Chefs internacionales eligen las mejores tapas de Logroño en la calle Laurel

Menos de 200 metros concentran más de 80 bares con pinchos tradicionales y creativos. La ruta perfecta para comer bien, bonito y barato en pleno centro de Logroño.

La calle Laurel de Logroño concentra una de las barras de tapas más celebradas del mundo. Menos de 200 metros, más de 80 bares y un único plan: ir de pincho en pincho.

No es casualidad que muchos viajeros busquen las mejores tapas de Logroño directamente en esta calle. Detrás de sus bares de barra hay historia, mucho criterio y un buen puñado de pinchos que conviene conocer antes de lanzarse.

La calle discurre paralela a Bretón de los Herreros, donde se levantaban las antiguas murallas de Logroño hasta que fueron demolidas en 1862. Aquel derribo dio origen, casi sin querer, al germen de lo que hoy es la calle Laurel.

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Al principio los locales eran merenderos que apenas ofrecían vino de la tierra y alguna ración de embutido o queso. Con las décadas, aquello se transformó en una auténtica cultura del pincho. Hoy los vecinos la llaman con humor 'la senda de los elefantes': quien la visita suele salir contento, lleno y con ganas de repetir.

Por qué la calle Laurel es la meca del tapeo

No es un eslogan turístico. The Times y The Guardian destacan su tapeo entre los imprescindibles de Europa, y distintos medios internacionales la señalan como una de las mejores zonas de tapeo del mundo.

La zona de la Laurel y de la calle San Juan fue nombrada Zona de Interés Turístico Regional, un reconocimiento casi siempre reservado a celebraciones o actos culturales. Aquí el tapeo se vive como un ritual: se entra, se pide la especialidad, se come de pie en la barra y se sale al siguiente bar.

Comer de pie, de barra en barra y por menos de 3 euros: así se entiende el buen vivir en la calle Laurel.

En junio, las fiestas de San Bernabé llenan el centro histórico de ambiente medieval, con más de 20.000 raciones repartidas de pan, vino y pez junto a la Puerta del Revellín. Un complemento perfecto para la ruta diaria de tapeo.

La variedad actual es enorme: se pasa de recetas tradicionales a propuestas creativas sin salir de la misma acera. Por eso la calle se recorre en menos de tres minutos andando, pero se disfruta durante horas, y es habitual ver a cuadrillas saltar de un bar a otro con el vino en la mano.

Lo mejor es que no hace falta reservar ni esperar mesa: en en casi todos los bares de la calle funciona la barra y el pincho al momento. Además, por menos de 3 euros hay caña y pincho en algunos bares, aunque los precios varían según el local y la fecha. Es imposible poner una excusa para saltarse esta calle.

Los pinchos imprescindibles de la ruta

No hace falta guía para perderse en la calle Laurel, pero conviene saber por dónde empezar. Tres sitios marcan el recorrido clásico y una tapa con nombre propio eleva la experiencia.

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El Blanco y Negro: el bocadillo que abre la ruta

Es el bar más antiguo de la ciudad y su bocadillo de anchoa con pimiento verde es prácticamente un rito de iniciación. Se come caliente y deja el listón muy alto. El bocadillo del Blanco y Negro no se discute: se disfruta.

El Soriano: champiñón a la plancha con gamba

Aquí manda el champiñón a la plancha con gamba, un pincho que se prepara al momento con un golpe de ajo y perejil. El bocado perfecto para abrir boca en Logroño.

Taberna del Laurel: patatas bravas contundentes

Para quien prefiere algo más contundente, esta taberna domina las patatas bravas. Llegan crujientes, con una salsa que pica lo justo y una ración pensada para compartir. O no. Las bravas de la Taberna del Laurel justifican la visita.

En toda la calle hay champiñones, setas a la plancha, tortilla, pimientos, oreja, embuchados, pulpo, pinchos morunos o tigres. Algunos locales centran su propuesta en un único pincho; otros ofrecen carta amplia, pero casi todos guardan ese bocado estrella que los clientes buscan expresamente. Uno de los nombres más famosos es el cojonudo, un picadillo de chorizo con huevo de codorniz que se pide solo con mencionarlo.

De la barra tradicional a la alta cocina

La calle Laurel también convive con la alta cocina. A pocos pasos se encuentra Tondeluna, el restaurante de Francis Paniego, un cocinero riojano con tres estrellas Michelin. Ajonegro e Íkaro, ambos con una estrella, aportan propuestas de fusión que mezclan tradición riojana con sabores de México y Ecuador respectivamente.

Esa convivencia entre el pincho clásico y el menú degustación explica por qué Logroño se ha convertido en una parada gastronómica de primer nivel. Si quieres una primera toma de contacto completa, empieza por las anchoas, sigue con el champiñón y remata con las bravas, siempre con un vino de Rioja en la mano.

Eso sí, conviene llevar la expectativa justa: no se viene a la calle Laurel a sentarse a una mesa larga, sino a probar un bocado en cada barra y compartir. La experiencia es tan casual como deliciosa, y por eso engancha.

🍽️ La ficha foodie

  • 🏠 Local / Establecimiento: Calle Laurel y alrededores, con bares como El Blanco y Negro, El Soriano o Taberna del Laurel.
  • 📍 Ubicación: Logroño, La Rioja, en pleno centro histórico.
  • 🍴 Tipo de comida / Especialidad: Tapas y pinchos riojanos: champiñones, anchoas, bravas, embuchados.
  • 💰 Precio medio: Caña y pincho por menos de 3 euros en algunos locales; varía según el bar.