5Seca el filtro a la sombra antes de volver a colocarlo
El filtro del aire acondicionado es una malla de fibra sobre un marco de plástico, un material que no está pensado para soportar el sol. Secarlo a pleno sol tras lavarlo acelera el envejecimiento del polímero por la radiación ultravioleta: el plástico se vuelve quebradizo y el calor puede deformarlo. El problema no es estético: si el marco pierde la forma, quedan huecos entre el filtro y la unidad, el aire pasa sin filtrar y la limpieza no sirve de nada. Por eso los manuales de LG, Samsung y otros fabricantes insisten en el secado a la sombra y en un lugar ventilado. Tampoco vale acelerar con secadores o radiadores: el calor excesivo relaja o encoge las fibras, igual que el agua por encima de 40 °C puede deformar la pieza. Con buena circulación de aire bastan unas horas. Y conviene evitar espacios cerrados y húmedos, porque Samsung advierte de que un secado así puede acabar generando olores en el propio filtro.
Volver a colocar el filtro aún húmedo es el error que más fácilmente arruina la limpieza. El interior del aparato ya acumula condensación sobre el evaporador; meter además un filtro mojado añade más agua a un entorno oscuro donde el polvo atrapado actúa de nutriente. Esa combinación es el sustrato ideal para moho y bacterias, que después se liberan en esporas con el aire que respiramos y provocan ese olor a "calcetines húmedos" tan característico, además de molestias respiratorias y alergias. Algunos equipos incluso lo detectan: ciertos modelos de Friotech emiten siete pitidos si el filtro no está del todo seco al reinstalarlo. Un filtro húmedo tampoco filtra igual: retiene peor las partículas, restringe el flujo de aire y obliga al equipo a trabajar más, con el consiguiente aumento del consumo. Secarlo a la sombra, por tanto, no es una demora innecesaria, sino la condición que garantiza que el filtro recupere su función y que el aire que respiramos siga siendo limpio.
