La aventura de Christopher Nolan con 'La Odisea' convierte el regreso de Odiseo a Ítaca en un laberinto de tiempo, memoria y destino, tal y como el director suele reinterpretar cualquier relato que toca. Pero antes de que su versión de Homero llegara a los cines, ya existía una forma de adelantarse: los videojuegos llevan años explorando las mismas obsesiones con un componente que el cine no puede ofrecer, que es la capacidad de decidir y errar dentro del mito. Esta lista reúne cinco títulos que no solo se ambientan en la Grecia clásica o en sus dioses, sino que comparten con la mirada de Nolan esa fascinación por las estructuras narrativas complejas, los héroes rotos y los viajes que son también una indagación interna.
El criterio para elegirlos no ha sido la fidelidad arqueológica ni el simple escenario mitológico. Hemos buscado obras donde el viaje del héroe se convierte en una experiencia interactiva con capas de lectura: hay un sandbox que te permite construir tu propia odisea, un roguelike donde cada muerte es un nuevo episodio del regreso, un semidiós que reescribe la épica, una aventura satírica que juega con los dioses y un título indie que eleva el mito a un plano casi pictórico. En algunas de ellas late ese pulso tan nolaniano de cuestionar la identidad, el sacrificio y el precio de llegar a casa, y además son juegos para jugar en la actual generación.
5Apotheon
Apotheon pone al jugador en la piel de Nikandreos, un mortal que, guiado por Hera, asciende al Olimpo para arrebatar sus poderes a los dioses después de que Zeus abandone a la humanidad. Es casi el reverso del viaje de Odiseo: en lugar de regresar a Ítaca, el héroe sube hacia el reino divino, y su travesía por los dominios de cada olímpico —el bosque de Artemisa, el mar de Poseidón, la arena de Ares— conserva esa estructura de episodios míticos que la adaptación de Nolan quiere recuperar en pantalla. Lanzado en 2015 en Steam por el estudio canadiense independiente Alientrap, el juego contó con el filólogo Maciej Paprocki como asesor mitológico, un rigor que se percibe en las armas con nombre histórico (la espada xiphos, la lanza doru) y en las citas de Esquilo y Hesíodo junto a cada santuario. Quien espere de la película una Grecia tratada con respeto encontrará aquí un reflejo jugable de esa misma ambición.
Donde Apotheon se vuelve inolvidable es en su estética: toda la aventura está dibujada como una vasija de figuras negras, con siluetas arcaicas sobre fondos ocres, rojos y dorados que remiten a la cerámica griega antigua. Personajes articulados como muñecos, estatuas y murales recreados fielmente y una banda sonora de lira y tambores convierten cada pantalla en una pieza de museo en movimiento. Ese envoltorio sostiene un metroidvania de combate físico en el que hay que gestionar escudo, resistencia y armas que se rompen con el uso, y unos jefes que evitan el cuerpo a cuerpo: se caza a Artemisa convertido en ciervo, se resuelve el laberinto giratorio de Atenea o se brinda con Dioniso. Esa mezcla de épica, humor y reverencia por el mito es lo que conecta con el espíritu de La Odisea: la aventura como catálogo de encuentros con lo divino, entre la hybris humana y el capricho de los inmortales.
