Hubo una época en la que merendar era sentarse frente al televisor para ver a Oliver recorrer la banda, o discutir en el recreo si Goku le ganaba a Vegeta. Esa generación, la de los millennials, la que creció con cromos, Game Boy y cintas de VHS, ha encontrado en los videojuegos una máquina del tiempo. Pero los títulos de esta lista no son meros traslados del anime a la consola: reimaginan esas historias con mecánicas actuales, gráficos que respetan la esencia original y un evidente cariño por el material de partida. Jugar a ellos es reencontrarse con personajes que aún viven en la memoria.
El criterio para elegirlos ha sido doble: que la obra original resultase inconfundible para quien vio esos dibujos en los noventa, y que la propuesta jugable ofreciese algo más que un simple ejercicio de nostalgia. Así conviven un RPG de mundo abierto que recorre la saga de Dragon Ball, una aventura de Digimon donde la evolución es la protagonista, un simulador de cartas que reproduce con fidelidad el duelo de Yu-Gi-Oh!, un juego de fútbol de Oliver y Benji con mecánicas espectaculares y una reinterpretación de Pokémon que usa la Switch para acercar a Pikachu a todos. Hay acción, estrategia, deportes y rol, pero también una invitación a comprobar cómo han cambiado estos universos sin perder su esencia.
2Atrapa la nostalgia con Pikachu y Eevee
Si hay un juego capaz de condensar la nostalgia de la generación que creció con la Game Boy, ese es Pokémon Let's Go. Lanzado en noviembre de 2018 para Nintendo Switch, no es un remake al uso: reinterpreta Pokémon Amarillo, la edición que acercó la saga al anime, y devuelve a los jugadores a Kanto, la región original con sus 151 criaturas. Pasear por Pueblo Paleta, cruzar el Bosque Verde o plantar cara a los líderes de gimnasio con las melodías remasterizadas de siempre es un viaje directo a la infancia. Su estética brillante y de animación redondeada bebe de la serie de dibujos, y que tu compañero te siga por todo el mapa refuerza la fantasía de revivir la aventura de Ash en alta definición. Es la magia de 1996, actualizada sin traicionarla.
Lo mejor es que aquí la nostalgia se juega, no solo se admira. El Pikachu o Eevee que eliges como compañero no es un inicial cualquiera: camina a tu lado fuera de la Pokébola, reacciona a tus gestos, se puede acariciar, disfrazar y montar, y aprende movimientos secretos para superar obstáculos. Es el mismo vínculo entre Ash y Pikachu del anime, pero interactivo. El sistema de captura tomado de Pokémon Go —lanzas Pokébolas sin debilitar al rival— y el cooperativo con un segundo mando convierten la partida en algo compartible con hijos o pareja. Siete años después, el título sigue rondando los 15 millones de copias vendidas, una prueba de que la fórmula enganchó: no es la entrega más profunda de la saga, pero sí la que mejor captura aquella sensación de salir de casa dispuesto a atraparlos todos.
