El director mexicano Fernando Eimbcke no necesita drones ni presupuestos millonarios para que su cine huela a verdad. Su última película, Moscas, ha aterrizado en las salas de Buenos Aires y Córdoba antes de su llegada a Mubi, y ya trae bajo el brazo el Premio del Jurado Ecuménico de la Berlinale. Pero lo que importa no es el galardón, sino cómo lo ha conseguido: a golpe de blanco y negro, transporte público y un niño que no sabía actuar.
En Moscas, una mujer solitaria alquila un cuarto cerca de un hospital en la Ciudad de México. Un padre cuela a escondidas a su hijo de nueve años, Bastián Escobar en la vida real, cuya madre está ingresada con cáncer. Lo que empieza como una convivencia forzada se convierte en un vínculo que dinamita las defensas de ambos, obligando a los personajes a enfrentarse al dinero, la enfermedad y el afecto desde un ángulo que el cine comercial jamás se atreve a tocar.
Eimbcke filmó con una sobriedad que recuerda al Ladrón de bicicletas de De Sica, sin decorados ni extras profesionales. Se movió en metro, conoció a una mujer con un anillo que detonó una de las ideas clave de la trama y construyó las escenas junto a los habitantes reales del conjunto habitacional. «.
Bastián, el niño que obligó a Eimbcke a aprender a dirigir de nuevo
El gran hallazgo de la cinta es Bastián Escobar, un pequeño de nueve años sin experiencia previa que puso patas arriba el set. Eimbcke, acostumbrado a trabajar con adolescentes en Temporada de patos o Club Sandwich, pensaba que controlaría la situación. Pero un niño no entiende de diálogos escritos ni de indicaciones sutiles: simplemente se aburre. A mitad de rodaje, el director llamó a la productora Erendira Núñez y le soltó: «Creo que no lo vamos a lograr. Por favor, trae un acting coach».
Entró Francia Castañeda y la dinámica cambió por completo. Tuvieron que eliminar todos los diálogos del niño y construir las escenas a base de acciones dramáticas puras: un inserto, un plano medio, un obstáculo. «Un niño es muy difícil que te dé un plano abierto todo el tiempo», admite Eimbcke. Fragmentar fue la única salida, y de ese caos nació una de las actuaciones infantiles más honestas del cine reciente. Quizá el cineasta aprendió más en esas semanas que en toda su carrera previa.
Cuando la película se proyectó en la Berlinale y en Guadalajara, algo insólito ocurrió: la gente lloraba. No era la risa cómplice de sus primeros filmes, sino un dolor contenido, una tristeza que brotaba sin que nadie la hubiera empujado. «Lograr el llanto con el espectador, sin manipular, con respeto, es muy bonito», reflexiona el director, consciente de que la emoción no se fabrica con música lacrimógena ni con guiones efectistas; se gana plano a plano.
Eimbcke descubrió que el cine más poderoso no es el que te obliga a llorar: es el que te da permiso para hacerlo.
El neorrealismo no ha muerto, solo estaba en el metro de Ciudad de México
Tras vivir un tiempo en Alemania, Eimbcke regresó a México con la mirada distinta. «Cuando sales de tu país, lo ves de otra manera», dice. Volvió a encontrarse con la inequidad, la violencia y también con la belleza cruda de lo cotidiano. Moscas no pretende ser un manifiesto social, pero lo es. La cámara nunca se aleja; está a ras de suelo, pegada a la piel de los personajes, como un pasajero más del metro.
El humor, esa herramienta que Eimbcke maneja con bisturí, entra por los resquicios: un vendedor callejero que aparece los viernes, un niño que juega con juguetes diminutos mientras la vida adulta se desmorona a su alrededor. No hay burla; hay dignidad. El cineasta insiste en que el humor es la forma más respetuosa de acercarse a los otros, y en esta película lo demuestra sin subrayados.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? La nueva película de Fernando Eimbcke, Moscas, se estrena en salas argentinas y en Mubi.
- 🔥 ¿Por qué importa? Es un neorrealismo en blanco y negro que emociona sin trucos, y viene con premio de la Berlinale.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Si te va el cine que te remueve por dentro, esta no te la puedes saltar.



