La restauración de un Rubens en el Thyssen que firma Alejandra Martos, hija de Raphael

La restauradora explica en un vídeo del museo cómo la limpieza del barniz ha devuelto los colores originales a Venus y Cupido. Una intervención que reivindica el oficio, la ciencia y la discreción.

La restauración de un Rubens en el Thyssen tiene ahora rostro y voz: Alejandra Martos, hija de Raphael.

Qué ha pasado con el Rubens del Thyssen

Durante más de dos décadas, esta restauradora ha trabajado en la penumbra del taller del museo, lejos del foco mediático que acompaña a su apellido. Hace apenas unas horas, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza ha compartido su trabajo en redes sociales: un vídeo en el que Alejandra explica, en primera persona, el resultado de una intervención sobre una de las joyas de la colección, Venus y Cupido.

Lo interesante no es solo el apellido. La intervención ha devuelto a la pintura una claridad que se había perdido bajo capas de barniz envejecido, y ha permitido redescubrir los colores que el maestro flamenco imaginó en su juventud.

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Martos se presenta en el vídeo como responsable de la restauración: 'Hola, soy Alejandra Martos. Soy la responsable de la restauración de esta magnífica obra de Rubens, Venus y Cupido'. Explica que el trabajo consistió fundamentalmente en una limpieza y en la eliminación de un barniz amarillento que había creado un velo, sobre la capa pictórica e impedía apreciar la obra correctamente.

El resultado, según detalla la restauradora, es un redescubrimiento cromático: 'unos blancos imponentes, unas carnaciones preciosas y una capa roja que cubre a Venus con una intensidad preciosa'. El análisis de laboratorio confirmó que ese rojo es carmín de cochinilla, un pigmento de origen natural muy apreciado en el Barroco.

La obra fue pintada entre 1606 y 1611, durante la etapa de juventud de Rubens. En ella se aprecia la influencia de los maestros del Renacimiento italiano, como Tiziano y Tintoretto, que marcaron su formación tras los viajes por Italia. El lienzo representa a Venus, diosa del amor, junto a su hijo Cupido en la escena conocida como la 'Venus ante el espejo'. El juego del espejo que sostiene Cupido permite mostrar el cuerpo de la diosa en primer plano y, a la vez, revelar su rostro a través del reflejo. Una solución compositiva que revela la madurez de un pintor que aún no había cumplido los treinta y cinco años.

Devolver la luz a un Rubens no es solo limpiar un lienzo: es recuperar la intención original del pintor.

Lo que revela la restauración de Venus y Cupido

La restauración no se limita a la limpieza. Antes de intervenir, el equipo de Martos realizó estudios técnicos con radiografía, fotografía infrarroja y ultravioleta. Esas herramientas permitieron entender cómo trabajó Rubens: preparó el lienzo para que las figuras debían resaltar por encima de todo y aplicó una capa de blanco de plomo únicamente sobre ellas para crear la sensación de que la luz sale de los cuerpos.

Ese hallazgo técnico tiene mucho de poesía visual. El maestro flamenco quería que las figuras emergieran del lienzo casi con luz propia, y la restauradora lo explica con una mezcla de precisión científica y asombro. No es casualidad: detrás de cada intervención hay un trabajo de investigación que empieza mucho antes de tocar la obra.

Quién es Alejandra Martos y por qué su mirada importa

La madrileña Alejandra Martos lleva más de veinte años en el museo. Se graduó en Restauración de Obras de Arte y entró en la plantilla del Thyssen a principios de los años 2000. Desde entonces ha participado en proyectos de relevancia internacional y, junto a su departamento, recibió en 2022 el prestigioso premio Arte y Empresa de la revista ARS Magazine por la restauración del Joven caballero en un paisaje, de Vittore Carpaccio.

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La discreción forma parte de su manera de entender el oficio. Hija del cantante Raphael y de Natalia Figueroa, Alejandra Martos ha mantenido durante años un perfil alejado de los titulares. Su mérito no está en el apellido, sino en la constancia con la que ha convertido el taller en su espacio natural.

La restauración de una obra maestra tiene algo de arqueología en miniatura. Cada capa, cada pigmento y cada decisión técnica cuentan una historia sobre el artista. En este caso, la limpieza ha revelado no solo colores más vivos, sino también la forma de trabajar de Rubens, su búsqueda de la luz y su obsesión por resaltar la figura humana.

Además, la elección de una restauradora de plantilla para explicar el proceso en redes humaniza el trabajo del museo. Detrás de cada lienzo restaurado hay meses de análisis y manos expertas. Mostrarlo con naturalidad, sin tecnicismos abrumadores, acerca el arte a un público que no siempre visita el taller.

La difusión de este tipo de procesos en redes sociales cumple una labor casi pedagógica. Permite al espectador comprender que un cuadro no llega intacto a la sala, sino que hay decisiones, materiales y criterios que condicionan su aspecto final. Alejandra Martos lo cuenta sin altavoces, y esa cercanía vale tanto como el propio lienzo.

Para ver Venus y Cupido no hace falta esperar a una exposición temporal: forma parte de la colección permanente del museo. Eso sí, conviene confirmar horarios y accesos en la web oficial del museo antes de planificar la visita. La experiencia merece el paseo por el Paseo del Prado.

En un mundo del arte que a menudo se empeña en la novedad, recuperar una obra ya conocida puede ser la mayor noticia. El patrimonio también se escribe en presente.

Ficha técnica

  • Título: Venus y Cupido.
  • Autor: Peter Paul Rubens.
  • Qué puedes ver: La obra restaurada en la colección permanente, con los colores originales recuperados tras la limpieza del barniz.
  • Recinto y ciudad: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.