El Quijote inacabado de Orson Welles: la restauración que une a cuatro filmotecas

Cuatro filmotecas públicas centralizarán en Madrid más de 70.000 metros de película para reconstruir la versión que Orson Welles imaginó durante décadas. Esteve Riambau lidera un trabajo que no intenta terminar la obra, sino volver visible su ambición.

El Quijote de Orson Welles, la película que nunca llegó a acabarse, tendrá una segunda oportunidad. Cuatro filmotecas públicas han unido fuerzas para reunir en Madrid más de 70.000 metros de material rodado y reconstruir una obra mítica del cine.

El proyecto está liderado por Esteve Riambau, historiador y crítico especializado en la obra de Welles. La idea no es terminar una película que el director dejó inconclusa, sino ordenar el material conservado para que el público pueda intuir hasta dónde llegó su imaginación. El reto resulta mayúsculo: se trata de una obra que fue mutando durante décadas.

El rodaje arrancó en el verano de 1957. Welles soñaba con una versión muy personal de Don Quijote, con Francisco Reiguera como el hidalgo y Akim Tamiroff como Sancho Panza. No fue un proyecto al uso: se rodó a plazos, con escaso presupuesto y una vocación experimental que se fue transformando con los años. En 1958 se retomó en Roma y en 1961 se aprovechó una serie de la RAI sobre España para sumar nuevas escenas.

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Ni siquiera la muerte de Reiguera y Tamiroff en 1972 detuvo la obsesión del director. Welles siguió hablando de su película como 'Il mio bambino', su niño. Cambió del blanco y negro al color y aseguraba que le quedaba poco para rematarla. Nunca lo hizo.

Un rodaje que se prolongó durante décadas

Lo más fascinante del proyecto es que nunca tuvo una forma fija. Welles fue cambiando de localizaciones, de intérpretes y hasta de formato, del blanco y negro al color. Ese carácter movedizo complica ahora la restauración, pero también explica por qué la obra se convirtió en leyenda.

En 1992, el cineasta Jesús Franco montó una versión parcial para la Exposición Universal de Sevilla. Aquel material ya daba pistas del universo visual de Welles, pero dejaba fuera una parte enorme del archivo. Lo que ha cambiado ahora es la voluntad compartida de las instituciones.

Welles no terminó su Quijote, pero el material conservado permite intuir el alcance de una ambición que se negó a desaparecer.

Conviene entender por qué un proyecto así ha tardado tanto. El material estuvo décadas separado y no siempre bien catalogado. A eso se sumó la propia actitud de Welles, que nunca dio por cerrado el proyecto y fue acumulando cambios sin una versión definitiva.

Un puzle de 70.000 metros repartidos por Europa

El material no está en un solo lugar. La Filmoteca Española conserva una parte esencial, Cinecittà guarda negativos que pertenecieron al montador Mauro Bonanni, la Cinémathèque Française mantiene unos ochenta minutos de positivos en 35 mm y el Filmmuseum alemán de Berlín custodia copias de trabajo, cintas y documentos. La unión de esas cuatro filmotecas es la clave del proyecto.

En total suman más de 70.000 metros de película, el equivalente a más de treinta horas de proyección. Demasiado material para verlo de una sentada. La Filmoteca Española se encargará de centralizarlo en Madrid.

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Por qué importa esta restauración

El equipo no quiere terminar la película. Riambau lo deja claro: 'No vamos a acabar nosotros una película que no se acabó'. Lo que buscan es poner orden, digitalizar y ensamblar los fragmentos con criterio científico para mostrar un mosaico incompleto pero elocuente. No se inventarán escenas ni se recreará lo que no llegó a rodarse.

El plan de trabajo está escalonado en tres años. Durante 2026 digitalizarán y ordenarán el guion; en 2027 compararán las secuencias con el material localizado y en 2028 confiarán el montaje a un equipo profesional. Sin presión comercial y sin plazos marcados, pero con la determinación de no repetir la broma con la que el propio Welles esquivaba la pregunta de cuándo acabaría su Quijote.

En la presentación del proyecto en el festival Cinema Ritrovato de Bolonia, Riambau lanzó una idea sugerente: '¿Y si el Rosebud de Welles fuese su Don Quijote?'. El historiador alude al trineo que desvela el misterio de Ciudadano Kane y defiende que, para el cineasta, esta película era algo más que un encargo o una adaptación literaria.

Riambau reconoce que es 'como un gran puzle en el cual faltan piezas'. La diferencia es que ahora hay suficientes piezas para componer una imagen reconocible. Madrid se convertirá en el centro de operaciones, porque la Filmoteca Española asumirá la reunión de todos los materiales.

El guion es laberíntico y mutante, con versiones distintas de una misma escena. El historiador admite que ya ha visto la película en su cabeza: algunas secuencias las ha visionado y otras las ha imaginado. Su principal preocupación, con todo, es que haya materiales conservados que no se sepa dónde están.

Su vínculo con Welles no es nuevo. Lleva cuatro décadas estudiando su figura, entre libros y documentales. Quizá por eso resume la dimensión personal del proyecto con una idea tan precisa como poética: Welles era mitad quimera quijotesca y mitad Sancho Panza.

No será la película que Welles habría firmado. Será algo distinto: un acercamiento honesto a lo que quedó.

El resultado final no será un estreno convencional. Será, más bien, una invitación a asomarse a una obra que mutó sin llegar a cerrarse. Y merece la pena seguirle la pista.

Ficha técnica

  • Título: Don Quijote de Orson Welles (proyecto de reconstrucción).
  • Autor o autora: Orson Welles; reconstrucción liderada por Esteve Riambau.
  • Qué puedes ver: Más de 70.000 metros de película repartidos entre cuatro filmotecas europeas.
  • Recinto y ciudad: Filmoteca Española, Madrid.