El eclipse solar que convirtió el día en noche: España se apagó por más de un minuto

El eclipse solar del 12 de agosto forma parte de una secuencia excepcional que mantendrá a España como escenario destacado de la astronomía durante los próximos años.

La expectación acumulada durante semanas terminó este miércoles 12 de agosto con uno de los fenómenos astronómicos más destacados que ha podido contemplarse desde España en más de un siglo. El eclipse solar alcanzó su fase de totalidad al final de la tarde y, durante poco más de un minuto, distintas zonas del país quedaron sumidas en una oscuridad propia de la noche.

La Luna fue cubriendo progresivamente el disco del Sol hasta ocultarlo por completo en la franja de totalidad. El momento más esperado se produjo alrededor de las 20:30 horas, cuando miles de personas reunidas en playas, plazas, parques, miradores y zonas rurales pudieron observar la corona solar. La escena provocó aplausos, exclamaciones y también momentos de silencio entre quienes habían preparado durante meses su desplazamiento para presenciar el eclipse solar.

El fenómeno no se veía en la península Ibérica desde hacía 114 años. Galicia fue el primer territorio peninsular en recibir la totalidad y el recorrido continuó por Asturias, Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco, Navarra, Aragón, Madrid, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares. En los lugares situados fuera de la franja de totalidad, como Madrid y Barcelona, el Sol llegó a quedar cubierto entre un 80 y un 90 %.

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El eclipse solar alcanza su momento más esperado en España

La totalidad comenzó apenas unos segundos después de las 20:26 horas en Estaca de Bares, en A Coruña, y Cabo de Peñas, en Asturias. El recorrido de la sombra lunar continuó por buena parte del territorio hasta llegar a Baleares. Formentera fue el último punto de España en despedir el eclipse solar, a las 20:33:58 horas.

La duración dependió de la ubicación. En términos generales, la totalidad se prolongó alrededor de un minuto y medio, aunque en algunas zonas llegó aproximadamente a un minuto y 40 segundos. Ese máximo se registró en una franja que comprendió áreas de Asturias, León, Palencia, Burgos, Soria y el sur de Aragón.

Durante esos instantes, el paisaje cambió por completo. La luz diurna desapareció y el Sol quedó convertido en un disco negro rodeado por la corona solar, mientras la sombra de la Luna avanzaba sobre el territorio. En Yebes, Guadalajara, donde se instaló la sede de la retransmisión oficial del Gobierno, la totalidad se prolongó durante 63 segundos.

Dos radiotelescopios de referencia internacional, de 40 y 13,2 metros, participaron además en las observaciones realizadas desde este punto. El eclipse solar permitió así combinar la expectación ciudadana con el trabajo de científicos y aficionados que siguieron el comportamiento del Sol.

España se convierte en escenario para la ciencia

El eclipse solar también convirtió a España en un punto de atención para la comunidad científica internacional. En el Observatorio de Yebes, los expertos insistieron antes del momento de totalidad en la importancia de apartar los teléfonos y observar directamente el fenómeno con las medidas de protección correspondientes. "Es el momento de olvidarse de las pantallas, de mirar hacia arriba, de mirar a nuestro alrededor y concentrarse solo en nuestras emociones", señalaba a Efe Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional.

La presencia de la NASA en España fue otro de los elementos destacados de la jornada. La ministra de Ciencia, Diana Morant, había puesto en valor la oportunidad científica que suponía el eclipse solar para el país. "Es un privilegio el hecho de que la NASA esté en España para estudiar el eclipse, significa que somos unos privilegiados y que nuestro territorio va a vivir un fenómeno excepcional astronómico, científico y social", señalaba horas antes del acontecimiento.

Eva Villaver, subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, también destacó la importancia del fenómeno y su valor para comprender la relación entre nuestro planeta y el Sol. "Ver la corona solar nos tiene que hacer reflexionar sobre nuestro lugar en el universo", señalaba en la previa del fenómeno, al recordar que la Tierra es un planeta "muy frágil" conectado a su estrella.

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La astronauta Sara García también pidió vivir el momento lejos de las pantallas. "Hay pocas ocasiones en las que todos estemos a la vez tan apasionados con algo tan único". Pablo Álvarez, por su parte, resumió en Yebes la expectación personal que le había generado el acontecimiento. "Llevo pensando en esto 27 años", confesaba, en referencia al eclipse parcial de 1999 que había contemplado desde su pueblo de León. Aunque lo consideraba una jornada importante para la ciencia y la divulgación, también señalaba que "lo importante de verdad es disfrutarlo".

Juan Cruz Cigudosa, secretario de Estado de Ciencia y presidente de la Comisión Interministerial para el Trío de Eclipses, definió la dimensión del acontecimiento con una comparación deportiva. "El Mundial de la Astronomía". "Hoy es la final. España está jugando la final. Está liderando la final, de hecho, no hay competición posible", ha afirmado.

