Karlos Arguiñano concedió al programa 'Dos y medio'. En este formato de entrevistas conducido por Juan y Medio en la cadena autonómica Canal Sur, el invitado se sintió lo suficientemente cómodo como para sincerarse sobre su futuro más inmediato. Arguiñano no dudó en abordar su despedida de la televisión, un acontecimiento mediático que, a juzgar por sus propias palabras, podría producirse mucho antes de lo que sus fieles espectadores esperaban.
Al ser consultado sobre el momento preciso en el que colgará el delantal televisivo, el cocinero ofreció una respuesta muy detallada basándose en su inminente cumpleaños. “He pensado que llevo 38 años en televisión, voy a cumplir 78 años de edad en septiembre… Igual cuando cumpla 80. Pero si estoy como estoy ahora, igual voy a por los 81”, argumentó con total naturalidad.
Resulta sumamente interesante contrastar estas palabras con las que el propio Karlos Arguiñano pronunció hace poco tiempo en una intervención para 'Radio Euskadi'. En aquella ocasión, el presentador afirmó que no tenía prisas por abandonar su oficio, justificando su postura al explicar que tiene “amigos jubilados y me da la sensación de que repiten siempre las mismas cosas”. No obstante, la hoja de ruta ya está trazada. Cuando decida retirarse de forma definitiva, todo indica que será su hijo, Joseba Arguiñano, quien asuma la inmensa responsabilidad de capitanear el mítico espacio culinario, manteniendo vivo el legado familiar en antena.
La profunda reflexión de Karlos Arguiñano sobre la edad y la mortalidad

Durante esa misma conversación con el comunicador andaluz, la entrevista adquirió un tono mucho más existencial. Juan y Medio quiso saber si al cocinero vasco le producía algún tipo de temor enfrentarse a la etapa final de la vida y a lo que aguarda más allá de esta existencia. En este punto, Karlos Arguiñano hizo gala de su característica franqueza y despojó al tema de cualquier dramatismo innecesario, demostrando una paz mental envidiable ante el inexorable avance del reloj.
Lejos de mostrarse angustiado por el concepto de la muerte, el presentador explicó su particular filosofía para afrontar la vejez. “No me asusta, me acuerdo. Me acuerdo de que has nacido y que cuando pasas de los 70 ya piensas que has venido a pasar el rato, y ya ha pasado casi todo el rato”, relató. En esa misma línea de pensamiento, Karlos Arguiñano quiso matizar cuáles son sus verdaderos miedos en la actualidad. Confesó abiertamente que a lo único que realmente tiene miedo en esta etapa de madurez es “al dolor y al sufrimiento”.
La pulcritud extrema y las manías de Karlos Arguiñano en los fogones

A lo largo de los años, Karlos Arguiñano ha forjado un método de trabajo donde la higiene resulta prioritaria antes de comenzar a manipular cualquier alimento. Esta estricta política personal le ha llevado a protagonizar situaciones verdaderamente insólitas a lo largo de su carrera, especialmente cuando ha sido contratado para cocinar en eventos de alto perfil institucional fuera de nuestras fronteras.
El chef quiso compartir con la audiencia una anécdota muy reveladora que define a la perfección su carácter intransigente frente a la suciedad. “Tiene que estar todo muy limpio. Yo en un sitio que no haya limpieza, no puedo. Me pasó en la embajada española de Estados Unidos. Hace muchos años, el embajador dio una fiesta, nos contrató a unos cuantos para dar una cena allí. Tenía perros y ocho o diez cazuelas por la cocina de comida para los perros. A los perros hay que darles de comer, pero no en las cazuelas donde comemos los humanos y luego sin recoger…”, recordó.
La popularidad del cocinero no solo se debe a su destreza técnica, sino a su innegable sensibilidad social. Cuando se le preguntó sobre cuál sería su mayor ilusión gastronómica, Karlos Arguiñano dejó de lado las exclusivas estrellas Michelin y los restaurantes de lujo para centrarse en los sectores más vulnerables de la sociedad. Aseguró que su gran sueño sería cocinar para “alguien que no tenga nada para comer, porque el que ha comido todos los días, que se siga buscando la vida. Más placer que darle de comer a alguien que no tiene para comer nunca voy a conseguir”.
Aunque se define a sí mismo como un hombre plenamente feliz, el chef guipuzcoano admitió que le “preocupan cosas que están pasando en el mundo”. Sus constantes reflexiones sobre la actualidad sociopolítica nacional e internacional mientras trocea verduras han provocado ciertas tensiones en los despachos.
El propio Karlos Arguiñano reveló haber recibido un toque de atención por parte de la cúpula directiva, que le sugirió de manera formal que evitara hablar de política en su programa “porque ya hay programas de información”. No obstante, su personalidad arrolladora hace que en ocasiones sea incapaz de reprimir sus opiniones frente a la cámara.
Esta necesidad de alzar la voz quedó patente hace escasos meses durante su participación en el conocido podcast 'GastroSer'. En aquel espacio, lanzó un mensaje directo y sin filtros dirigido a las altas esferas gubernamentales. “Les recomendaría a todos que dejen de fabricar armas y se pongan a cocinar”, exigió el presentador, argumentando que el acto de alimentar es sinónimo de supervivencia y cuidado mutuo. Como broche final a este discurso antibelicista, sentenció con rotundidad: “Yo apuesto por la vida”.




