¿Cuántas veces has dicho “mañana lo hago” y has acabado viendo vídeos de gatos? El doctor Itamar Shatz, investigador de la Universidad de Cambridge, ha identificado nueve tipos de procrastinadores en un libro que publica este agosto. Y lo mejor: para cada uno, propone una estrategia diferente.
El porqué de la procrastinación (no es solo pereza)
Muchos creen que procrastinar es falta de voluntad, pero la ciencia lo explica mejor. Shatz señala que estamos programados para buscar placer inmediato y evitar el dolor, el famoso principio hedónico. A eso se suma el principio de inmediatez: nuestro cerebro se centra en lo que tiene delante. Así, aplazar la declaración de la renta viendo una serie parece más gratificante que lidiar con formularios.
La procrastinación, según el investigador, es la respuesta de un cerebro que sigue anclado en la prehistoria (si te pica la curiosidad, la Wikipedia tiene un artículo completísimo). En aquellos tiempos, las consecuencias eran inmediatas: cazar o morir de hambre. Hoy, sin embargo, enfrentamos tareas abstractas, con plazos lejanos y sin un tigre que nos pise los talones.
Los nueve perfiles que Shatz ha descrito son: el preocupado, el pesimista, el perfeccionista, el soñador, el errático, el rebelde, el buscador de emociones fuertes, el hedonista y el agotado. Todos tenemos rasgos de varios, así que no te asustes si te identificas con más de uno.
Por ejemplo, el rebelde procrastina para reclamar su autonomía frente a figuras de autoridad; el errático salta de una cosa a otra sin foco. El perfeccionista pospone porque teme no alcanzar un estándar imposible. Y el hedonista... bueno, simplemente prefiere hacer lo que le da placer ahora mismo.
“La procrastinación no es solo mala gestión del tiempo”, insiste Shatz. “Es una lucha entre los impulsos que nos ayudan a actuar y los que nos empujan a postergar”. El trabajo moderno y las notificaciones constantes agravan el problema, porque vivimos rodeados de distracciones diseñadas para captar nuestra atención sin piedad. El doctor Shatz también advierte que las distracciones digitales, desde TikTok hasta los videojuegos, están empeorando el fenómeno.
El cerebro está cableado para elegir el alivio inmediato, aunque luego el estrés nos pase factura.
Cómo dejar de postergar según tu tipo de procrastinador
Para los rebeldes, Shatz recomienda encontrar razones propias para actuar, alejarse de los estándares impuestos y modificar el entorno para que la autoridad se sienta menos presente. A los erráticos les sugiere que pongan estructura: metas concretas y pasos detallados. Los perfeccionistas deben recordar que “el progreso imperfecto sigue siendo progreso” y evitar la mentalidad de todo o nada.
En general, su caja de herramientas incluye eliminar distracciones, dividir tareas abrumadoras en pasos manejables, empezar con victorias fáciles y, crucialmente, rechazar el perfeccionismo. También anima a diseñar el entorno a tu favor y a aprovechar tus ritmos de productividad.
El coste real de decir ‘luego’ (y por qué la IA lo convierte en urgencia)
Procrastinar no solo afecta a la productividad laboral. Según Shatz, daña las finanzas, la salud y las relaciones. El estrés, la culpa y la vergüenza que genera llevan a conductas poco saludables, como dormir mal o retrasar revisiones médicas. Además, en el trabajo, puede generar resentimiento en compañeros y dificultar la colaboración.
Con la inteligencia artificial ganando terreno, Shatz subraya que la productividad personal será una de las pocas habilidades que seguirán siendo esenciales. Superar la procrastinación, por tanto, no es solo una meta de bienestar: es una estrategia de supervivencia profesional.
Pero el objetivo no es exprimir cada minuto. “Se trata de ayudarte a hacer lo que quieres, cuando quieres, sin culpa ni estrés”, concluye. En otras palabras: recuperar el control sobre tu tiempo.
🧠 Para soltarlo en la cena
Tu cerebro busca placer ahora, aunque luego te estrese más.