Miles de personas salen a la calle para ver el eclipse solar

La llegada del eclipse solar provocó concentraciones multitudinarias en numerosos puntos de España. Yebes fue uno de los lugares escogidos por aficionados y expertos, pero no el único. En Madrid, familias y grupos de amigos ocuparon plazas y parques para seguir la evolución de la Luna sobre el Sol.

En el Parque Forestal de Valdebernardo, Encarna, de 50 años, recordó que ya había observado un eclipse parcial durante su infancia y definió el fenómeno de este miércoles como "un acontecimiento". Lía y Cloe también acudieron a contemplarlo y explicaron las dificultades que habían encontrado para conseguir gafas homologadas. "Primero estuvimos buscándolas gratis y en todos lados estaban agotadas", relató Cloe, de 17 años.

La seguridad también estuvo presente en las conversaciones. Cloe había observado "mucho miedo" en redes sociales entre personas que decidieron no salir de sus casas por temor a los riesgos de observar el Sol. Encarna, en cambio, rechazó las teorías y conspiraciones relacionadas con el eclipse solar. "Es un acto astronómico, tampoco hay que llevarlo más allá. Hay que ser más terrenales y disfrutar el momento".

La meteorología condicionó la experiencia en diferentes puntos del norte. Asturias tuvo zonas cubiertas por niebla y nubosidad, especialmente en Oviedo, Gijón y buena parte de la costa. En cambio, quienes se desplazaron hacia áreas interiores como Tineo, Cangas del Narcea o Coto Bello encontraron mejores condiciones para contemplar la totalidad. En el País Vasco, el monte Artxanda, en Bilbao, recibió a cientos de personas. San Sebastián también concentró a ciudadanos y visitantes en playas y miradores, mientras que en Álava se organizaron picnics junto al embalse de Ullíbarri-Gamboa.

A Coruña reúne a más de 130.000 personas

A Coruña fue uno de los grandes focos de atención del eclipse solar. Más de 130.000 personas se concentraron en el paseo marítimo y en la playa de Riazor, mientras los aparcamientos se llenaban y los accesos registraban importantes retenciones. Algunos cruceros abandonaron incluso el puerto para contemplar el fenómeno desde el Atlántico.

Cuando la totalidad llegó a las 20:28 horas, el cielo parcialmente cubierto acompañó el momento. Isabel y sus amigas habían recorrido 55 kilómetros desde El Franco, en Asturias, hasta Burela, en Lugo, con el objetivo de encontrar mejores condiciones. A pesar de las dificultades provocadas por las nubes, describió la experiencia de forma clara: "La sensación de noche ha sido increíble", han asegurado a EFE.

Rodrigo también se desplazó hasta Cedeira, en A Coruña, desde Sanxenxo. Allí se reunió con una treintena de personas para seguir la totalidad. "Ha sido algo tan impresionante y extraño, casi alienígena, que durante unos segundos todo el mundo se ha quedado simplemente mirando el cielo y exclamando 'guau'. La verdad es que hemos alucinado todos", ha relatado.

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En Zaragoza, una veintena de personas de entre 7 y 65 años utilizó una terraza como punto de observación. Prepararon comida, bebida y fotografías para registrar incluso sus sombras durante el eclipse. Carmen describió la experiencia como: "Algo excepcional" y destacó la coincidencia de miles de personas viviendo el mismo fenómeno al mismo tiempo. En Moncofa, Castellón, la máxima oscuridad terminó acompañada por los aplausos de cientos de personas reunidas en las calles. María resumió lo vivido como "un espectáculo único" y aseguró haber tenido la sensación de haber vivido "algo histórico".

Baleares fue el último territorio español en recibir la totalidad. En Playa de Palma, unas 60.000 personas siguieron el eclipse solar, según los datos facilitados por el Ayuntamiento.

El eclipse solar provoca una Operación Salida

La expectación generada por el eclipse solar también tuvo consecuencias en las carreteras. Miles de personas abandonaron las ciudades durante la tarde para desplazarse hacia las zonas incluidas en la franja de totalidad. El resultado fue una auténtica Operación Salida improvisada.

El Gobierno había calculado entre 400.000 y 1,5 millones de desplazamientos relacionados con el fenómeno, aunque la cifra final podía superar las previsiones. Las principales salidas de Madrid y Barcelona registraron tráfico intenso, al igual que los corredores que conducían hacia las zonas donde el eclipse solar podía contemplarse completamente.

La Dirección General de Tráfico informó de retenciones en la A-1, A-2 y M-607 de Madrid, además de problemas posteriores en la M-40, M-45 y M-50. La circulación hacia la sierra provocó incluso cortes en la M-601 y la M-604, en Navacerrada y Rascafría.

También hubo retenciones en la A-2 a la altura de Guadalajara, en la A-2 de Cataluña y en la AP-7 en Martorell. La DGT había advertido especialmente del riesgo que supondría el regreso simultáneo de miles de vehículos una vez terminado el eclipse solar. El dispositivo especial contó con más de 30.000 efectivos y recordó que no estaba permitido detenerse en los arcenes o en la calzada para observar el fenómeno.