Que las sanciones están poniendo a prueba la creatividad económica de la población rusa ya lo sabíamos. Pero que el siguiente paso fuera vender implantes de pecho usados por cuatro duros no entraba en las quinielas de nadie. Y sin embargo, ahí está: plataformas de anuncios clasificados como Avito o Youla se han llenado de prótesis mamarias de segunda mano, empaquetadas y listas para salir a precio de derribo. El macabro negocio no es una anécdota de provincias, está brotando con fuerza en Moscú y San Petersburgo.
El canal de Telegram BAZA fue el primero en dar la voz de alarma. Las cifras marean: un implante Mentor que rondaba los 140.000 rublos (unos 1.600 euros al cambio actual) se vende ahora por 35.000 rublos (400 euros). El modelo de Motiva, que costaba 200.000 rublos (2.300 euros), está por 30.000 (345 euros). Hablamos de descuentos superiores al 80 %, más propios de un outlet textil que de un dispositivo médico que alguien llevó dentro del cuerpo. Y lo más surrealista es que buena parte de las vendedoras no son mujeres en situación de pobreza extrema, sino perfiles de las dos capitales económicas del país.
Un 'todo a 30.000' con riesgos de necrosis
El contexto ayuda a entender el disparate. Todos los implantes mamarios que se utilizan en Rusia son importados, con Estados Unidos y Alemania como proveedores históricos. Tras la invasión de Ucrania, las sanciones occidentales estrangularon esa cadena de suministro. El resultado: una caída del 40 % en las cirugías de aumento de pecho en la última década, según los datos que maneja el propio sector. Tanta escasez ha llevado incluso al anuncio, en diciembre de 2025, de una fábrica nacional de prótesis de silicona en Nizhni Nóvgorod, una promesa que por ahora es solo papel mojado.
Ante ese panorama, muchas mujeres han optado por retirarse los implantes y tratar de recuperar algo de dinero. La ecuación es cruda: si no puedes permitirte un recambio homologado y el producto escasea, al menos que la operación inversa no te arruine del todo. Pero el problema gordo está al otro lado de la transacción. Los compradores —si es que existen de verdad— están adquiriendo un billete de lotería con papeletas para una sepsis, un rechazo inmunitario o una necrosis de tejidos. Ningún cirujano que se precie trabajará con una prótesis usada. El material retiene restos biológicos de la propietaria original y la esterilización no es viable: la silicona no se puede hervir ni trata con formalina sin degradarse.
Según los médicos, esta práctica puede provocar desde infecciones graves hasta la muerte. Y sin embargo, los anuncios se multiplican. Algunos expertos sospechan que parte de la demanda responde a un coleccionismo bizarro o a compradores que simplemente desconocen el peligro. Ambas opciones escalofrían por igual.
Comprar un implante de segunda mano no es como reutilizar un bolso de lujo. Aquí hablamos de un material que, literalmente, se metió dentro del cuerpo de otra persona y que ninguna clínica puede volver a introducir sin jugar a la ruleta rusa.
Del “RosGrud” a la pesadilla del segunda mano
Si el asunto ya resultaba grotesco, la guinda la puso el cirujano Evgeny Dobreikin cuando propuso crear los “RosGrud” —algo así como “Pechos Rusos”—, implantes de producción nacional con los colores de la bandera rusa o estampados militares. Una de sus clientas lo describió como “mi manera de defender la patria”. La idea, por suerte, no cuajó. Pero muestra hasta qué punto la crisis de suministro ha disparado propuestas pintorescas y desesperadas.
Lo que sí ha cuajado es este mercadillo clandestino de silicona usada. Un reflejo más de que, cuando las sanciones aprietan, el ingenio ruso deriva hacia los territorios más inesperados. Ahora bien, mientras el negocio se mueva en el anonimato de los anuncios clasificados, las consecuencias para la salud pública pueden ser monumentales.
De momento, nadie ha cuantificado cuántas mujeres han recurrido a estos implantes reciclados, pero los profesionales sanitarios ya han puesto el grito en el cielo. Atentos a lo que venga de los hospitales en los próximos meses: si la tendencia sigue, las infecciones por cuerpos extraños no darán abasto. Y todo para ahorrarse unos cientos de euros en un país donde la inflación y la pérdida de poder adquisitivo empujan a deshacer lo que antes se había comprado a crédito.
El chisme en 3 claves (TL;DR)
- 👀 ¿De qué va exactamente? Mujeres rusas venden sus implantes de pecho usados en webs de anuncios para sacar dinero en plena crisis de suministro médico.
- 🔥 ¿Por qué importa? Reutilizar una prótesis mamaria sin garantías puede provocar necrosis, infecciones mortales y rechazo inmunitario.
- 📲 ¿Por qué está en todos los móviles? La mezcla de sanciones, picaresca extrema y un intento de crear «implantes patrióticos» convierte la anécdota en un fenómeno tan bizarro como peligroso.



