Reconócelo: a veces te apetece un dulce casero pero te da pereza sacar la báscula y el robot de cocina. Yo soy el primero que se rinde ante una receta complicada. Por eso cuando vi el vídeo de Sheila Ebana, la madre de Lamine Yamal, haciendo galletas con su hijo Keyne usando solo cuatro ingredientes, supe que tenía que probarlo.
La escena es tan familiar que dan ganas de colarse en su cocina. En un reel de Instagram que ha dado la vuelta a internet, Sheila y Keyne preparan unas galletas sin forma que han despertado una oleada de ternura y, sobre todo, un hambre voraz de dulce fácil. El propio Lamine Yamal no pudo evitar meterse en la conversación con un comentario que lo dice todo: «Yo nunca he hecho galletas, ya sé quién es el favorito». Y es que, según ha confesado el futbolista, las galletas son su debilidad.
Una receta tan sencilla que hasta Lamine Yamal se ha quejado (con cariño)
Lo que convierte esta receta en algo especial no es la técnica, ni el resultado de estrella Michelin. Es precisamente lo contrario: lo imperfecta que es y lo bien que lo pasan madre e hijo. Las galletas salen con formas de corazón, serpiente o caras, y ella misma bromea con que son «galletas que no tienen forma». No necesitas cortadores ni rodillo para divertirte con los más pequeños en la cocina. Basta con un poco de harina, un huevo y muchas ganas de mancharse las manos.
La receta original de Sheila Ebana se reduce a lo básico:
- 1 huevo
- 3 cucharadas de harina de trigo (de las de sopa)
- 1 cucharada de azúcar (más media extra que Keyne negoció con su madre)
- Una nuez pequeña de mantequilla o margarina
La mayoría de estos ingredientes ya los tienes en la despensa, así que no hay excusa para no ponerla en práctica esta misma tarde.
Paso a paso: así se hacen las 'galletas sin forma' de Sheila Ebana
El proceso empieza cascando el huevo en un bol y batiéndolo bien. Después añades la harina y mezclas hasta que no queden grumos. Llega el momento del azúcar: una cucharada es suficiente, pero si en casa hay un pequeño negociador como Keyne, media más no hace daño. Remueves de nuevo e incorporas la mantequilla. Cuando la masa empiece a ligarse, la trabajas con las manos sobre una superficie enharinada.
La magia no está en que las galletas queden bonitas, sino en el rato que pasas con los tuyos mientras la casa huele a horno.
Ahora viene la parte más divertida: estirar la masa con los dedos o con un rodillo y cortar las formas que queráis. No hace falta que queden perfectas: corazones deformes, serpientes rechonchas o simples medallones aplastados sirven. Lo importante es que la masa tenga un grosor parejo para que se horneen al mismo ritmo. Con el horno precalentado a 180 ºC, las colocas en una bandeja y las horneas durante 10 o 12 minutos, hasta que los bordes empiecen a dorarse. Las dejas templar un poco y ya puedes hincarles el diente.
Por qué esta receta es un acierto incluso si nunca has hecho galletas
Las recetas de madres no suelen fallar, y la de Sheila Ebana es la prueba de que no necesitas ser un chef para sacar algo rico del horno. Se prepara en menos de 40 minutos contando el horneado y apenas mancha un bol y la bandeja. Además, al no llevar levadura ni tiempos de reposo eternos, el resultado es inmediato. Si te preocupa que se rompan al enfriar, no lo harán: quedan mantecosas pero firmes, perfectas para mojar en leche o chocolate caliente.
El valor añadido no está en lo crujiente o lo dulce, sino en lo que significa para una tarde de sábado con los niños. Como ella misma demuestra, cocinar no tiene por qué ser una competición de precisión. A veces, media cucharada extra de azúcar es la excusa perfecta para que tu hijo te mire con cara de pillo y el momento se convierta en recuerdo. Y si de paso te llevas un comentario gracioso de tu otro hijo futbolista, mejor que mejor.
💡 El truco del almendruco
Tiempo total: 35-40 minutos (preparación + horneado + reposo). Nivel de dificultad: fácil. Un consejo extra: si quieres darles un toque más aromático, añade una pizca de canela o de esencia de vainilla a la masa. No estaba en la receta original, pero en casa se agradece.



