Albert Serra ya no es solo el autor de 'Tardes de soledad' o el enfant terrible del cine español. Ahora también es productor, y lo hace con una convicción casi monacal: ayudar a otros directores a levantar películas que ningún algoritmo financiaría. Su productora Andergraun —junto a Montse Triola— ha metido las manos en los biopics más insólitos, desde la 'Magallanes' del filipino Lav Díaz hasta 'Misericordia' de Alain Guiraudie, y ya prepara la nueva de Ulrich Seidl.
Coproducir, la palabra mágica que todo lo paga
Para Serra, el secreto no está en un mecenas loco, sino en las pequeñas herramientas que han ido surgiendo: el ICAA, el ICEX y los incentivos fiscales permiten que cada país ponga un trocito del pastel en las coproducciones minoritarias. 'Lógicamente, antes se podía hacer sufriendo, luchando contra molinos de viento, pero ahora realmente se puede', explicaba en una entrevista reciente. El resultado es un cine que se aleja de fórmulas rancias y prescinde del concepto de cine nacional, porque el lenguaje cinematográfico atraviesa cualquier identidad.
Una idea que encaja con la filosofía del catalán: 'Lo que va a penetrar, si tiene suficiente energía e inteligencia, va a ser su obra, no su bandera'. Las ayudas públicas, en su opinión, son un pequeño chollo que convierte a España en la envidia de otros países y atrae rodajes internacionales. Habrá que aprovecharlo mientras dure, porque todo son beneficios.
No es una guardería de jóvenes prometedores
El modelo de producción de Serra huye del director novato rodeado de supertécnicos para disimular su inexperiencia. Él apuesta por cineastas con una filmografía ya consolidada, aunque irregular: 'La idea es que el proyecto me interese, que sea original, pero tiene un punto de altruismo, algo que era habitual en los 60 con la Nouvelle Vague'. Directores que se ayudaban entre sí, como ahora hace Almodóvar. 'No produzco a otros directores para figurar. Lo hago por ayudar. Es como una cosa ética', insiste.
Y esa ética tiene doble filo: no se mete en el corte final. A él nunca le han sugerido cambiar una coma de sus películas, y a Lav Díaz solo le pidió que no fueran nueve horas. 'Con eso podían haber sido ocho horas y media, se sobreentendía que iba a ser larga', bromea.
Un mundo nuevo sin cinismo
Mientras su faceta de productor sigue creciendo, Serra ultima su propio largometraje, montado ya al 65% y con atmósfera radicalmente opuesta a todo lo que ha hecho antes: 'Es una película positiva. Ahora todo es fantástico y no hay conflicto'. Un giro inesperado para alguien que reinó en la ambigüedad y los malos que parecían buenos. Admite que ni en Cannes ha visto nada parecido, y que lo que más dolerá al espectador será irse del cine tras la última escena.
Producir para Serra no es cuestión de sello, sino de ética: dar a otros la misma libertad que reclamaría para sí mismo.
El rodaje de 'Magallanes', con Gael García Bernal, fue un caos digno de 'Apocalypse Now': decorados destruidos, retrasos infinitos... pero el director catalán no se queja: 'Una vez has empezado, no puedes quejarte. No haber empezado, si no'. La película aborda el colonialismo con una paradoja cómica: Magallanes, el más humanista de los explotadores, muere por un arrebato de egolatría. 'Eso de decir lo hago por cojones. Pues por cojones estás muerto', resume Serra.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Albert Serra se ha convertido en productor de cine de autor con ayudas del ICAA e ICEX.
- 🔥 ¿Por qué importa? Las coproducciones internacionales con apoyo público están haciendo viables proyectos radicales que ningún estudio asumiría.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Molaría que más directores se pasaran al lado productor para salvar el cine sin filtros ni algoritmos.



