pasado y con el futuro. La Luna se aleja de la Tierra a unos 3,8 centímetros por año, una cifra medida con láser sobre los retroreflectores que dejaron las misiones Apolo; a ese ritmo, hace miles de millones de años estaba tan cerca que todos los eclipses eran totales y el anular no existía, hasta que hizo su aparición hace aproximadamente mil millones de años. Y la tendencia no se detiene: dentro de unos 600 millones de años se producirá el último eclipse total y, a partir de entonces, solo quedarán anulares y parciales. Hoy vivimos en la ventana de coincidencia en la que conviven ambos tipos —de hecho, los anulares ya son ligeramente más numerosos que los totales—, y cada anillo de fuego es un adelanto de ese porvenir. España podrá comprobarlo el 26 de enero de 2028, cuando un eclipse anular cruzará el sureste peninsular para cerrar el Trío Ibérico.
