Los osos pardos 'mienten' arañando árboles para parecer más grandes de lo que son

Un estudio con 164 osos en la cordillera cantábrica demuestra que algunos ejemplares exageran las marcas en los árboles. Un truco para parecer más grandes sin pelear.

Reconócelo, a todos nos ha tentado exagerar un poquito en el currículum. Pues los osos pardos no se cortan ni un pelo: un equipo científico acaba de pillar a varios ejemplares ‘mintiendo’ a conciencia para parecer más grandes de lo que son. Y el truco es tan simple como arañar el árbol un poco más arriba de lo que les toca.

El truco de los osos para evitar peleas y parecer más duros

El estudio, liderado por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y publicado en Journal of Mammalogy, siguió durante tres años a 164 osos pardos en la cordillera cantábrica. Con 117.000 horas de grabaciones de fototrampeo, los investigadores documentaron algo que parecía imposible: las señales visuales que dejan los animales al rascarse pueden falsearse.

En los osos, la altura a la que depositan las marcas de uñas y dientes informa a otros individuos sobre su tamaño real. Pero hay una trampa: la marca química —el olor— no revela dimensiones, solo identidad. Así que basta con llegar más arriba de lo que su estatura permite para proyectar una imagen equivocada ante el rival.

Publicidad

Para demostrarlo, el equipo de Vincenzo Penteriani instaló plataformas junto a los árboles de marcaje, creando una especie de trampolín para que los osos pudieran acceder a alturas que de forma natural no alcanzarían.

El 4,3% de los osos arañó más alto de lo que les correspondía. Una trampa sutil que evita peleas y mantiene el sistema de comunicación fiable.

Los siete tramposos y sus marcas a tres metros

De los 164 ejemplares monitorizados, solo siete machos adultos, y jóvenes utilizaron este truco. Uno de los registros más llamativos ocurrió en 2021, cuando una señal visual apareció a tres metros del suelo, una cota inalcanzable para cualquier oso apoyado en sus cuatro patas. Aquel animal trepó —o usó la plataforma— para dejar claro que ahí mandaba él.

Según Penteriani, este comportamiento es excepcional. «La mentira es muy rara en el reino animal, porque si fuera abundante las señales dejarían de tener sentido», explica. Pero precisamente esa baja frecuencia —menos del 5%— permite que el sistema siga funcionando: la mayoría de los osos se comunica de forma honesta, y los pocos tramposos se aprovechan del margen de confianza.

Por qué un engaño tan raro no rompe el sistema

Los autores del trabajo creen que este hallazgo da alas a un debate clásico en biología evolutiva: ¿cómo se mantiene estable un sistema de comunicación si existe la posibilidad de engañar? La respuesta, al menos por ahora, es que una dosis muy pequeña de mentiras no lo echa a perder. El sistema es dinámico y evoluciona, pero si el engaño se disparase, el lenguaje de las marcas perdería todo su valor.

Así que sí, los osos pardos también pueden falsear su currículum. Y lo hacen para evitar peleas innecesarias y ahorrarse el coste de un enfrentamiento con un macho dominante. Una estrategia que nos resulta muy familiar.

🧠 Para soltarlo en la cena

Algunos osos arañan árboles más alto para parecer más grandes.